El Secreto De Las Paginas Perdidas

CAPITULO 3

Las sombras de la familia volvían a manifestarse al caer la tarde, cuando Santiago regresaba al caserón y escuchaba a su abuela Elena recitar fragmentos desordenados de contratos antiguos que creía firmados por poetas muertos. Esa desconexión temporal de la anciana era para Santiago un recordatorio constante de que el apellido familiar se desvanecía junto con la memoria de su abuela. Por su parte, Valeria cenaba sola en su minimalista departamento frente a una pantalla de televisión en silencio, recordando las palabras de desaprobación de su progenitor cada vez que ella lograba un ascenso menor. La soledad se había convertido en el hábitat natural de ambos protagonistas, un espacio donde el dolor por no cumplir las expectativas de sus mayores se transformaba en el motor silencioso que guiaba cada una de sus decisiones profesionales al día siguiente.




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