The King of Kingdoms: Los Cimientos de la Ceniza

Capítulo X: El Precio de una Corona

La votación senatorial sobre la propuesta de Consejo de Seguridad Real, programada originalmente para la mañana siguiente a la sesión extraordinaria sobre la conexión de Kael con los fundadores de Eltrix, se desarrolló con una tensión considerablemente mayor de la que cualquiera de los presentes había anticipado, con la revelación pública del día anterior todavía resonando entre los senadores reunidos como un factor adicional que ninguna de las dos facciones principales, ni la de Francesca ni la del propio rey, había logrado incorporar completamente dentro de sus respectivas estrategias.

La noche previa a la votación, Francesca había permanecido despierta en el Salón de las Rosas Negras, revisando una y otra vez sus listas de votos asegurados, sus cálculos de mayorías probables, sus escenarios de contingencia ante posibles sorpresas de última hora. Ariel, sentada en un sillón cercano con una taza de té que se había enfriado hacía tiempo, observaba a su amiga trabajar con una mezcla de admiración y una inquietud que había crecido de forma constante durante las semanas recientes, conforme la ambición de Francesca se volvía cada vez más explícita, cada vez más difícil de reconciliar con la mujer que había conocido durante años.

—La sesión de ayer ha complicado considerablemente mi propia posición —admitió Francesca, durante una reunión privada con Ariel apenas horas antes de la votación programada—. Algunos senadores que había considerado aliados seguros ahora expresan dudas sobre si mi propuesta representa realmente la mejor respuesta ante una crisis que, evidentemente, resulta considerablemente más compleja de lo que cualquiera de nosotros había comprendido completamente hasta ahora.

—¿Vas a posponer la votación? —preguntó Ariel, con una curiosidad evidente ante la posibilidad de que su amiga reconsiderara, aunque fuera parcialmente, la urgencia con la que había estado empujando aquella reforma estructural. Había algo esperanzador en la pregunta de Ariel, una expectativa silenciosa de que Francesca pudiera, quizás, dar un paso atrás y reconsiderar el camino que había emprendido.

—No. Precisamente por la complejidad creciente de la crisis actual, considero que proceder inmediatamente representa una estrategia considerablemente más efectiva que permitir que la incertidumbre continúe multiplicándose sin ninguna resolución estructural clara. —Francesca consideró su propia determinación con una convicción evidente—. Los senadores necesitan ver decisión, Ariel, no vacilación adicional ante circunstancias cada vez más complejas. Si pospongo ahora, pareceré débil, y la debilidad es un lujo que ninguna figura política puede permitirse en tiempos de crisis.

La Cámara del Senado, cuando finalmente la sesión de votación comenzó aquella tarde, mostraba una tensión palpable que Kael, observando desde su posición habitual en las gradas superiores junto a Lyssara, reconoció como considerablemente diferente a cualquier atmósfera previa que hubiera presenciado durante meses de crisis creciente. Los senadores ocupaban sus asientos con una rigidez que delataba la gravedad del momento, evitando en muchos casos las conversaciones informales que normalmente precedían a las sesiones importantes, como si cada uno de ellos comprendiera que aquel día se decidiría algo que trascendía la simple política partidista.

—Honorables senadores —comenzó el Gran Canciller, con la formalidad protocolaria apropiada para una votación de tal magnitud—, procedemos ahora con la votación formal sobre el establecimiento del Consejo de Seguridad Real, según la propuesta presentada originalmente por la princesa Francesca Kaziu y refinada mediante el trabajo del comité especial designado para su evaluación.

Airoon, sentado en su posición ceremonial habitual dentro de la Cámara, presentó, antes de que la votación formal comenzara, la contrapropuesta que su propio círculo de confianza había desarrollado durante los días recientes de preparación intensiva. Kael notó, observando al rey desde su posición elevada, que Airoon había dormido tan poco como el resto de ellos, y que su postura, aunque firme, delataba un cansancio profundo que ninguna compostura real podía disimular por completo.

—Antes de proceder con la votación sobre la propuesta original, honorables senadores, quiero presentar una alternativa que considero ofrece los mismos beneficios de respuesta rápida ante amenazas, sin los riesgos considerables de concentración excesiva de poder que la propuesta actual representa. —Airoon procedió a exponer, con una elocuencia calculada, su propia versión del Consejo de Seguridad Real: un cuerpo de cinco miembros, similar en estructura al propuesto originalmente por Francesca, pero con un mecanismo de elección considerablemente más equilibrado que requeriría tanto aprobación senatorial como confirmación real para cualquier coordinador principal, garantizando así que ninguna facción individual, ya fuera la propia Corona o cualquier senador particular, pudiera consolidar autoridad excesiva sin el consenso genuino de ambas partes.

Un murmullo considerable recorrió la Cámara ante aquella contrapropuesta, con senadores de diversas facciones evaluando, con una atención renovada, las implicaciones de aquella alternativa que evidentemente ofrecía un equilibrio considerablemente más cuidadoso que la versión original. Kael percibió, en los rostros de varios senadores que hasta entonces habían permanecido indecisos, una reconsideración visible, como si la propuesta del rey les ofreciera una salida honorable de la disyuntiva incómoda entre apoyar a Francesca o rechazar toda reforma.

—Una propuesta considerablemente razonable, Majestad —intervino Threnwick, el senador Elemen cuya alianza tanto Francesca como, más recientemente, el propio Airoon habían cultivado con cuidado considerable durante semanas de negociación política—. Aunque confieso cierta preocupación sobre si este mecanismo de doble aprobación podría, eventualmente, generar el mismo tipo de parálisis burocrática que la propuesta original buscaba precisamente evitar.




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