Ya no seré tu esposa perfecta.

2.

Maia.

Cuánto hubiera rogado tiempo atrás que él respondiera con tanta firmeza que no se divorciaría de mí, pero hoy solo me produce una mezcla de rabia, enojo y angustia aunque esto último no pienso demostrarselo.

él podría haber demostrado aunque sea ser un buen hombre si hubiera accedido al divorcio sin que ahora tenga que iniciar todo un proceso más largo.

Veo a Vega salir de mi oficina.

—Cómo pensaste que sucedería. —habla Massimo. —¿Contacto con la chica?

Lo miro antes de asentir.

Massimo se acerca a darme un pequeño abrazo.

—Estoy aquí contigo, sabes que esto se puede volver muy duro para tí qué pero estaré contigo.

Mi estómago se contrae.

Sus abrazos siempre se sienten como estar cubierta entre las sedas más finas, su aroma me lleva a un lugar tan seguro que aún cuando no me lo propongo me encuentro aferrándome a él.

Pero antes siquiera de darme el espacio de pensar en otra persona debo sacar de raíz de mi vida a Thiago Vega, al día de hoy no me puedo dar el lujo ni de comprar una propiedad porque todo sería para él en el divorcio, incluso las acciones que recibí han sido estudiadas y analizadas para que no haya forma en que él pueda tocarlas, pero es como estar presa en la vida que él me tenía atada a él, ya nada queda en mí de esa mujer que lo idolatraba y podría haber asegurado con firmeza que como su esposo no había nadie más.

Siento que Vega ha roto mi capacidad de amar y con cada minuto que sigo en este matrimonio él me va infectando cada vez más.

Lo veo y ya no veo al hombre del cual me enamore, de ese hombre detallista y romantico que siempre al final del día me llamaba durante dos horas solo para desestresarse eso como forma de un hechizo mal realizado desapareció en cuanto nos casamos pero yo estaba tan maravillasada con la idea de ser la esposa del hombre que ame desde que entendí que significaba amar que no supe apreciar los cambios hasta que me fui y como arte de magia todo pareció tan notorio que la pregunta siempre ha sido como no lo note y ante eso mi psicologa solo me ha dicho que uno termina por ver lo que se siente preparado para ver, tal vez si no hubiera olvidado mi teléfono en la sala mientras él estaba en su noche de tragos ni siquiera me hubiera dado cuenta que hace mucho tiempo mi título de casada era un adorno en mi pared.

Tengo que recuperar mi libertad.

—Mi libertad no tiene precio, igual si debo pagarle a alguien para que se involucre en la vida de él para conseguir un adulterio lo haría. —le aclaro a Massimo algo nerviosa. —Yo necesito dejar de ser su esposa cuanto antes y que un día termine de rodillas implorando mi perdón. —una lágrima contenida por la rabia recorre mi mejilla. —Podría haberlo hecho tan sencillo, pero si quiere pelear no me pienso detener pero tampoco que espere mi piedad, porque no la tendré.

Massimo me mira un segundo antes de hablar.

—Tranquila, podremos con eso, soy tu aliado y conmigo como aliado no tendrás freno alguno. —sonríe de lado Massimo.

Besa mi frente antes de irse a su oficina, en ningún momento cerró sus cortinas por lo que cada vez que levantaba la vista tenía una visual total de él trabajando, y el descarado es un manjar a la vista y lo sabe.

Marcaron las siete cuando termine de organizar las cosas con las que tenía dudas que al otro día le preguntaría a Massimo y las que sí había entendido, cuando lo veo pararse frente a mi puerta.

—Hermosa, ¿Quieres ir a cenar? yo invito como siempre. —habla Massimo mientras se apresura a tomar mi cartera. —Estoy muy cansado, solo quiero cenar y dormir hasta mañana, pero mereces celebrar este nuevo cargo.

—Yo quiero dormir toda la semana pero se que eso ya no es posible, soy la directora general del grupo Beltrán.

—Y eso merece un brindis mi amada colega, prometo que solo sera un trago una cena de calidad y te dejo en tu casa temprano para que duermas.

—Sobre eso, ¿mañana pasas por mí? sabes que odio manejar.

—Claro que sí, cuando quiera manejar tú me avisas y me convierto en tu escolta o en tu copiloto, necesitas quitarte ese odio, nunca sabes cuando tendrás que manejar por tu cuenta y no me deja tranquilo saber que no te animas a hacerlo.

Asiento.

Entrelazo mi brazo con el suyo mientras apoyo mi cabeza en su hombro para salir de la oficina.

El viaje hacia el restaurante fue algo corto, pero lo suficiente para que pueda quitarme los tacones por unos minutos.

Observar a Massimo cómo conduce se ha vuelto de mis actividades favoritas, e inventar que siento miedo del tráfico ha sido la excusa perfecta para poder admirarlo en secreto, es tan atractivo como él maniobra con tanta destreza el automóvil, como gira el volante con una sola mano, mientras con su otra mano la tenía fija en la palanca de cambios, es un éxtasis para mis ojos.

Su teléfono suena.

—Preciosa, ¿puedes ver que es? —dice sin mirarme.

Tomó su teléfono y le preguntó.

—¿Contraseña?

Tu fecha de nacimiento. —me responde simplemente.

Pongo mi fecha de nacimiento 061097 y el teléfono se desbloquea como si nada.

Mientras yo sonrío de lado.

Este hombre y su talento para que todo en él siempre termine agitando algo en mi interior.

Llegamos al restaurante y cuando intento bajar veo que él traba la puerta siquiera antes que intente abrir.

—Esos no son modales, yo abriré tu puerta. —dice negando. —Estás muy mal educada.

Niego antes de reír.

—¿Tu vendrás a enseñarle modales a tú ahora directora general? —hablo con burla,

—Mmm es cierto, ahora eres mi jefa, probablemente la jefa más sexy que he llegado a tener. —dice mordiendo ligeramente su labio.

Solo niego mientras le sonrió.

Massimo termina por bajar del auto y abrir la puerta del copiloto para que yo pueda bajar.

Sostiene mi cartera mientras vuelvo a ponerme los tacones que a esta hora del día ya son infernales.




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