A Rincón del Cololó en tándem
Muchas cosas pasaron en las más de dos décadas en las que Mario y yo estuvimos juntos. Sin embargo, hoy trato de recordar las mejores vivencias y de no pensar en la tristeza que su actitud me hacía sentir algunas veces.
Una de las anécdotas más divertidas y luminosas que guardo de mi relación con él fue nuestro viaje a Rincón del Cololó. Mario tenía unos parientes allí, en el departamento de Soriano, a unos treinta kilómetros de su capital, Mercedes. Esta es la crónica de una travesía inolvidable que emprendimos juntos... a bordo de una bicicleta doble.
Rumbo a Soriano: El tren y el equipaje
Hasta la ciudad de Mercedes llegamos en tren. En aquellos años, todavía funcionaban los trenes de pasajeros en Uruguay; no pasaría mucho tiempo antes de que los suprimieran por completo, tal vez para siempre. El verdadero desafío vendría después: el camino restante hasta Rincón del Cololó lo haríamos pedaleando en el tándem.
Durante el viaje, dejamos la bicicleta doble en el vagón de equipajes. Cuando llegamos a destino y la fuimos a retirar, el guarda del tren nos miró muy serio y nos dijo de lo más tranquilo que cobraba por dos bultos porque allí adentro había dos vehículos.
—¡¿Dos tándems?! ¡Qué raro! —pensamos nosotros, mirándonos sorprendidos.
Al final, estallamos en risas al notar la confusión: ¡él creía que se trataba de dos bicicletas encimadas! El buen hombre probablemente no había visto un tándem en toda su vida.
El pintoresco pasaje por Mercedes
Antes de lanzarnos a la ruta, pasamos por el centro de Mercedes y compramos provisiones de todo tipo para llevar y comer en el camino, ya que sabíamos que la travesía nos tomaría varias horas.
Nos organizamos como pudimos. Cada uno cargaba una mochila a la espalda. Para protegerla del sol del mediodía, envolvimos la carne para el asado que habíamos comprado en la capucha del abrigo de Mario. Acomodamos ese bulto en la parrilla trasera del tándem y, justo al lado, metimos una botella de refresco parada, apretada con fuerza entre mi asiento y el paquete de la carne. Para rematar la mudanza ambulante, colgamos la bolsa con el pan de uno de los hierros del cuadro de la bicicleta.
Aquella estampa era verdaderamente ridícula y divertida. Estoy segura de que, durante mucho tiempo, ¡los mercedarios habrán comentado con asombro el pasaje de aquellos dos locos en una bicicleta doble llena de cosas por el medio del pueblo!
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viaje en bicicleta, diversión en el campo, escapada romántica
Editado: 26.09.2026