El Secreto De Las Paginas Perdidas

CAPITULO 2

La rutina en la oficina de Santiago comenzaba siempre con el sonido de la cafetera que amenazaba con explotar y el característico regaño de doña Carmen, quien con treinta años de llevar los libros contables le recordaba que las deudas no se pagaban con buenos deseos. En el otro extremo de la ciudad, Valeria lidiaba con las exigencias de su asistente Camila, una joven perspicaz que intentaba adivinar los cambios de humor de su jefa antes de que las reuniones corporativas iniciaran. Santiago pasaba horas intentando descifrar cómo justificar la ausencia prolongada del escritor estrella, el misterioso autor de best-sellers románticos cuya firma mantenía a flote los derechos de autor históricos, mientras Valeria recibía llamadas constantes de su padre recordándole que la junta directiva esperaba ver sangre en la adquisición de la competencia editorial. Ambas trincheras reflejaban el cansancio acumulado de quienes luchaban por mantener en pie estructuras que se desmoronaban bajo sus propios pies.




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