La respuesta de los Guardianes de la Sangre Pura llegó apenas dos días después de la confesión de Ferrian, no en forma de un ataque dirigido específicamente contra Kael, como el propio círculo de confianza del rey había anticipado con una vigilancia considerable, sino como algo considerablemente más amplio y devastador: una serie de disturbios coordinados que estallaron, casi simultáneamente, en los cinco distritos de la capital, con una precisión que confirmaba, con una claridad aterradora, la magnitud de la planificación que había precedido aquel momento.
—Distrito Humano, Distrito Elfo, Distrito Mago, todos reportan disturbios considerables —informó un mensajero, irrumpiendo en el despacho real con una expresión de alarma evidente apenas una hora después de que los primeros informes comenzaran a llegar—. Grupos de hombres armados, algunos vestidos con las ropas oscuras características de los Guardianes, otros aparentemente ciudadanos comunes incitados por rumores que circulan con una velocidad considerable sobre la conexión de Kael Kraxter con los fundadores de Eltrix.
Airoon sintió que la sangre se le helaba ante aquella noticia, comprendiendo, con una certeza creciente, que aquello representaba exactamente el «proceso natural» que Ferrian había mencionado durante su confesión: no un ataque directo y fácilmente identificable, sino una estrategia considerablemente más sofisticada orientada hacia desestabilizar completamente la capital, aprovechando las tensiones raciales y políticas que ya llevaban meses acumulándose bajo la superficie de Draxcan. Los Guardianes habían elegido no golpear con una espada, sino con mil pequeñas chispas que amenazaban con incendiar la ciudad entera.
—Necesitamos desplegar toda la guardia disponible inmediatamente —ordenó el rey, levantándose con una determinación evidente pese a la magnitud abrumadora de la crisis que se desarrollaba simultáneamente en múltiples frentes—. Doren, coordina con los capitanes de distrito para establecer perímetros de contención. Necesitamos evitar que estos disturbios escalen hacia una violencia considerablemente más generalizada.
Lyssara, presente en aquella reunión de emergencia dada su posición como protectora personal de Kael, sintió que su propio entrenamiento militar respondía instintivamente ante la magnitud de la crisis inminente. Su postura se enderezó, su mano se movió hacia la empuñadura de su espada con un gesto automático que reflejaba años de disciplina entrenada, y cuando habló, su voz sonó con la autoridad clara de una capitana que reconoce el momento de actuar.
—Majestad, mi propio escuadrón puede desplegarse hacia el Distrito Original inmediatamente. Si los disturbios amenazan con extenderse hacia esa zona, necesitamos proteger tanto a los civiles como los santuarios elementales que ya fueron atacados durante la Noche del Acero.
—Ve, capitana Rosmar. Pero mantén contacto constante conmigo mismo o con Doren sobre cualquier desarrollo adicional. —Airoon consideró la situación con una gravedad evidente antes de dirigirse hacia Kael—. Kael, necesito que permanezcas en el castillo, bajo protección adicional considerable. Tu propia seguridad representa, precisamente, uno de los objetivos más probables de esta estrategia coordinada.
Kael sintió que una tensión considerable se apoderaba de él ante aquella instrucción, comprendiendo la lógica evidente de la precaución del rey, pero también sintiendo una urgencia considerable de contribuir activamente ante una crisis que, comprendía con una claridad dolorosa, había sido provocada, al menos parcialmente, por su propia existencia y por la revelación pública de su conexión con los fundadores de Eltrix. Permanecer aislado mientras la ciudad ardía le resultaba, en aquel momento, casi tan aterrador como la propia amenaza que los Guardianes representaban.
—Majestad, si los disturbios amenazan la vida de civiles inocentes en los distritos, quizás mi propia presencia, considerando las capacidades que he desarrollado durante meses de entrenamiento, podría ayudar a proteger a personas que de otro modo enfrentarían un peligro considerable.
—Comprendo tu deseo de ayudar, Kael, pero exponerte directamente a un caos de esta magnitud representaría exactamente el tipo de riesgo que los Guardianes probablemente buscan explotar —respondió Airoon, con una preocupación evidente que trascendía considerablemente su habitual compostura política. Sus ojos, cansados pero firmes, se posaron en Kael con una intensidad que reflejaba tanto el deseo de protegerlo como la comprensión de que aquella protección, por necesaria que fuera, tenía un costo político y personal considerable.
—Con el debido respeto, Majestad —intervino Talaida, que había permanecido escuchando aquella conversación con una atención considerable—, si Kael permanece completamente aislado mientras Draxcan enfrenta esta crisis, eso podría reforzar precisamente la narrativa que Kestrel y los Guardianes han estado construyendo: que Kael representa una amenaza tan considerable que ni siquiera puede arriesgarse a ayudar a proteger a los propios ciudadanos de este reino durante un momento de necesidad genuina.
Airoon consideró aquella perspectiva con una seriedad evidente, reconociendo el mérito considerable del argumento de Talaida, aunque su propia preocupación protectora hacia Kael continuaba generándole una vacilación considerable. La lógica de la joven era impecable: si Kael permanecía oculto mientras Draxcan ardía, los Guardianes ganarían la batalla de la narrativa sin necesidad de librar una sola escaramuza adicional.
—Muy bien —decidió finalmente el rey, tras una consideración cuidadosa—. Kael, puedes acompañar a Lyssara hacia el Distrito Original, considerando que representa la zona donde tu propia presencia podría resultar más directamente relevante dado el santuario elemental que necesita protección. Pero Draecus te acompañará también, y quiero que mantengas la máxima cautela posible sobre cualquier manifestación elemental que pudiera exponerte innecesariamente ante observadores hostiles.