La reparación de la Torre del Archivo Menor, un edificio considerablemente más modesto que las estructuras principales del Castillo Dracking pero cuya antigüedad databa de los primeros siglos posteriores a la fundación de la ciudad, había sido programada meses atrás, mucho antes de que cualquiera de los acontecimientos recientes hubiera comenzado a desarrollarse. El deterioro progresivo de sus cimientos, evidente durante los últimos años a través de grietas cada vez más pronunciadas en su estructura exterior, finalmente había alcanzado un punto que la administración civil del castillo consideraba imposible de postergar considerablemente más. Los informes de los inspectores, acumulados durante meses en los archivos administrativos, advertían sobre riesgos estructurales que, de no atenderse con urgencia, podrían resultar en el colapso parcial de la torre entera, con consecuencias potencialmente graves no solo para la propia estructura, sino para los documentos históricos que albergaba en su interior.
Fue precisamente aquella coincidencia, aparentemente rutinaria, la que llevó a Kael hacia un descubrimiento que ninguno de los presentes había anticipado en absoluto.
—Necesito revisar algunos registros antiguos que podrían estar almacenados allí —le explicó a Lyssara aquella mañana, mientras se dirigían hacia la Torre del Archivo Menor tras recibir noticia de que las obras de reparación habían comenzado apenas el día anterior—. Considerando la investigación reciente sobre el cuarto corazón, sospecho que algunos textos particularmente antiguos podrían haber sido almacenados allí precisamente por su naturaleza considerablemente delicada.
Lyssara asintió, aunque su expresión reflejaba una cautela que Kael había aprendido a reconocer como característica de los momentos en que su propia intuición le advertía sobre posibles peligros. Desde el incidente en la cámara subterránea, donde Kael había estado a punto de agotar completamente su capacidad regenerativa, Lyssara había desarrollado una vigilancia considerablemente más intensa sobre cualquier situación que pudiera exponerlo a riesgos físicos adicionales.
—¿Crees que los registros sobre el cuarto corazón podrían estar almacenados en un edificio cuya estructura misma está a punto de colapsar? —preguntó, con una lógica práctica que Kael reconocía como característica de su formación militar.
—No lo sé con certeza. Pero considerando lo que hemos descubierto durante las últimas semanas, sospecho que cualquier información relacionada con mi propia naturaleza excepcional podría haber sido distribuida deliberadamente entre múltiples ubicaciones, precisamente para evitar que una única catástrofe pudiera destruir completamente el conocimiento acumulado.
La torre, cuando finalmente llegaron, mostraba evidencia clara de la actividad de reparación en curso: andamiajes considerables cubrían gran parte de su fachada exterior, mientras varios trabajadores se movían con la eficiencia práctica de artesanos experimentados, reforzando secciones específicas de la mampostería que habían mostrado señales evidentes de deterioro estructural. El sonido de martillos y cinceles resonaba en el aire matinal, mezclándose con las conversaciones ocasionales de los trabajadores que coordinaban sus esfuerzos bajo la supervisión atenta de un capataz cuya experiencia evidente se reflejaba en cada instrucción precisa que pronunciaba.
Un hombre de mediana edad, cuyas manos callosas y expresión concentrada sugerían décadas dedicadas al oficio de la construcción, supervisaba personalmente aquellos trabajos con una atención meticulosa que capturó inmediatamente el interés de Kael.
—Disculpe —dijo, acercándose con una cortesía considerable—. ¿Es usted el encargado de esta reparación?
—Así es. —El hombre se giró hacia él, con una expresión práctica que no reflejaba particular sorpresa ante la presencia de Kael, evidentemente ya reconocible dentro de la corte tras los acontecimientos recientes—. Bren Lithaynik, maestro constructor. Mi familia ha trabajado en estructuras de Draxcan durante tres generaciones.
—Lithaynik —repitió Kael, reconociendo aquel apellido de conversaciones previas con Paul sobre las nuevas casas menores que habían comenzado a ganar prominencia gradual dentro de la vida cotidiana del reino—. Un placer conocerlo, maestro Lithaynik.
—El placer es mío, joven Kraxter. —Bren ofreció una sonrisa considerablemente genuina, aunque su atención regresó rápidamente hacia el trabajo en curso—. Aunque debo confesar que la razón de su visita probablemente no coincide con la mía. Yo simplemente intento evitar que esta torre se derrumbe completamente antes de que termine el mes.
—Necesito revisar algunos registros almacenados en su interior. —Kael consideró cuidadosamente cómo formular su siguiente pregunta—. ¿Ha notado algo inusual durante sus trabajos de reparación? Algo relacionado, quizás, con la propia antigüedad de la estructura.
Bren lo observó con una atención renovada, evidentemente sopesando cuánta información compartir con alguien cuya reputación, tras los acontecimientos recientes, evidentemente lo precedía considerablemente. Sus ojos, de un gris acerado que reflejaba décadas de trabajo físico bajo condiciones frecuentemente adversas, estudiaron a Kael con la misma atención meticulosa que aplicaba a cualquier estructura que examinaba profesionalmente.
—Curioso que lo pregunte, joven Kraxter. —Bajó la voz ligeramente, aunque los trabajadores circundantes continuaban con sus propias tareas sin prestar atención particular a aquella conversación—. Descubrimos algo ayer, precisamente mientras reforzábamos los cimientos del lado oriental de la torre. Algo que ninguno de mis hombres había visto anteriormente en décadas de trabajo similar por toda la ciudad.
—¿Qué descubrieron exactamente? —preguntó Kael, sintiendo aquella familiar inquietud creciente ante la posibilidad de otra pista significativa.
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Editado: 19.09.2026