Ayer, mi conciencia, viendo lo preocupado que estaba, me preguntó:
—¿Qué tienes? Te veo que no eres el mismo, ¿en qué te puedo ayudar?
Yo, muy pensativo, le dije:
—Tengo miedo.
—¿Miedo? ¿Por qué? —preguntó mi conciencia.
—Sí, es difícil explicarlo.
—Soy todo oídos.
—Bueno, te explico: un día normal, como cualquiera, me encontraba haciendo mi labor cuando, de repente, vi un brillo a lo lejos y, con toda curiosidad, fui a ver. Al llegar, vi un cofre hermoso, diferente a muchos de los que he visto, y comencé a detallarlo minuciosamente. Lo que más me llamaba la atención era un gran esplendor que transmitía calidez. Apenas abrí su interior, vi que estaba lleno de tesoros muy valiosos, pero algunos tenían manchas, rayones, golpes, etc.
Me tomé la tarea de reparar esos tesoros. Aunque no lo hice perfectamente, pude hacer algo: a los que tenían manchas les quité algunas; a los rayados los pulí un poco, etc. De modo que el cofre y sus tesoros quedaron mejor que antes.
—Veo que hiciste una buena labor ahí, ajá, ¿y cuál es tu miedo?
—Todo cabizbajo le dije: tengo miedo de que alguien le vuelva a hacer el mismo daño.
—Te entiendo —dijo mi conciencia.
—¿Qué puedo hacer para protegerla? —pregunté.
—Mientras esté a tu alcance, cuídalo y protégelo, que un cofre así vale mucho.
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el alpinista en busca de una flor, poemas con sentimiento, editado por selene giavoni
Editado: 02.10.2026