The Age of Crowns: El Reino Interior

Capítulo II: La Ciudad Que Respira

Reunieron al grupo completo antes de que el cielo sobre Draxcan comenzara a clarear: Kael, Lyssara, Talaida y Paul, acompañados esta vez por Doren, cuya expresión, al escuchar el relato completo de la conversación con Ashkar durante el trayecto hacia el Distrito Original, se había ido tornando cada vez más pálida.

—Elyon —repitió, cuando Kael terminó de narrar lo ocurrido, deteniéndose un instante en medio de la calle empedrada, ajeno por un momento al apremio de la hora—. Ese nombre no aparece en ningún documento que yo haya consultado jamás en los archivos de Draxcan. Y créeme, Kael, he revisado prácticamente todo lo que existe relacionado con los Once Originales y con las líneas de sangre antiguas.

—¿Entonces de dónde viene? —preguntó Talaida, ajustando el paso para mantenerse junto a ellos, el cuaderno ya en mano, listo para documentar cualquier detalle que la investigación arrojara aquella madrugada.

—Quizás de un lugar cuyos registros nunca llegaron a Draxcan —sugirió Doren, con una inquietud que no intentaba disimular—. Si el Reino Interior existió como una civilización propia, con su propia historia, sus propios nombres, entonces es posible que "Elyon" pertenezca a un sistema de nomenclatura que nunca se integró en los archivos de la superficie.

—¿Y cómo es posible que un nombre que no aparece en ningún archivo de Draxcan resulte familiar para alguien que ha vivido toda su vida en Draxcan? —preguntó Paul, con la precisión lógica de quien ha sido entrenado para detectar inconsistencias en cualquier relato.

—Porque la sangre recuerda lo que la mente ha olvidado —respondió Kael, repitiendo las palabras de Ashkar sin darse cuenta de que lo hacía—. Eso fue lo que me dijo. Que mi sangre recuerda cosas que mi mente ha decidido olvidar.

Doren guardó silencio un momento, procesando la implicación de aquellas palabras con la gravedad de quien comprende que está frente a un misterio que trasciende cualquier marco de referencia conocido.

—Si eso es cierto —dijo finalmente—, entonces no estamos buscando simplemente un nombre en los archivos. Estamos buscando la historia de una vida que fue borrada deliberadamente. Y los borrados deliberados, Kael, rara vez son accidentales. Alguien, en algún momento, decidió que aquella vida debía ser olvidada. Y ese alguien, sea quien sea, podría seguir teniendo interés en que permanezca así.

Corwin ya los esperaba junto a la entrada del corredor, con un contingente reforzado de soldados y una expresión tensa que confirmaba, sin necesidad de palabras adicionales, la gravedad de lo reportado por los centinelas. A su lado, Elyan revisaba los instrumentos que había traído consigo, y más allá, en la penumbra del túnel, los guardias apostados mantenían una vigilancia que parecía más estricta que en ocasiones anteriores.

—Las luces siguen ahí —informó Corwin, en cuanto el grupo se aproximó—. He enviado a dos hombres a verificar visualmente sin cruzar el umbral. Confirman que provienen de dentro de la ciudad, no de la propia cámara del pilar.

—¿Alguna otra manifestación? —preguntó Kael.

—Sonidos. —Corwin dudó, como si las palabras le costaran más esfuerzo del habitual—. Pasos. Voces distantes, aunque ninguno de mis hombres logra distinguir palabras concretas. Es como si la ciudad, de pronto, hubiera comenzado a llenarse de vida.

—¿Voces? —Talaida alzó la vista de su cuaderno, con una atención renovada—. ¿Pudieron determinar si eran humanas? ¿Si tenían alguna cualidad particular que las distinguiera?

—Mis hombres describieron las voces como "familiares y ajenas al mismo tiempo." No supieron explicarlo mejor. —Corwin esbozó una expresión de frustración contenida—. No soy un erudito, maestra Rosmar. Solo puedo transmitir lo que me reportaron.

—Es suficiente —dijo Kael, interviniendo antes de que la frustración de Corwin pudiera derivar en una discusión estéril—. Lo importante es que la ciudad ya no está vacía. Y que, si hay presencias allí, debemos estar preparados para el hecho de que puedan interactuar con nosotros de maneras que no anticipamos.

El descenso hacia el corredor resultó, aquella vez, distinto a cualquier ocasión anterior. La piedra bajo sus pies vibraba con una energía constante, un zumbido apenas perceptible que Kael sintió resonar directamente en su cuarto corazón, como si el propio corredor reconociera su presencia y respondiera a ella con una especie de bienvenida silenciosa.

—¿Notáis eso? —preguntó Elyan, deteniéndose un momento en el primer tramo del corredor, con la mano extendida sobre la pared de piedra—. La vibración. No es la misma que hemos sentido en visitas anteriores.

—¿En qué se diferencia? —preguntó Paul.

—Antes, la estructura vibraba como un mecanismo en reposo, activado intermitentemente por la proximidad de Kael. Ahora vibra como un mecanismo en funcionamiento. —Elyan retiró la mano, con una expresión que mezclaba fascinación y cautela—. Como si hubiera pasado de estar en espera a estar en marcha. De manera continua. Sin interrupciones.

—Los símbolos han cambiado de nuevo —observó Talaida, examinando las paredes con la atención concentrada que la caracterizaba—. Y esta vez de una manera que no había visto antes. No son solo trazos geométricos. Parecen... palabras. Frases completas, en un sistema de escritura que apenas comienzo a reconocer.

—¿Puedes leer algo? —preguntó Paul, acercándose para examinar la sección que Talaida señalaba.

—Fragmentos. —Talaida se detuvo ante una sección concreta de la pared, entrecerrando los ojos con la concentración de quien intenta descifrar un idioma a medio aprender—. Esto dice, más o menos, "el que se marchó ha vuelto a encontrar el camino." Y esto otro... —Se inclinó más, trazando con el dedo las palabras grabadas en la piedra, sin llegar a tocarlas—. "Las luces se encienden porque la sangre las despierta."

—La ciudad reacciona a mi presencia —dijo Kael, con una certeza creciente que ya no admitía duda razonable—. Cada vez que cruzo, algo más despierta.




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