La citación llegó un martes, en un sobre oficial con el membrete de Europol que Valentina reconoció antes de abrirlo, el peso del papel en sus manos sintiéndose desproporcionadamente pesado para lo que representaba: la fecha de su comparecencia ante el comité disciplinario, programada para diez días después, en La Haya.
Leyó el documento tres veces, cada palabra asentándose con una gravedad que ninguna preparación mental lograba mitigar completamente. *Investigación por posible complicidad en encubrimiento de homicidio. Conflicto de interés no declarado. Violación del código de conducta profesional.* Los cargos, enumerados con la frialdad burocrática característica de cualquier institución, resumían meses de decisiones tomadas por amor en un lenguaje que las despojaba de cualquier justificación emocional.
Llamó a un abogado esa misma tarde, un antiguo compañero de universidad llamado Étienne Duval que se había especializado en derecho disciplinario dentro de instituciones europeas. Étienne la recibió en su despacho de Bruselas con una expresión que oscilaba entre la preocupación profesional y una sorpresa genuina al escuchar la magnitud completa de lo que Valentina había estado ocultando durante meses.
—Esto es grave, Valentina. Más grave de lo que sugiere la citación formal. —Étienne revisó los documentos que ella le había entregado, su ceño frunciéndose progresivamente—. Complicidad en encubrimiento de homicidio no es simplemente una falta disciplinaria. Si el comité decide que hay evidencia suficiente, esto podría escalar hacia un proceso penal completo, no solo ante Europol sino ante las autoridades belgas también.
—¿Qué posibilidades tengo?
—Depende completamente de qué tan cooperativa decidas ser, y de cuánta información estés dispuesta a compartir sobre Marchetti. —Étienne la miró directamente, la pregunta cargada de todo el peso de una decisión que Valentina había estado postergando durante semanas—. Si testificas contra él, si proporcionas la información que tienes sobre sus operaciones, el comité podría considerar una reducción significativa de los cargos, quizás incluso inmunidad completa a cambio de tu cooperación.
—¿Y si no lo hago?
—Entonces enfrentas la posibilidad real de perder tu licencia profesional, de cargos criminales que podrían significar años de prisión. —Étienne cerró la carpeta, su expresión suavizándose apenas—. Valentina, sé que esto es personal para ti de una manera que complica cualquier consejo puramente legal que pueda ofrecerte. Pero necesito que entiendas la magnitud real de lo que está en juego. No es solo tu carrera. Es tu libertad.
Valentina salió del despacho de Étienne con una claridad devastadora sobre la encrucijada que finalmente se materializaba ante ella: proteger a Dante significaba sacrificar potencialmente su libertad completa, mientras que proteger su propia libertad significaba traicionar al hombre que amaba de una manera que ninguno de los dos podría perdonar jamás.
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Esa noche, cuando le contó a Dante sobre la citación y la conversación con Étienne, encontró en su voz una determinación que la sorprendió por su intensidad.
—No vas a testificar contra mí —dijo él, sin dejar espacio para discusión—. No voy a permitir que sacrifiques tu libertad por protegerme, Valentina. Ya hemos hablado de esto.
—Dante, si no coopero, podría enfrentar prisión real. Años, según Étienne.
—Entonces déjame entregarme yo. —La propuesta salió con una calma que contradecía la magnitud de lo que estaba sugiriendo—. Si me presento ante las autoridades, si confieso mi participación en los homicidios de Amberes, en las operaciones de tráfico que Europol ha estado investigando durante años, tu situación se resuelve completamente. Ya no habría necesidad de que testifiques contra mí, porque yo mismo estaría proporcionando toda la evidencia que necesitan.
—No. —Valentina sintió el pánico apoderarse de ella con una intensidad física—. Absolutamente no, Dante. Eso significaría años de prisión para ti, quizás una condena de por vida considerando la magnitud de lo que has estado involucrado durante dos décadas.
—Prefiero eso a verte destruida por protegerme.
—Y yo prefiero mi propia destrucción antes que vivir sabiendo que sacrificaste tu libertad completa por mi culpa. —Las lágrimas corrían libremente por el rostro de Valentina, la desesperación de la situación finalmente rompiendo cualquier compostura que hubiera intentado mantener—. Dante, tiene que haber otra salida. Alguna forma de resolver esto sin que ninguno de los dos termine completamente destruido.
El silencio que siguió estuvo cargado de la certeza compartida de que, después de meses construyendo un plan cuidadoso para su futuro juntos, se encontraban ahora exactamente en el mismo punto de partida imposible que habían enfrentado desde el principio: la elección brutal entre el amor y todo lo que cada uno representaba para el otro.
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Alessandro Conte volvió a contactar a Dante tres días después, esta vez con una propuesta que ninguno de los dos había considerado completamente.
—Hay una tercera opción —dijo, reuniéndose con Dante en el mismo café discreto de Amberes—. Los documentos que le entregué sobre Salvatore no son los únicos que mi tío dejó. Tengo evidencia adicional, mucho más completa, sobre las redes de corrupción dentro de las propias autoridades belgas y europeas que han permitido que organizaciones como la suya, la de Castellano, la de docenas de otros, operen durante décadas sin consecuencias reales.
—¿Qué tipo de corrupción?
—Funcionarios de aduanas sobornados. Policías que reciben pagos regulares para ignorar ciertas rutas de contrabando. Incluso, según algunos de los documentos, indicios de que algunos miembros de Europol han estado recibiendo información privilegiada a cambio de retrasar ciertas investigaciones. —Alessandro deslizó una carpeta considerablemente más gruesa que la anterior—. Si esta información sale a la luz de manera coordinada, señor Marchetti, generaría un escándalo tan masivo que la atención se desviaría completamente de casos individuales como el suyo o el de la fiscal Roux. El caos resultante podría, paradójicamente, ofrecerles a ambos una salida.