Hasta el último respiro

Operación sorpresa

Steph soltó un bufido y se cruzó de brazos, fastidiada.

—Ya ha pasado mucho tiempo, ¿por qué me siguen tratando como una muñeca de porcelana que está apunto de romperse? Estoy bien.

—Bueno no estás taaan bien —respondió Sarah antes de meterse una cucharada de sopa a la boca.

—Pero no soy una muñeca de porcelana a punto de romperse. Todos me miran con lástima... así como la señora de allá —apuntó con su cabeza a una señora que la estaba mirando fijamente con ojos de corderito degollado.

Ya habían pasado tres semanas desde lo que había pasado con su mamá y las personas a nuestro alrededor no dejaban de ver a Steph con lástima y eso a ella no le gustaba nada. Desde el primer día nos dejó eso claro.

Nada de ojitos de cordero degollado.

Solté un suspiro y recordé las primeras noches que no habían sido fáciles. A veces se quedaba despierta mirando el techo, sin decir una palabra. Otras, salía a caminar sola por los pasillos cuando todos dormían, solo para "estirar las piernas", según ella. También Agatha tenía que insistirle para que coma algo.

Sarah y yo nos turnábamos para estar cerca sin invadir su espacio; le dejábamos galletas en su mochila, le contábamos tonterías solo para sacarle una sonrisa. Y poco a poco, volvió a hablar más, a bromear, a sentarse con nosotros otra vez.

No era la misma de antes es decir, ¿cómo podría serlo? Pero tampoco era solo dolor.

—No le hagas caso —le dije y le di la mitad de la barra de cereal que estaba comiendo y la acepto encantada, olvidándose de la señora.

—¿Han probado la sopa? —interrumpió Sarah—. Desde que Agatha está cocinando, la comida ha mejorado.

—Pensé que no te gustaba la sopa —Steph ladeó la cabeza.

—Es que... ¿Has probado la sopa de Agatha?

Y como si se tratara de una invocación, la señora Agatha se acercó a nuestra mesa con una sonrisita, apoyando sus manos en los hombros de Steph que inmediatamente la abrazó.

—Buen día, mis niñas, ¿les gustó la sopa?

Sarah levantó su cuchara y su pulgar.

—Merece un premio culinario, está deliciosa.

—Oh gracias, cielo. El orégano es la clave... Pero en fin ¿Señorita Scarlett? ¿Me ayuda con unas cosas allá adentro?

—¿Mmm? —la miré confundida pero me levanté de mi sitio—. ¿Quiere que la ayude en la cocina? Porque debería saber que no sirvo para eso.

—Lo sé, cariño —respondió con una risilla maliciosa mientras avanzaba hacia la cocina—. Quiero mostrarte algo.

Empujó la puerta y entramos al reducido espacio, yo la miré confundida.

—¿Todo bien, señora Agatha?

Ella asintió y de un cajón sacó un calendario. Ladeé la cabeza, curiosa y me asomé sobre su hombro.

—Desde que empezó todo, he ido marcando todos lo días... Para no perder la cuenta, ¿sabes? Y resulta que mañana es 6 de octubre.

Me lanzó una miradita significativa que no capté. Lo único que podía pensar es que hace 44 días se había desatado este infierno en donde ahora vivíamos.

—¿Es algún cumpleaños? —respondí vacilante, nunca había sido buena para recordar fechas. Ella asintió pero no me dijo de quién—. Mmm... ¿seis? Seis... ¡OH! Es el cumpleaños de Steph

—Así es, es el cumpleaños de mi niña Steph así que... Estaba pensando hacerle una pequeña sorpresita porque pude reunir todos los ingredientes para un pastel de vainilla. Es algo sencillo pero hecho con mucho amor.

—Amo la idea, señora Agatha. Sé que a ella le va a fascinar, así que usted encárguese de esa maravilla de pastel que va a hacer y yo de lo demás.

Mientras salía de la cocina, me invadió la imagen de Steph planeando con meses de anticipación su súper cumpleaños, como si se tratara de un festival... y ahora todo eso se había convertido en un recuerdo borroso y lejano. Suspiré y me senté con ellas como si nada.

⋆★⋆

La primera en enterarse de "Operación Cumpleaños" fue Sarah, así que en la noche, cuando estábamos cenando, obligó a Steph a acompañarla al baño mientras yo le contaba el plan a los demás.

La idea era sencilla... en teoría. Lo que haríamos era escabullirnos al sótano abandonado mañana por la noche, aunque tal vez podría ser un poco complicado ya que Lawton había impuesto un toque de queda y estaba prohibido salir de las habitaciones después de las 10 de la noche. Les di a cada uno una pequeña tarea de lo que tenían que hacer e incluso Marie pareció estar de acuerdo.

—No es que no vaya a colaborar al caos pero... ¿Eso está permitido? —preguntó Jackson ladeando la cabeza.

—Lo dudo —respondí solemnemente y me encogí de hombros—. Pero a quién engañamos, nunca hemos cumplido las reglas y romper una por el bien mayor no le hará daño a nadie.

—Solo que ahora estamos en medio de un apocalipsis, pero detalles ¿verdad?

—No seas aguafiestas, Josh —replicó su hermano—. ¿Entonces mañana a las diez?

Yo asentí emocionada, eso es lo que nos faltaba: un pequeño recordatorio de que no lo habíamos perdido todo y aún nos teníamos unos a otros.

—Ahí vienen —murmuró Jacks—. Disimulen, disimulen.

—Los baños estaban repletos —se quejó Sarah, dejándose caer en la silla al lado de Josh—. Tuvimos que ir hasta el quinto piso. Sorprendentemente estaban vacíos.

—Es que seguramente son flojos y no les gusta subir escaleras—bromeó Steph, sentándose a mi lado—. Pero en fin, ¿de qué hablaban?

Iba a responder de la manera más casual posible pero Henry abrió su bocota, el pobrecito siempre se agobiaba y sobre todo si tenía que ocultar algo de Steph.

—¡Del clima! —gritó y todos nos giramos hacia él, que se puso tan rojo como su cabello.

—Qué tema tan interesante —Steph elevó sus cejas y tomó un sorbo de agua.

—Hey, somos un grupo que aprecia la metereología, el cambio climático y... esas cosas —carraspeé.

Seguimos bromeando y hablando del clima gracias al disimulado de Henry y en algún momento Sarah parecía que no podía aguantar la risa, tanto que tuve que patearla por debajo de la mesa y seguimos así hasta que una de las cocineras nos echó del lugar.




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