Hasta el último respiro

Gracias por visitar Melmort

Habían pasado apenas un par de horas y ya estábamos a punto de salir del pueblo, aún así yo no podía sacarme de la cabeza a la niña infectada o a Agatha... aún no tenía claro cómo le diría a Steph lo que había pasado. Es más, ni siquiera sabía si le iba a decir.

Solo quería taparme con una mantita y llorar.

Entonces el bus empezó a desacelerar, y Jackson soltó una maldición, eso me sacó del trance. Él nunca decía malas palabras.

—¿Qué pasó, Jacks? —Steph que estaba media dormida preguntó, levantándose de su asiento.

—Nos quedamos sin gasolina, muchachos —respondió desanimado, sacándose el cinturón de seguridad.

Un suspiro de cansancio colectivo llenó el bus.

—Genial. ¿Ahora qué? —preguntó Sarah, acercándose a su hermano. Marie la siguió.

—¿Nos podemos quedar aquí? —preguntó una niñita con voz tímida a la par que alzaba la mano.

Josh negó con la cabeza y se acercó a los demás.

—No creo que quedarnos acá sea seguro.

—Si salimos tampoco va a ser muy seguro —respondió Steph, frotándose los ojos—. Pronto va a oscurecer, eso es más peligroso.

—Quedarnos indefensos acá no es mi opción favorita —Sarah se cruzó de brazos—. Yo creo que es momento de hacer una agradable caminata además no estamos muy lejos de salir del pueblo.

La idea de caminar no me entusiasmaba y no porque estuviera cansada, sino porque mi cabeza seguía en otro lugar. Me recargué contra la ventana, sin mirar a nadie y dejando de escuchar cómo discutían cuál era la opción menos arriesgada.

—Hey —Henry volvió a sentarse al lado mío, hablando en voz baja—. ¿Todo bien?

—Creo que es solo cansancio —mentí, él entrecerró los ojos pero no insistió a pesar de verse preocupado por mí.

Finalmente, los demás llegaron a un acuerdo, así que de aquí en adelante iríamos a pie. Al salir del bus, el aire se sintió más frío de lo normal y deseé tener ropa más abrigada en ese momento.

Caminamos por un largo rato, escuchaba a mis amigos charlar en voz baja pero yo no tenía muchas ganas de hablar. Ni siquiera estaba atenta al camino.

La luz del atardecer se iba apagando al avanzar de nuestros pasos y tenía una pequeña sensación de que algo iba a salir mal. Además, ir con un grupo de cinco niños no facilitaba las cosas, cada vez que veían un cadáver o algo que no les gustaba, soltaban chillidos. Yo iba atrás de todos junto a Sarah, que no le importaba mucho mi silencio... pero algo iba mal, alcé una ceja al percatarme que se veía intranquila.

—¿Qué pasa? —le pregunté, ella no dejaba de ver su alrededor.

—Parece que nos estamos yendo a un maldito paseo escolar —masculló—. Estamos muy desprotegidos así.

—¿Estás buscando algo en concreto?

—Cualquier cosa que nos sirva, algún arma tal vez.

Seguimos caminando en silencio hasta que ella frenó de golpe, me detuve con ella.

—¿Ahora qué? —murmuré—. ¡Sarah, espera! Maldita sea.

No me respondió y se desvió del camino, seguí su mirada. Había un cadáver de un policía, junto a su patrulla completamente destrozada, ella se acercó sin ningún miedo y le pateó el tobillo con la punta del zapato.

Contuve la respiración.

No pasó nada.

En un movimiento rápido le quitó el arma de su cinturón y se acercó a mí, admirando la pistola como si se tratara de un dulce.

—Listo —me miró con una sonrisita confiada—. Ya no me siento tan insegura, esto bastará por ahora.

Resoplé y no le respondí, a veces estaba convencida de que Sarah estaba encantada de vivir en un mundo apocalíptico, como si así todos sus problemas pasados se hubieran desvanecido.

Jackson y Sarah no habían tenido una infancia particularmente sencilla. Su madre los había abandonado cuando eran muy pequeños, y su padre —si es que se le podía llamar así— nunca estuvo realmente presente. Era irresponsable, inestable y siempre más enfocado en sí mismo que en sus hijos. Y por eso Jackson, a pesar de solo llevarle un año y medio a su hermana, había asumido el rol de padre; siempre cargando con más de lo que le correspondía y Sarah, con su actitud rebelde, nunca le puso la tarea sencilla.

A veces pensaba que los dos estaban hechos para sobrevivir este mundo... justo porque ya habían aprendido a sobrevivir uno igual de jodido mucho antes de que comenzara el apocalipsis.

Ya estábamos cerca a salir del pueblo cuando reparé en que no nos habíamos topado con ningún infectado desde que habíamos bajado del bus y honestamente no sé qué tan bueno podría ser eso. El silencio solo me daba mala espina.

Llegamos al punto en donde se alzaba un enorme letrero oxidado que decía: "Gracias por visitar Melmort, vuelva pronto."

Nos detuvimos unos segundos frente a él; una pausa necesaria, todos estábamos agotados. Y, aunque suene estúpido, sentí una punzada en el pecho... no tenía idea si en algún momento volveríamos o si quedaba algo a lo que realmente valiera la pena regresar. Henry me dio un ligero apretón en el hombro.

Pero la nostalgia duró poco. Jackson nos pidió estar atentos, por si veíamos algún rastro de refugio o señal que indicara que íbamos en la dirección correcta. Así que seguimos caminando.

Oscureció por completo y aún no había señales de un lugar seguro. Solo el crujir de nuestras pisadas y alguna queja de los niños.

—¿Estás seguro que por acá era el refugio, Josh? —escuché a Marie preguntar.

—¡Sí! —respondió mi amigo—. Dijeron que había una base a las afueras de Melmort.

—Pues ya estamos a las afueras y no veo nada —murmuró Sarah.

—Hay que avanzar un poco más. Seguro ahora lo encontramos —intervino Jacks, concentrado en el camino—. Esperen, ¿escucharon eso?

A lo lejos percibí unas luces que se acercaban a nosotros. No hubo tiempo de reaccionar: dos furgonetas frenaron de golpe frente a nosotros, levantando tierra y haciendo rechinar los neumáticos. De inmediato, varios militares bajaron apuntándonos con sus armas.




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