The Age of Crowns: Las Voces del Reino

Capítulo XIV: La Puerta

El viaje hacia Nomada se extendió durante casi dos semanas completas, atravesando territorios que gradualmente transformaban su carácter desde las tierras cultivadas y densamente pobladas que rodeaban Draxcan hacia paisajes considerablemente más agrestes, donde bosques antiguos se alternaban con formaciones rocosas cuya erosión milenaria sugería una historia geológica considerablemente más vasta que cualquier crónica humana registrada. Los caminos que seguían, algunos trazados durante generaciones por comerciantes que atravesaban aquellas regiones remotas, se volvían progresivamente más estrechos y menos transitados a medida que se alejaban de los centros de población conocidos, hasta que finalmente, durante los últimos días del trayecto, simplemente desaparecieron, dejando al grupo avanzando por senderos naturales que apenas merecían aquel nombre.

Kael, cabalgando junto a Lyssara durante la mayor parte de aquel trayecto extenso, sintió que cada día que avanzaban hacia el noreste profundizaba considerablemente su propia conexión con aquella resonancia familiar que había comenzado a guiarlo desde el momento mismo en que tocó por primera vez el fragmento distinto obtenido de Corvin Aldeth. La sensación evolucionaba gradualmente, transformándose de un simple tirón direccional hacia algo considerablemente más complejo: una presencia persistente que parecía habitar en algún lugar profundo de su propio pecho, sincronizándose progresivamente con el latido de sus tres corazones, y sugiriendo, con una insistencia cada vez mayor, que aquel viaje representaba considerablemente más que una simple expedición geográfica.

—Se intensifica cada día más —le comentó a Talaida durante una de las pausas nocturnas que el grupo realizaba regularmente para descansar tanto a los caballos como a los propios viajeros. La fogata que habían encendido proyectaba sombras danzantes sobre las formaciones rocosas circundantes, y el cielo nocturno, considerablemente más claro que en Draxcan debido a la ausencia de luces urbanas, se extendía sobre ellos como un manto de estrellas que parecían observarlos con una atención silenciosa—. Como si mi cuerpo entero comenzara a reconocer, progresivamente, algo que había permanecido dormido durante toda mi existencia previa.

—Es considerablemente coherente con lo que hemos aprendido sobre el cuarto corazón —respondió Talaida, examinando cuidadosamente sus propios instrumentos de medición mágica que había traído específicamente para documentar cualquier manifestación adicional durante aquel viaje crucial. Los instrumentos, algunos de fabricación considerablemente antigua obtenidos de los propios archivos de Eltrix, otros desarrollados por la propia Talaida durante meses de investigación dedicada, registraban fluctuaciones sutiles en la energía elemental que la rodeaba, fluctuaciones que parecían correlacionarse directamente con la proximidad creciente hacia su destino final—. Si efectivamente existe una capacidad adicional dormida dentro de tu propia fisiología, resulta lógico que la proximidad hacia su origen provoque una activación gradual, similar a lo que experimentaste con los fragmentos dispersos durante la primera saga de nuestra investigación.

Ilvath, quien había demostrado durante todo el viaje una paciencia considerable hacia las preguntas constantes de Talaida sobre los propios textos de Eltrix, se unió a aquella conversación con una perspectiva adicional considerablemente valiosa.

—Los textos más antiguos de mi propio reino describen fenómenos similares relacionados con la conexión gradual entre un Elemen recién nacido y su propio dragón. —Su voz reflejó una gravedad considerable mientras sus ojos, de aquel tono violeta profundo que caracterizaba a los Elemens de Eltrix, contemplaban las montañas distantes que se recortaban contra el cielo nocturno—. La proximidad física facilita progresivamente el reconocimiento mutuo, hasta que finalmente se completa el vínculo definitivo. Sospecho que algo considerablemente similar está ocurriendo actualmente entre tu propia naturaleza excepcional y esta entidad que aguarda en Nomada.

—¿Los textos describen qué sucede durante aquel reconocimiento mutuo? —preguntó Kael, con un interés considerable.

—Describen un proceso gradual de sincronización, durante el cual tanto el Elemen como el dragón experimentan transformaciones internas que facilitan su futura conexión permanente. —Ilvath eligió sus palabras con cuidado—. Algunos textos mencionan sueños compartidos, sensaciones físicas inusuales, incluso cambios sutiles en la propia percepción del mundo circundante. Pero debo admitir, joven Kraxter, que ningún texto que hayamos consultado describe un caso comparable al tuyo, considerando que tu propia conexión no involucra un dragón convencional, sino una entidad que trasciende considerablemente cualquier categoría que nuestros propios archivos hayan documentado jamás.

Fue precisamente durante la última noche de aquel viaje extenso, mientras acampaban en las estribaciones de una cordillera montañosa que Ilvath confirmó correspondía exactamente a la región descrita en los textos de Eltrix relacionados con «la montaña que llora piedra», cuando Kael sintió que aquella resonancia alcanzaba una intensidad considerable que trascendía completamente cualquier experiencia previa.

—Está considerablemente cerca —dijo, sentado junto a la fogata compartida con Lyssara, Talaida, Paul, y el resto del grupo expedicionario. Su voz, aunque mantenía su firmeza habitual, reflejaba una tensión considerable que todos los presentes reconocieron inmediatamente—. Puedo sentir su presencia con una claridad que nunca había experimentado anteriormente, ni siquiera durante mis encuentros directos con la Primera Llama.

—Mañana llegaremos hacia el punto que los propios cálculos geográficos sugieren como ubicación exacta —confirmó Corwin, quien había asumido responsabilidad considerable sobre la navegación práctica durante aquel viaje extenso. El joven capitán había demostrado, durante las semanas de viaje compartido, una competencia considerable que había fortalecido gradualmente la confianza que Lyssara depositaba en él—. Según mis propias mediciones, considerando la posición del sol y las referencias montañosas que Talaida identificó previamente, deberíamos alcanzar la estructura descrita apenas unas horas después del amanecer.




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