The King of Kingdoms: Los Cimientos de la Ceniza

Capítulo XV: La Promesa del Rey

Transcurrieron cinco días desde la confrontación entre Kael y Airoon antes de que ambos volvieran a hablar directamente, cinco días durante los cuales Kael se sumergió, casi con una obsesión considerable, en la investigación conjunta con Talaida sobre los registros restantes de Seraphine, buscando, con una determinación que trascendía considerablemente cualquier simple curiosidad académica, comprender por sí mismo, sin depender exclusivamente de la información que el rey decidiera compartir, la totalidad de la verdad sobre su propio origen.

Aquellos días transcurrieron en una especie de limbo emocional para Kael: por un lado, sentía una necesidad desesperada de respuestas que ya no dependieran de la discreción de Airoon; por otro, la furia inicial que lo había consumido durante la confrontación comenzaba, lentamente, a transformarse en algo más complejo, una mezcla de decepción persistente y una comprensión incipiente de que las motivaciones del rey, por equivocadas que hubieran sido en su ejecución, no habían nacido de la malicia sino del miedo. Pasaba las horas en la sala de trabajo del archivo real, rodeado de pergaminos que Talaida le traía en un flujo constante, durmiendo apenas unas horas cada noche y despertando con la mente ya puesta en la siguiente pista, el siguiente fragmento de historia que pudiera acercarlo un poco más a la verdad completa.

—He encontrado referencias adicionales —le dijo Talaida, la mañana del sexto día, encontrándolo todavía despierto en la sala de trabajo del archivo real, con los ojos enrojecidos por la falta de sueño acumulada y una taza de té frío olvidada junto a su codo—. Registros comerciales del Distrito Humano, fechados apenas unas décadas después de la muerte de Seraphine, que rastrean la propiedad de una pequeña herrería transferida entre generaciones sucesivas de una familia cuyo apellido, con el paso del tiempo, se simplificó considerablemente hasta convertirse en lo que hoy conocemos como Kraxter.

Kael sintió que aquella confirmación, viniendo directamente de su propia investigación independiente en lugar de la información controlada del rey, le proporcionaba una sensación de agencia genuina que había extrañado considerablemente durante los meses recientes de dependencia hacia Airoon. Tomó los documentos que Talaida le ofrecía, examinándolos con una atención que bordeaba la reverencia, y por un instante, la furia que había estado alimentando durante días cedió paso a una emoción distinta: una especie de orgullo silencioso al comprender que su propia línea de sangre, la de Seraphine y sus descendientes, había dejado huellas que ni siquiera siglos de ocultamiento deliberado habían logrado borrar por completo.

—Entonces el apellido no fue simplemente asignado al azar por el orfanato. Alguien, generaciones atrás, decidió deliberadamente preservar esa conexión, aunque fuera de forma tan sutil que nadie sin conocimiento previo pudiera reconocerla.

—Exactamente mi propia conclusión —confirmó Talaida, sentándose junto a él con un cansancio propio evidente tras días considerables de investigación paralela. Su túnica azul de la Academia mostraba arrugas que delataban noches enteras dedicadas al estudio, y su cabello, normalmente recogido con pulcritud, se escapaba en mechones rebeldes que le daban un aspecto desordenado que contrastaba con su habitual compostura académica—. Kael, comprendo que la confianza entre tú y el rey ha sufrido un daño considerable durante estos últimos días. Pero necesito decirte algo que quizás no quieras escuchar: sospecho que Airoon, pese a sus errores evidentes en cómo manejó esta revelación, ha cargado con este secreto durante toda su propia vida con una angustia considerablemente mayor de la que quizás le hemos reconocido completamente.

Kael consideró aquellas palabras con una vulnerabilidad evidente, sintiendo que la furia inicial que había dominado sus primeros días tras la confrontación había comenzado, gradualmente, a transformarse hacia algo considerablemente más complejo: una comprensión reticente de que la decisión de Airoon, aunque profundamente equivocada en su ejecución, había surgido de un lugar de protección genuina, no de manipulación malintencionada. Se pasó una mano por el rostro, sintiendo el cansancio acumulado de días de insomnio, y cuando habló, su voz sonó considerablemente más suave que en cualquier momento desde la confrontación.

—Quizás tengas razón, Talaida. Pero necesito escucharlo directamente de él antes de considerar completamente cómo proceder. No puedo simplemente aceptar la interpretación de otros sobre sus motivaciones; necesito que él mismo me explique, con sus propias palabras, por qué tomó las decisiones que tomó.

La oportunidad llegó aquella misma tarde, cuando Airoon, evidentemente informado por Doren sobre el estado emocional de Kael durante aquellos días de distanciamiento, solicitó una audiencia privada que Kael, tras una consideración cuidadosa, decidió finalmente aceptar. El mensaje llegó a través de un paje con la misma formalidad de siempre, pero Kael percibió, en la caligrafía ligeramente temblorosa del propio rey, una urgencia personal que trascendía el protocolo habitual.

—Gracias por acceder a esta conversación, Kael —dijo Airoon, con una humildad evidente que contrastaba considerablemente con la autoridad calculada que normalmente caracterizaba sus interacciones formales—. He pasado estos últimos días reflexionando profundamente sobre lo que compartiste conmigo durante nuestra última conversación, y considero que te debo una explicación considerablemente más completa de por qué tomé las decisiones que tomé.

Kael permaneció en silencio, esperando con una atención cuidadosa mientras el rey continuaba, con una vulnerabilidad que Kael reconoció, con cierta sorpresa, como genuinamente distinta de cualquier compostura política previa. El monarca se sentó frente a él sin la formalidad habitual de su posición, dejando que sus hombros se encorvaran ligeramente bajo un peso que Kael ahora percibía con una claridad que antes no había querido ver.




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