Regresaron al Castillo Dracking con el undécimo fragmento cuidadosamente asegurado, y la excitación inicial que había acompañado aquel descubrimiento se transformó rápidamente en una cautela considerable cuando Talaida, examinando el objeto bajo la luz de la biblioteca privada, notó algo que capturó inmediatamente su atención académica. La joven maga había dispuesto los once fragmentos sobre la gran mesa central de la biblioteca, cada uno colocado en el orden aproximado en que habían sido recolectados a lo largo de meses de investigación, y su expresión, mientras recorría cada pieza con una atención meticulosa, se ensombrecía progresivamente conforme avanzaba en su examen.
—Espera —dijo, deteniendo el movimiento de Kael cuando este se disponía a colocar el fragmento junto a los diez restantes—. Este no coincide completamente con el patrón de los demás.
Kael se detuvo, sintiendo una inquietud considerable ante aquella observación. Sostenía el fragmento en su mano extendida, a escasos centímetros de los otros diez que descansaban sobre la mesa, y por un instante, permaneció completamente inmóvil, como si aquella pausa pudiera evitar las implicaciones que las palabras de Talaida ya estaban comenzando a revelar.
—¿A qué te refieres?
—Mira el tallado. —Talaida colocó el nuevo fragmento junto a otro previamente identificado, señalando las diferencias con precisión meticulosa. Sus dedos recorrieron ambas superficies con la delicadeza de quien maneja documentos irremplazables, y su voz adoptó el tono clínico que Kael había aprendido a reconocer durante sus meses de investigación conjunta: la misma cadencia precisa que empleaba cuando estaba a punto de formular una conclusión importante—. Los diez fragmentos anteriores comparten una consistencia considerable en su técnica de talla, en la profundidad de las inscripciones, en el propio material utilizado. Este fragmento, aunque similar en apariencia general, presenta variaciones sutiles que sugieren un origen considerablemente distinto.
—¿Podría ser una falsificación? —preguntó Paul, examinando el objeto con una preocupación evidente. El joven diplomático se había acercado a la mesa apenas Talaida formuló su observación inicial, y ahora estudiaba ambas piezas con la misma atención analítica que aplicaba a cualquier documento sospechoso que llegaba a sus manos durante sus investigaciones diplomáticas.
—No exactamente una falsificación. —Talaida frunció el ceño, considerando cuidadosamente sus propias observaciones mientras sostenía ambas piezas bajo la luz directa de la lámpara mágica—. La resonancia mágica que emana de él resulta genuina, según puedo percibir. Pero sospecho que no pertenece a la misma colección original de once fragmentos que hemos estado recolectando. Podría tratarse de algo relacionado, ciertamente, pero de un origen distinto.
Kael sintió que la certeza reciente sobre haber completado finalmente su búsqueda se desvanecía considerablemente ante aquella revelación. Los diez fragmentos originales habían sido identificados mediante referencias cruzadas en múltiples textos antiguos, mediante la resonancia específica que compartían entre sí, mediante el patrón consistente de sus inscripciones que Talaida había documentado con precisión casi obsesiva durante meses. Que aquel undécimo fragmento, obtenido tras una persecución que había involucrado considerables riesgos y la intercepción de un agente extranjero, resultara no ser lo que habían anticipado representaba un golpe considerable para las expectativas que habían construido durante semanas.
—Entonces no tenemos los once fragmentos completos.
—No estoy completamente segura todavía. —Talaida examinó nuevamente el objeto con atención renovada, y Kael percibió en su expresión la misma frustración contenida que ella manifestaba cuando una investigación académica se complicaba más allá de sus predicciones iniciales—. Necesito tiempo adicional para determinar exactamente qué representa este fragmento específico, y si efectivamente pertenece o no a la colección original.
Fue precisamente en aquel momento, mientras Kael observaba el fragmento con una frustración creciente, cuando sintió, sin previo aviso, aquella familiar sensación de calor intenso comenzar a manifestarse desde el centro de su pecho, considerablemente más abrupta que cualquier ocasión anterior. No fue gradual como las manifestaciones que había aprendido a reconocer durante los meses de entrenamiento con Draecus, ni controlada como las resonancias que había experimentado cerca de los fragmentos originales. Fue algo repentino, casi violento en su intensidad, como si algo dentro de su propio cuerpo hubiera decidido despertar sin considerar completamente las consecuencias de aquel despertar abrupto.
—Kael. —Lyssara, notando inmediatamente el cambio en su expresión, se acercó con una preocupación evidente. Había permanecido junto a la puerta de la biblioteca, en su posición habitual de vigilancia, pero su instinto militar había detectado el cambio en la postura de Kael incluso antes de que él mismo comprendiera completamente lo que estaba sintiendo—. ¿Qué sucede?
—Algo... —Kael se llevó una mano al pecho, sintiendo aquella sensación intensificarse con una rapidez considerable. Sus dedos presionaron contra el esternón, como si pudieran identificar mediante el tacto la fuente exacta de aquella sensación, pero lo único que percibían era un calor difuso que parecía emanar de múltiples puntos simultáneamente—. Algo está reaccionando. No estoy seguro de qué exactamente.
El objeto sobre la mesa, aquel fragmento distinto que Talaida había identificado apenas momentos antes, comenzó a emitir un resplandor tenue, apenas perceptible al principio, pero creciendo gradualmente en intensidad hasta volverse considerablemente evidente incluso bajo la luz de las lámparas mágicas de la biblioteca. El resplandor pulsaba con un ritmo que Kael reconoció, con un sobresalto, como sincronizado con el latido de su propio pecho, como si el fragmento estuviera respondiendo directamente a algo dentro de él que ni siquiera él mismo comprendía completamente.
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Editado: 19.09.2026