El lobo de Palermo.

Capítulo Diez: La Noche del Ajuste de Cuentas.

La información llegó a las tres de la madrugada, a través de uno de los hombres de Ferruccio apostado cerca del puerto de Amberes: Salvatore había reunido a una veintena de hombres armados, la mayoría reclutados de los restos de la organización de Castellano, y se preparaba para tomar por asalto el almacén principal antes del amanecer. La intención era clara, según el informante: eliminar a Dante esa misma noche, aprovechando la confusión de un golpe rápido antes de que sus lealtades pudieran reorganizarse.

Dante recibió la noticia con una calma que sorprendió incluso a Marco, la tormenta interior de los últimos días cristalizándose de pronto en una claridad fría, casi quirúrgica.

-Reúne a Ferruccio y a los demás -dijo, ya poniéndose el abrigo-. Nos vemos en el almacén en cuarenta minutos.

-Dante, si Salvatore trae veinte hombres, estamos en desventaja numérica. -Marco lo siguió hacia la puerta, la preocupación evidente en cada palabra-. Deberíamos considerar replegarnos, dejar que la policía se encargue, cualquier cosa antes de un enfrentamiento directo.

-Si nos replegamos, Salvatore controlará el puerto para el amanecer, y desde ahí, cada ruta que hemos construido durante veinte años. -Dante se detuvo un momento, la mano en el pomo de la puerta-. Y peor aún, un hombre que ha decidido matarme esta noche no se detendrá simplemente porque yo elija no presentarme. Buscará a quienes me son leales. Buscará, eventualmente, a Valentina. No voy a darle tiempo para that.

Llegaron al almacén de Amberes bajo una lluvia que había arreciado hasta convertirse en una tormenta genuina, el agua golpeando los tejados metálicos con un rugido que ahogaba casi cualquier otro sonido. Ferruccio y tres capitanes más ya esperaban, junto con una docena de hombres armados, la tensión palpable en cada rostro iluminado por las luces de emergencia del muelle.

-Confirmado -dijo Ferruccio, acercándose a Dante con un mapa improvisado del perímetro-. Salvatore se acerca desde el este, por la carretera del puerto. Veinte hombres, quizás más. Tienen armamento pesado.

-¿Cuántos tenemos nosotros?

-Quince, contándonos a nosotros cuatro.

Dante consideró los números con una frialdad que le resultaba, en ese momento, casi reconfortante, un regreso temporal a la versión de sí mismo que sabía sobrevivir a cualquier cálculo de riesgo por adverso que pareciera.

-Necesitamos ventaja de terreno, no de números. -Señaló el mapa, la mente trabajando con la velocidad implacable que había definido dos décadas de supervivencia-. El almacén tiene tres entradas. Si concentramos nuestra defensa en los contenedores del sector norte, podemos crear un embudo que neutralice su ventaja numérica. Ferruccio, tú y tus hombres cubran la entrada este. Marco, conmigo en el centro. Nadie dispara primero. Si Salvatore viene a negociar, aunque sea remotamente posible, quiero esa oportunidad antes de que esto se convierta en un baño de sangre.

-Dante, con todo respeto, después del mensaje que te envió, dudo que venga a negociar.

-Lo sé. Pero se lo debo, después de quince años. Se lo debo a Vittorio, que nos crió a ambos. -La voz de Dante se endureció con una determinación que no dejaba espacio para más discusión-. Posiciones. Ahora.

Los hombres se dispersaron por el almacén, ocupando las sombras entre contenedores apilados que formaban un laberinto metálico iluminado apenas por las luces de emergencia y los relámpagos ocasionales que atravesaban el cielo tormentoso. Dante permaneció en el centro, junto a Marco, el corazón latiendo con una intensidad que no sentía desde sus primeros años en el negocio, cuando cada decisión podía significar la diferencia entre la vida y la muerte.

A las cuatro y diez de la madrugada, los faros de una caravana de vehículos aparecieron en la entrada este del complejo portuario, avanzando con una lentitud deliberada que Dante reconoció como una demostración calculada de poder. Los vehículos se detuvieron a cincuenta metros del almacén, y de ellos descendieron los hombres de Salvatore, formando una línea que se extendía a lo largo de la entrada principal.

Salvatore caminó al frente, sin prisa, la lluvia empapando su abrigo mientras se acercaba a la distancia donde su voz podía alcanzar a Dante sin necesidad de gritar.

-Dante. -Su voz cargaba una calma que resultaba más aterradora que cualquier furia abierta-. Esperaba que tuvieras el sentido común de huir cuando te enteraste de que venía.

-Este es mi puerto, Salvatore. Construido con mi sangre, la de mi padre, la de Vittorio. No voy a huir de él.

-Tu puerto. -Salvatore rió, un sonido amargo que se perdió parcialmente en el rugido de la lluvia-. Esto dejó de ser tuyo en el momento en que decidiste sacrificarlo todo por una fiscal de Europol. Estoy aquí para recuperar lo que tu debilidad está a punto de destruir.

-Salvatore, todavía podemos hablar. -Dante avanzó unos pasos, las manos visiblemente vacías, un gesto calculado de buena fe-. No tiene que terminar en violencia. Puedo transferirte el control de las rutas que necesites, asegurar que los hombres que dependen de la organización mantengan su estabilidad. Pero esto -señaló a los veinte hombres armados detrás de él- no es la forma de resolverlo.

-Ya no confío en tus promesas, Dante. Prometiste estabilidad, y en cambio has pasado los últimos dos meses desmantelando todo lo que construimos juntos, mientras le susurras secretos a la mujer que jura destruirnos. -La voz de Salvatore se endureció, la máscara de calma finalmente resquebrajándose-. Vittorio estaría avergonzado de en qué te has convertido.

-Vittorio me enseñó que la lealtad ciega a un sistema roto es la forma más rápida de destruirse a uno mismo. -Dante sostuvo su mirada sin flaquear-. Me enseñó a cuestionar, a evolucionar, a no repetir los errores que le costaron la vida. Eso es exactamente lo que estoy haciendo, Salvatore, aunque tú te niegues a verlo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.