Regresaron a la superficie ya entrada la tarde, cargando cada uno con un peso distinto de lo que habían presenciado. Corwin ordenó reforzar la vigilancia sobre el corredor con un destacamento permanente, y Elyan se quedó atrás, insistiendo en examinar el pilar una vez más antes de que la luz del día terminara de desvanecerse, decidido a documentar cualquier cambio en los símbolos mientras el recuerdo de la visión permaneciera fresco.
—Necesito al menos dos horas —le dijo a Corwin, con la urgencia contenida de un erudito que sabe que está ante algo que nadie ha documentado antes—. Los símbolos han cambiado de nuevo desde nuestra llegada. Y esta vez, estoy casi seguro de que el patrón ya no es solo un registro. Es una secuencia. Una secuencia que, si logro descifrarla, podría decirnos qué ocurrirá a continuación.
—No os quedéis solo —respondió Corwin, con la firmeza de quien ha aprendido a no subestimar los peligros de aquel lugar—. Dos de mis hombres permanecerán con vos. Si algo se mueve, si algo cambia, si sentís aunque sea la más mínima alteración en el aire, salís de inmediato. ¿Comprendido?
—Comprendido.
Kael no habló durante el trayecto de regreso al castillo. Caminaba con la mirada fija al frente, las manos cerradas a los costados, el ritmo de sus pasos tan regular que resultaba casi mecánico. Lyssara caminaba a su lado, sin presionarlo, respetando el silencio que él necesitaba, consciente de que las palabras de aquel hombre —aquel guardián, aquel antepasado, aquel desconocido con sus propios ojos— habían abierto en Kael una herida que ninguna conversación podría cerrar de inmediato. Talaida y Cordelia, unos pasos detrás, mantenían una conversación en voz baja sobre las implicaciones del término "el reino que quedó detrás" y su posible conexión con los fragmentos que ambas habían encontrado por separado en sus respectivas investigaciones.
—La expresión aparece en al menos tres documentos distintos que he consultado en los últimos meses —decía Cordelia, con el tono de quien ha pasado horas cotejando textos en su mente—. En el volumen restringido de mi casa, en los fragmentos del Archivo Bajo que Doren rescató años atrás, y en una carta privada de un erudito de la corte de hace dos siglos, que encontré por casualidad entre los papeles de mi abuela.
—¿Y en todos los casos se refiere al mismo lugar? —preguntó Talaida.
—En todos los casos se refiere a un lugar que "quedó detrás" después de un acto de separación deliberada. No destruido. No sellado. Apartado. Como si alguien hubiera tomado una parte del mundo y la hubiera desplazado a un espacio donde el tiempo y el espacio funcionan según reglas distintas.
—¿Y por qué nadie ha mencionado esto abiertamente en toda la historia de Draxcan?
—Porque mencionarlo abiertamente habría implicado reconocer que los Once Originales no fundaron el reino sobre tierra virgen, sino sobre las ruinas de algo mucho más antiguo. Y las fundaciones de los reinos, maestra Rosmar, rara vez se construyen sobre verdades incómodas.
Talaida asintió, aunque su mente ya estaba en otro lugar. Si la madre de Kael venía de aquel reino, entonces la censura que habían encontrado en el volumen restringido no era simplemente un acto de protección académica. Era la ocultación deliberada de un hecho que, de haberse conocido, habría cambiado por completo la comprensión que Draxcan tenía de sí misma.
—Necesito volver al archivo Chimer —dijo finalmente, cuando llegaron al patio interior del castillo—. Si mi madre... si la madre de Kael venía de ese lugar, entonces la censura que encontramos en el volumen restringido no fue solo para ocultar la naturaleza del Reino Interior. Fue también para ocultar cómo alguien de allí terminó aquí, en Draxcan, generaciones atrás.
—Te acompaño —dijo Cordelia—. Pero esta vez quiero llevar conmigo a alguien con formación jurídica. Si existe documentación oficial sobre la llegada de una persona del Reino Interior a Draxcan, probablemente quedó registrada en algún archivo administrativo antiguo, no solo en los textos históricos que hemos consultado hasta ahora. Y esos archivos administrativos tienen un lenguaje propio que ni tú ni yo dominamos por completo.
—¿A quién proponéis?
Cordelia guardó silencio un momento, sopesando visiblemente la respuesta.
—Cassian Aulin. Es el jurista más meticuloso del Consejo, y su familia lleva generaciones dedicada precisamente a la interpretación de registros administrativos antiguos. Si alguien puede encontrar lo que buscamos en los archivos legales de Draxcan, es él.
Talaida frunció el ceño, recordando su encuentro con Cassian días atrás, cuando el senador había planteado ante Doren la posibilidad de que el Consejo de los Diez tuviera autoridad para exigir acceso directo a Kael sin su consentimiento. La desconfianza que aquel encuentro había dejado en ella no había disminuido con el tiempo, y la idea de compartir con Cassian información sobre el origen de Kael le resultaba profundamente incómoda.
—No me gusta —admitió—. Su propuesta de someter a Kael a exámenes obligatorios sigue pareciéndome una amenaza, no una simple cuestión legal.
—Lo sé. Y comparto tu reserva. —Cordelia la miró directamente—. Pero en este momento, necesitamos información, y la información está en archivos que solo alguien con su formación puede interpretar con la precisión necesaria. Podemos mantenerlo al margen de lo que ya sabemos sobre el Reino Interior y limitarnos a consultarle sobre los registros administrativos, sin revelar el contexto completo de nuestra investigación.
—¿Y si sospecha que estamos ocultándole algo?
—Sospechará. Cassian sospecha siempre. Pero mientras no tenga pruebas concretas de lo que ocultamos, se limitará a observar y calcular, como hace siempre. Y en el tiempo que tarde en comprender el contexto completo, nosotros habremos obtenido la información que necesitamos.
Talaida lo pensó un momento más. Luego, a regañadientes, asintió.