Hay momentos en la vida que parecen no tener ninguna importancia.
Una tarde cualquiera.
Una decisión sencilla.
Un camino que se repite una y otra vez.
Antonio todavía no lo sabía, pero se encontraba en una de esas etapas en las que todo parecía estar en su lugar.
Tenía veintiún años, una carrera por terminar y muchos planes para el futuro.
Su vida no era perfecta, pero era suya. Había aprendido a avanzar a su propio ritmo, a cumplir con sus responsabilidades y a no esperar demasiado de los demás.
Por ahora, eso le bastaba.
Sin embargo, ningún camino permanece igual para siempre.
Y el de Antonio apenas estaba comenzando.