Dos Caminos, Un destino

EP 2: Una noche diferente

Los días de Antonio acostumbraban parecerse bastante entre sí.

Por la mañana cumplía con sus responsabilidades y, cuando llegaba la tarde, comenzaba a prepararse para otra noche en la universidad.

No era una rutina sencilla, pero ya estaba acostumbrado.

Aquella tarde eligió uno de sus trajes amarillos.

Antes de salir revisó nuevamente su mochila. Libreta, documentos, computadora y algunos apuntes.

Todo estaba en orden.

O al menos eso pensaba.

Cuando llegó a la universidad, caminó directamente hacia el edificio de Derecho.

El movimiento era parecido al de la noche anterior.

Estudiantes entrando a los salones, profesores preparando sus clases y algunos compañeros conversando en los pasillos.

Antonio llegó a su salón y tomó asiento.

Poco después comenzó la clase.

Todo parecía transcurrir con normalidad hasta que el profesor anunció que el trabajo que tenían pendiente debía entregarse antes de lo previsto.

Antonio levantó la mirada.

—¿Mañana? —preguntó uno de los estudiantes.

—Así es —respondió el profesor—. Necesito que esté listo para la siguiente sesión.

Algunos comenzaron a quejarse.

Antonio permaneció en silencio.

Ya tenía parte del trabajo avanzado, pero todavía faltaban varios detalles.

Miró la hora.

Sabía que tendría que dedicarle parte de la noche.

Cuando terminó la clase, varios estudiantes comenzaron a salir rápidamente.

Antonio guardó sus documentos.

No tenía intención de llevarse el trabajo a casa sin terminarlo.

Se dirigió a la biblioteca.

A esa hora quedaban pocos estudiantes.

Eligió una mesa cerca de una de las ventanas y comenzó a trabajar.

Durante los siguientes minutos se concentró completamente.

Revisó información, corrigió algunos puntos y volvió a leer varias veces lo que había escrito.

El tiempo pasó sin que se diera cuenta.

Cuando finalmente levantó la mirada, ya era casi medianoche.

Antonio cerró la computadora.

Había terminado.

No todo había salido como esperaba, pero al menos podría entregar el trabajo a tiempo.

Guardó sus cosas y salió de la biblioteca.

Al llegar al exterior se dio cuenta de que estaba lloviendo.

Se quedó unos segundos bajo el techo de la entrada.

No llevaba paraguas.

Miró hacia la calle.

La lluvia no parecía disminuir.

Antonio suspiró y ajustó la correa de su mochila.

No tenía mucho sentido esperar.

Comenzó a caminar.

Apenas había avanzado unos metros cuando su teléfono vibró.

Sacó el dispositivo y observó la pantalla.

Había recibido un mensaje.

Antonio lo leyó rápidamente.

Su expresión cambió.

No era algo relacionado con la universidad.

Durante unos segundos permaneció quieto bajo la lluvia.

Después guardó el teléfono.

Todavía no quería responder.

Continuó caminando hacia la parada del transporte mientras la lluvia aumentaba.

Aquella noche había comenzado como cualquier otra.

Una clase.

Un trabajo.

Una jornada más.

Pero ahora Antonio tenía algo más en qué pensar.

Y por primera vez en varios días, sintió que no todo dependía de tener sus planes perfectamente organizados.

A veces bastaba un mensaje para cambiar el rumbo de una noche.

Antonio siguió caminando.

Sin saber todavía qué iba a hacer al respecto.




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