Maia.
Otra vez en mi oficina con mi té en las manos y la vista fija en documentos que parece que me quieren muy concentrada, pero yo solo estoy estancada en mis pensamientos.
¿Por qué me cuesta tanto encontrarle palabras a lo que siento por Massimo?
Algo en mi me tiene paralizada y no me permite poder encontrar las palabras correctas, es como si el miedo me atraviese y me congele.
Tomo mi teléfono para escribirle a mi psicóloga, consultandole si puedo verla hoy, ella no tarda en confirmarme cita.
Una de las secretarías entra a mi oficina con un gran ramo de flores, la miró sin entender.
—Disculpe jefa, le han llegado estas flores junto con el almuerzo.
—¿Flores? ¿Te han dicho quien las envía?
Ella niega.
Me acerco a las flores, las rosas blancas siempre han sido mis flores favoritas.
Veo que tienen una nota.
—Bien gracias, puedes salir a almorzar y regresar en dos horas si quieres, yo me quedo.
Ella asiente.
Abro el sobre.
“Recuerdo que siempre han sido tus favoritas, nuestra casa aún huele a rosas como el aroma de tú perfume.” —Vega.
Las flores son bellas pero tan solo pensar que fue su pensamiento traerlas para recordarme a “nuestra casa” me produce rabia, porque ahora recuerda el detalle de las flores cuando antes yo me dedicaba a hacer que ellas están presente en cada pequeño rincón de la casa, mientras él estaba aburrido de eso y de mí.
Tomo las flores y salgo de mi oficina directo a la suya, no me detengo en ningún momento, entró sin tocar y lo veo sonreír en cuanto me ve con las flores.
—¿Qué se supone que es esto? —digo dejando las flores en su escritorio. —¿En qué momento has pensado que las aceptaría?
Me mira un segundo antes de ponerse de pie y caminar hacia mí.
—¿Por qué estas tan dolida conmigo? No recuerdo haber hecho algo para que hoy no quieras nada de mí.
Tan solo está a tres pasos de mí.
—¿No sabes que hiciste?
él niega.
—Enseñarme que jamás debo valorar a un hombre por encima de mi misma, eso hiciste, porque cuando amas a alguien mas que a tí, te olvidas de vivir y terminas por entregarle tú vida a una persona que termina por cansarse de tí.
—¿Me oíste esa noche? —intenta acortar la distancia mientras yo retrocedo.
—Si, y me escuche a mí misma también, por eso no me cansaré de pedirte el divorcio, por más que pienso intentar de otras formas de conseguirlo, incluso por adulterio, también lo haría por abandono de hogar que es lo más sencillo, pero para mi desgracia me han comentado que no puedo basar un divorcio en mi propia culpa, por lo que el adulterio sería mi opción más rápida.
—Jamás te he sido infiel. —asegura. —Escucha bien, jamás me he involucrado con otra mujer.
—Nuestro deber de fidelidad término en cuanto me fui a los efectos legales, pero algo encontraré, yo se que sí.
El sonríe de lado.
—No encontrarás nada, porque te he sido fiel incluso hasta el día de hoy, ni siquiera la mujer de ayer cuenta como infidelidad, además la conoces es Agatha puedes ir a preguntarle si quieres, o a cualquier persona que me conozca, no hay una sola mujer que pueda decir que te he sido infiel pregunta a quien quieras.
Odiaba conocer tanto su tono de voz al punto de poder saber que probablemente lo que mencionaba era verdad, pero yo no lo dejé por infiel, sino por desleal hacia mi amor.
—No me importa. —antes de marcharme me detuvo.
—¿Puedes cenar esta noche conmigo? Tengo una propuesta para hacerte que puede interesarte.
—¿Involucra el divorcio? —le pregunto interesada.
—Si. —aclara.
—Pasame la dirección y el horario, allí estaré. —salgo de su oficina.
Sus palabras resuenan como eco, pero no puedo creerle, o sí, pero no llegan en el momento donde puedan cambiar algo.
¿De qué me sirve saber que no me ha sido infiel si yo ya no amo a la persona que tengo delante de mí? ¿De qué me sirve saber que no ha estado con otras mujeres cuando su golpe de traición llegó jugando con todo lo que yo dí de mi, volviéndome su chiste?
¿De qué me sirve una verdad a medias cuando ya no soy la mujer que él tenía de juguete?
Sus palabras solo resuenan como eco en el lugar en mí que antes aclamaban por él y hoy solo se encuentra vacío.
Me detengo en el baño solo para poder verme a mi misma una vez más.
¿Cuántas veces he dudado de su fidelidad? ¿Cuántas noches quise revisar su teléfono y me detuvo el pánico de encontrar lo que en realidad no me animaba a saber?
Le escribo a mi abogado para avisarle que esta noche me acompañe a una reunión con mi esposo para evaluar temas sobre el divorcio.
Regreso a mi oficina, ha despejar un poco mi tarde.
Veo a Massimo pararse en su puerta y me saluda por el vidrio.
—Preciosa, ¿almuerzas conmigo? —pregunta.
—No, estoy algo atareada.
El me mira extraño antes de entrar a mi oficina.
—¿Por qué saltaras tu almuerzo? —observa la comida en mi escritorio. —¿Desde cuando te pides comida?
—Vega me ha traido flores y me ha citado esta noche para hablar sobre el divorcio.
Massimo me mira extrañado.
—¿Cuál es la trampa? —dice apoyandose en mi escritorio.
—No lo sé, por las dudas he citado a mi abogado tambien, no pienso asistir sin testigos.
—¿Quieres que te acompañe, cariño? —acaricia levemente mi mejilla.
Niego.
—Si tu vas, se va a poner a discutir contigo y no hablaremos del divorcio, además no pienso citarte con mi abogado para que luego confundan el divorcio con un adulterio por mi parte.
El niega.
—Jamás buscaría que te tachen de adúltera, sabes perfectamente que yo a tí te amo y no es algo que he negado jamás, todo el mundo sabe que lo hagan incluso te he presentado a varias personas como mi próxima esposa, porque tengo la certeza que si yo piso un altar es por tí y por nadie más.
—Yo queriendo salir de un matrimonio y tú queriendo llevarme a uno nuevo, eres gracioso.
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Editado: 19.09.2026