Tres semanas después de haber regresado a la Tierra, empezó el hostigamiento.
Primero, mientras iba conduciendo mi auto hacia la oficina del director del Departamento de Control Espacial, donde íbamos a planificar la devolución del fragmento, vi al oficial Neil junto a un hombre vestido de negro y con lentes oscuros, ambos parados en una esquina y dirigiéndose, evidentemente, hacia mi domicilio. Pero yo no cometería la locura de dejar el tubo de ensayo solo, ni siquiera por un breve tiempo. Lo llevaba conmigo, así que en vano inspeccionaron mi residencia aquella tarde.
Pero eso no terminó allí. Al día siguiente, uno de los agentes del Departamento se comunicó conmigo para informarme que habían descubierto a un hombre vigilando con binoculares desde una azotea, a sólo tres casas de donde yo me encontraba, durante la madrugada. Se trataba, tal como yo lo había ya previsto, de un hombre vestido de negro y con lentes oscuros.
Mientras tanto, el director del Departamento supervisaba los últimos detalles del vehículo que iba a llevar ese pedazo de planeta nuevamente al espacio. Pero una serie de inconvenientes demoraban la misión.
Neil se comunicó finalmente conmigo para decirme que lo estaban presionando, que sería mejor entregar el objeto a las autoridades y olvidarnos de él. Yo no sabía muy bien a qué se refería con "autoridades". Supuse que se trataba de algún organismo gubernamental o alguna derivación de la llamada "élite científica".
Le respondí que todavía no, que el director del Departamento ya estaba realizando los correspondientes estudios a la sustancia y que en breve le daría a conocer los resultados de la investigación.
Pero yo sabía, mientras le hablaba, que no lo estaba convenciendo, en absoluto, y que pronto volvería a tener noticias suyas y de esos hombres de negro que lo acompañaban.
Editado: 30.09.2026