A Rincón del Cololó en Tándem

El mostrador del Oeste y el veredicto del tiempo

Afortunadamente, mi paso por Mercedes también me permitió conocer a la contraparte de la decencia humana. En el fuero íntimo a Teresa la perdono sin resentimientos por el asunto de los viáticos y el dinero que me debían, porque en el trato diario siempre se portó de forma maravillosa conmigo..

Toda su familia me caía genial: ella, su esposo Enrique, sus hijas y su padre, al que llegué a conocer.

Enrique decía abiertamente ser un empleado del comercio y lo decía sin complejos. La farmacia era de ella porque la había heredado directamente de sus padres, los antiguos dueños.

Aquel detalle sobre Enrique retrata de cuerpo entero la dinámica de la casa: su soltura para asumir su rol demostraba una honestidad y una complicidad de pareja lindísima en una época donde los orgullos masculinos solían ser bastante más rústicos.

Ellos residían arriba del local de la farmacia, lo que representaba una rutina medio esclava, ya que los vecinos del barrio venían a golpearles la puerta en cualquier momento para pedir "un favor" de urgencia; aunque a ellos les servía estratégicamente para quedar bien con sus potenciales clientes en el pago.

Creo recordar que sus hijas se llamaban Carolina y Virginia. Siempre guardo en la memoria un comentario sumamente divertido que me hizo Teresa una tarde sobre las mañas de las nenas: «¡Anabel, yo les borraría por completo del diccionario la palabra "comprame"!». Comparto plenamente su sentir de madre. Con el correr de los años, una de aquellas chicas empezó a cursar estudios en mi misma casa de estudios, la Facultad de Química.

Hoy, 5 de octubre de 2026, al escribir estas líneas en la computadora, intenté comunicarme con Teresa o alguna de sus hijas por si ella ya se había jubilado, pero el correo electrónico que guardaba de hace muchos años ya no funcionó.

Vi en Facebook una cuenta activa de la Farmacia del Oeste y decidí enviarles un mensaje privado pidiéndoles que me agregaran, para que supieran quién era yo. Mientras esperaba una respuesta en la pantalla de mi Mac, decidí ver si encontraba algo más en Google y el buscador me arrojó un documento público oficial. Al tratarse de un registro estatal, no me importa difundir su extracto aquí: «17 oct 2019 — Teresa Elvira Pacilio Bordoli y Enrique Valentín Zubiaurre Pereira prometieron vender a Javier Nicolás González Bentancur "Farmacia del Oeste"».

El tiempo no perdona y las certezas matemáticas de la distancia no fallan: lo más probable es que el mostrador de Mercedes hoy esté en manos de otra gente, mientras que la hija, tal como yo sospechaba, habrá preferido quedarse a armar su vida y su carrera profesional en la capital.

Me dio un poco de pena no encontrarlos en las redes. Me hubiera gustado enormemente saludarlos y saber cómo están tras años.

Creo que este hallazgo corta definitivamente mi relación con esa familia, aunque a veces la vida nos da sorpresas en el camino...

Todo comenzó con ese viaje de locos a Cololó en tándem, un lugar al que nunca más volví, y la llamada de la prima de mi madre ofreciéndome una dirección técnica en Mercedes, lo que me hizo volver a entrar en contacto con Los Leyva y conocer personas nuevas, como los de la Farmacia del Oeste.

Algunas experiencias fueron buenas y otras, no tanto. Pero de todo lo vivido se aprende. Les deseo a todos lo mejor, incluso a aquella pareja de la Farmacia del Hum; sé perfectamente que la vida misma se encarga siempre de poner a la gente en su sitio. Mi dignidad se mantuvo intacta y mis papeles quedaron limpios ante la ley.




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