El Secreto De Las Paginas Perdidas

CAPITULO 11

Santiago regresó corriendo, pálido y sudoroso, justo a tiempo para cerrar la laptop antes de que Valeria pudiera leer el encabezado completo, ofreciéndole un café en una taza despostillada para disimular su nerviosismo. Valeria aceptó la taza con mano firme, pero su mente ya no estaba en los números rojos de la contabilidad; las piezas de un rompecabezas imposible empezaban a encajar en su cabeza. ¿Era posible que el patán obstinado que dirigía la ruinosa editorial fuera también el alma sensible que le escribía poesía a medianoche? La duda la descolocó por completo, rompiendo por primera vez la coraza de acero con la que se protegía del mundo exterior.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.