Dos Caminos, Un destino

EP 1: El comienzo de un camino

La ciudad comenzaba a cambiar de ritmo cuando el sol desaparecía detrás de los edificios.
Las calles se llenaban poco a poco de personas que regresaban de trabajar, estudiantes que apenas comenzaban su jornada y automóviles que avanzaban lentamente entre el tráfico de la tarde.
Antonio observaba todo aquello desde la ventana del autobús.

Tenía veintiún años y, a pesar de su corta edad, estaba acostumbrado a llevar una vida bastante organizada. Sus días comenzaban temprano y terminaban tarde. Entre sus responsabilidades personales, sus asuntos de cada día y la universidad, pocas veces tenía tiempo para hacer algo sin haberlo planeado antes.

No era algo que le molestara.
De hecho, prefería tener las cosas bajo control.
Aquella noche, como de costumbre, se dirigía a la universidad.

Estudiaba Derecho y cursaba sus clases durante el turno nocturno. No había elegido ese horario por comodidad. Simplemente era el que mejor se adaptaba a las demás responsabilidades que tenía.
Cuando el autobús llegó a su parada, Antonio bajó y caminó hacia el campus.

A lo lejos podía distinguirse la iluminación de los edificios universitarios. Algunos estudiantes entraban apresurados mientras otros permanecían afuera conversando antes de comenzar sus clases.
Antonio revisó la hora.

Todavía tenía algunos minutos.
Ajustó la correa de su mochila y continuó caminando.
Vestía un traje rojo, una de las prendas que más acostumbraba utilizar para asistir a la universidad. Para algunos podía resultar demasiado formal para una noche cualquiera de clases, pero a Antonio le gustaba vestir así.
No lo hacía para llamar la atención.

Simplemente era su manera de presentarse ante los demás.
Al entrar al edificio de Derecho, saludó brevemente al personal de recepción y subió las escaleras.
El pasillo estaba más tranquilo que de costumbre.
Antonio llegó hasta el salón, dejó sus cosas sobre uno de los pupitres y sacó su libreta.
Durante unos segundos permaneció en silencio.
Miró las hojas que había preparado para la clase y después revisó su teléfono.

Tenía varios mensajes pendientes.
Uno de ellos le recordaba una tarea que debía entregar en los próximos días.
Otro era de un compañero preguntándole por unos apuntes.
Antonio respondió únicamente lo necesario y volvió a guardar el teléfono.
No le gustaba distraerse antes de una clase.
Poco después comenzaron a llegar los demás estudiantes.
El ruido del salón aumentó poco a poco.
Conversaciones, risas, sillas moviéndose y hojas que pasaban de una mano a otra.
Antonio permaneció concentrado en sus apuntes.
No era el estudiante que buscaba ser el centro de atención.
Tampoco era de los que necesitaban hablar constantemente para sentirse acompañados.
Tenía amigos, compañeros y personas con las que convivía, pero estaba acostumbrado a mantener cierta distancia.
A veces pensaba que era más sencillo así.
El profesor entró al salón y la conversación disminuyó hasta desaparecer.
—Buenas noches.
—Buenas noches, profesor —respondieron varios estudiantes.
Antonio levantó la mirada.
La clase comenzó.
Durante las siguientes horas tomó apuntes, participó cuando fue necesario y escuchó con atención cada explicación.
Para él, aquella noche era igual que muchas otras.
Una clase más.
Una jornada más.
Un día que terminaría exactamente como había comenzado.
Al salir del salón, guardó sus cosas y caminó por el pasillo.
La universidad ya estaba mucho más tranquila.
Algunos estudiantes se dirigían a sus automóviles; otros esperaban el transporte que los llevaría de regreso a casa.
Antonio salió del edificio y respiró profundamente.
Había sido un día largo.
Miró hacia el cielo durante unos segundos.
La noche estaba despejada.
Después bajó la mirada y comenzó a caminar.
No sabía qué iba a ocurrir en los próximos meses.
Tampoco tenía motivos para pensar que su vida estaba a punto de cambiar.
Antonio simplemente seguía adelante.
Tenía una carrera que terminar, responsabilidades que cumplir y objetivos que alcanzar.
Y, por el momento, eso era suficiente.
Porque algunas historias no comienzan con un acontecimiento extraordinario.
A veces comienzan con una persona que simplemente sigue caminando sin saber que, en algún punto del camino, encontrará a alguien que cambiará para siempre la dirección de su vida.




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