The Age of Crowns: Las Voces del Reino

Capítulo XI: El Mapa de Los Originales

Talaida dedicó los tres días siguientes a una tarea que había estado postergando conscientemente, considerando la magnitud abrumadora de información dispersa que habían acumulado durante los meses recientes: sintetizar todos los descubrimientos relacionados con los Once Originales en un mapa comprensivo que pudiera revelar patrones geográficos considerablemente más claros que cualquier análisis fragmentario individual. La tarea, aunque académicamente fascinante, representaba también una necesidad estratégica considerable, considerando que la expedición hacia Nomada se aproximaba con una urgencia cada vez mayor, y ningún miembro del grupo deseaba partir hacia territorio desconocido sin comprender completamente la disposición geográfica completa de las estructuras que habían estado investigando durante meses.

Convirtió una sección considerable de la biblioteca privada en lo que Paul, entrando ocasionalmente para consultar algún documento, describió con cierto humor como «el santuario cartográfico de Talaida»: mapas de todo Daus extendidos sobre múltiples mesas, marcados cuidadosamente con símbolos distintos que representaban cada descubrimiento significativo, conectados mediante hilos de colores diferentes que sugerían relaciones potenciales entre ubicaciones aparentemente dispersas. La joven maga había desarrollado un sistema de codificación considerablemente complejo, utilizando hilos rojos para estructuras confirmadas, hilos azules para ubicaciones hipotéticas derivadas de referencias textuales, e hilos dorados para conexiones potenciales aún no verificadas.

—Draxcan, evidentemente, en el centro —explicó Talaida a Kael y Lyssara, quienes se habían unido a ella durante aquella tarde particular para revisar el progreso de su análisis comprensivo—. La Cámara de los Fundadores bajo la torre norte, el Sello Primordial bajo la Plaza de los Fundadores, y ahora esta cámara adicional descubierta bajo las murallas orientales gracias a Bren Lithaynik.

Kael examinó aquel mapa con una atención considerable, notando cómo Talaida había marcado cada ubicación con una precisión meticulosa, añadiendo anotaciones sobre cada descubrimiento específico. La Cámara de los Fundadores aparecía marcada con un símbolo que representaba el dragón, el Sello Primordial con el símbolo del ojo cerrado que habían encontrado repetidamente, y la cámara de Bren con un tercer símbolo que Talaida había desarrollado específicamente para representar la estatua antropomórfica que Kael había encontrado allí.

—¿Y la estructura en Nomada? —preguntó Kael, examinando cuidadosamente aquel mapa con una atención creciente.

—Aquí. —Talaida señaló un punto considerablemente al noreste de Draxcan, marcado con un símbolo distinto que representaba la entidad complementaria descubierta a través del fragmento inusual—. Y considerando la información que obtuvimos de Faenor Thessaline sobre Lythara, sospecho que existe una conexión adicional considerablemente más al sur, posiblemente relacionada con el Árbol Ancestral que él mismo mencionó como custodio original de aquel segundo fragmento.

Lyssara examinó el patrón general con una atención táctica considerable, notando algo que capturó inmediatamente su interés militar. Sus años de entrenamiento en estrategia y cartografía le habían enseñado a reconocer patrones en disposiciones aparentemente aleatorias, y algo en aquella distribución específica generaba en ella una alarma instintiva que no lograba identificar completamente de inmediato.

—Estos puntos no están distribuidos aleatoriamente —observó—. Forman una especie de patrón, aunque considerablemente disperso a través de distancias enormes.

—Exactamente la conclusión hacia la que mi propia investigación me ha conducido —confirmó Talaida, con una excitación académica evidente—. Y existe algo más: si trazamos líneas conectando cada punto conocido, considerando también las referencias fragmentarias que hemos obtenido sobre posibles ubicaciones adicionales en Dacmek y Raikuz, el patrón resultante sugiere algo considerablemente más sistemático que simple dispersión aleatoria de reliquias antiguas.

Talaida procedió a trazar cuidadosamente aquellas líneas adicionales sobre el mapa, y Kael sintió que un escalofrío considerable le recorría la espalda al observar el patrón que gradualmente emergía: una estructura geométrica compleja, cuyo centro exacto, sorprendentemente, no correspondía a Draxcan como todos habían asumido implícitamente, sino a un punto considerablemente más al oeste, en territorio que ninguno de ellos había explorado directamente hasta aquel momento. Las líneas, trazadas con hilos de distintos colores, formaban una figura que recordaba considerablemente a ciertos diseños geométricos que Kael había encontrado en las inscripciones de la Cámara de los Fundadores, aunque nunca había comprendido completamente su significado hasta aquel preciso momento.

—¿Qué existe en ese punto central? —preguntó Kael, señalando aquella ubicación con una inquietud considerable.

Talaida consultó cuidadosamente sus propios mapas geográficos adicionales, comparando aquella posición específica con los territorios conocidos de Daus. Sus dedos recorrieron las representaciones geográficas con la precisión de quien ha pasado años estudiando cada detalle de la cartografía continental.

—Según mis propios registros, esa ubicación corresponde aproximadamente a territorio actualmente reclamado por Raikuz, aunque considerablemente alejado de sus principales centros urbanos industriales. —Frunció el ceño, considerando la magnitud de aquella revelación—. Una región montañosa, escasamente poblada, que los propios mapas comerciales describen únicamente como «las Tierras Silenciosas».

—Las Tierras Silenciosas —repitió Lyssara, con una expresión que sugería reconocer vagamente aquel nombre de alguna conversación previa—. Corwin mencionó ese territorio hace algún tiempo, durante una de nuestras conversaciones sobre rutas militares potenciales. Según él, la propia Raikuz evita activamente establecer presencia significativa allí, considerando ciertas «supersticiones antiguas» que sus propios ciudadanos asocian con aquella región específica. Mencionó que incluso las caravanas comerciales que atraviesan territorio de Raikuz prefieren desviarse considerablemente antes que pasar directamente por aquella zona.




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