The Age of Crowns: El Reino Detrás de la Puerta

Capítulo XV: El Primer Regreso

Hijo de mi sangre.

Las palabras resonaron en la mente de Kael con una fuerza que ninguna revelación anterior había logrado igualar, no por su violencia, sino por la ternura desconcertante con que habían sido pronunciadas. No era la voz de un enemigo. No era la voz de un carcelero resentido tras siglos de confinamiento. Era, si Kael se permitía nombrarlo con la honestidad que la situación exigía, la voz de alguien que había esperado aquel reencuentro con una paciencia que solo el amor —o algo parecido al amor, deformado por milenios de soledad— podía sostener.

Había escuchado aquella voz en múltiples ocasiones a lo largo de las últimas semanas: pronunciando su nombre, advirtiéndole del tiempo que se acercaba, reconociéndolo como sangre elegida. Pero nunca hasta entonces lo había llamado hijo. Nunca había utilizado aquella palabra específica, con aquella entonación específica, con aquella carga de siglos de espera contenida en cada sílaba. Era como si, hasta aquel momento, la entidad al otro lado de la puerta hubiera estado midiendo sus palabras con cuidado, revelando solo lo estrictamente necesario para guiar a Kael sin abrumarlo. Y ahora, por primera vez, había decidido que ya no era necesario medir nada más.

—¿Kael? —Lyssara, sentada junto a él en la sala de reuniones, notó de inmediato el cambio en su expresión: la manera en que sus ojos se habían desenfocado, la manera en que su respiración se había vuelto más lenta y profunda, la manera en que sus manos, apoyadas sobre la mesa, se habían cerrado lentamente en puños—. ¿Qué ha pasado?

—Ha vuelto a hablar. —Kael parpadeó, tratando de anclarse de nuevo a la conversación política que continuaba a su alrededor, ajena por completo a lo que acababa de experimentar—. Ha dicho algo distinto esta vez.

—¿Qué? —preguntó Doren, con la atención inmediata de quien lleva semanas tratando de descifrar cada fragmento de aquel misterio.

Kael dudó, consciente de que aquellas palabras, una vez pronunciadas en voz alta, no podrían retirarse jamás del conocimiento colectivo de quienes las escucharan. Sabía que, al compartirlas, cambiaba irrevocablemente la naturaleza de la investigación que llevaban semanas realizando. Ya no sería una búsqueda de respuestas sobre una entidad anónima, un guardián ancestral de origen incierto. Sería la búsqueda de respuestas sobre alguien que reclamaba un vínculo directo con él. Alguien que, de algún modo, era familia.

—Ha dicho: «hijo de mi sangre.»

El silencio que siguió a aquella confesión se extendió durante varios segundos, cada uno de los presentes procesando la magnitud de lo que aquellas tres palabras implicaban. Airoon, en particular, palideció de una manera que Kael no le había visto mostrar ni siquiera durante los momentos de mayor tensión política de las últimas semanas. El rey, que había gobernado Draxcan durante décadas enfrentando crisis de toda índole, que había sobrevivido a conspiraciones, guerras y traiciones, parecía, por primera vez desde que Kael lo conocía, genuinamente desconcertado.

—Eso no confirma nada de manera definitiva —dijo el rey finalmente, aunque su propia voz carecía de la convicción necesaria para que aquellas palabras resultaran del todo tranquilizadoras—. Una entidad de esa naturaleza podría emplear el linaje de manera figurada, no literal. Los textos antiguos están llenos de metáforas sobre parentescos espirituales que no implican vínculos de sangre en el sentido convencional.

—O podría estar diciendo, con absoluta literalidad, exactamente lo que las palabras sugieren —dijo Talaida, sin apartar la vista de sus notas, aunque su voz temblaba ligeramente—. Kael, si esa figura es realmente tu ancestro directo, entonces tu conexión con el Reino Interior no es simplemente circunstancial. Es genealógica. Es parte de quién eres, no algo que te haya sido impuesto por circunstancias externas.

—Eso ya lo sabíamos —dijo Kael, con una calma que sorprendió a todos los presentes—. Sabíamos que mi madre venía de algún lugar relacionado con el Reino Interior. Sabíamos que mi sangre había sido elegida, o al menos predispuesta, para cumplir una función específica en relación con la puerta. Lo que cambia con esta revelación no es la naturaleza de mi conexión, sino la identidad de quien está al otro lado. Ya no es un guardián anónimo. Es alguien que me reclama como familia.

—¿Y eso te tranquiliza o te preocupa? —preguntó Paul, con la precisión diplomática de quien sabe que la respuesta a aquella pregunta determinará el tono de las decisiones que se tomen a continuación.

Kael lo pensó un momento antes de responder.

—Ambas cosas —dijo finalmente—. Me tranquiliza porque significa que no estoy solo en esto. Que hay alguien al otro lado que, por razones que aún no comprendo del todo, tiene interés genuino en mi bienestar. Pero me preocupa porque significa que la historia que estoy descubriendo no es solo la historia de un lugar. Es la historia de mi propia familia. Y las historias familiares, como he aprendido a lo largo de los últimos meses, rara vez son simples.

—No vamos a especular más allá de lo que sabemos con certeza —intervino Doren, con una firmeza que buscaba, evidentemente, contener una conversación que amenazaba con desviarse hacia territorio demasiado peligroso para discutirlo sin la preparación adecuada—. Lo que necesitamos ahora es determinar cómo proceder ante la amenaza inmediata de Marcus Guzther y quienquiera que le haya proporcionado la información sobre la ubicación de la ciudad.

Airoon asintió, agradecido evidentemente por la oportunidad de redirigir la conversación hacia terreno más manejable, aunque Kael notó, en la mirada que el rey le dirigió antes de continuar, que aquella pregunta —hijo de quién era él realmente— permanecería suspendida entre ellos, sin resolver, durante mucho tiempo más. Era una de esas preguntas que, una vez formuladas, no pueden dejar de formularse. Y Airoon, que llevaba décadas guardando secretos sobre el origen de Kael, comprendía mejor que nadie que el momento de las respuestas completas se acercaba inexorablemente.




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