The Age of Crowns: Las Voces del Reino

Capítulo VII: Los Oficiales

La convocatoria llegó sin previo aviso, apenas dos días después del descubrimiento en las murallas orientales, cuando Lyssara fue citada formalmente ante el General Vantor con una urgencia que, por su propia experiencia reciente con órdenes similares, le generó una inquietud inmediata. El mensajero que le entregó la notificación era un joven oficial cuya expresión tensa y respiración agitada sugerían que había recorrido los cuarteles a toda prisa, y el sello que portaba, marcado con la insignia personal de Vantor, indicaba que aquella convocatoria no admitía demora alguna.

Lyssara había aprendido, durante los meses recientes de conflicto constante, a reconocer las señales que precedían a las conversaciones difíciles. La urgencia del mensajero, la formalidad del sello, la ausencia de cualquier explicación adicional sobre el propósito de la reunión: cada uno de aquellos detalles contribuía a una premonición que había aprendido a tomar considerablemente en serio. Se ajustó el uniforme con movimientos precisos, verificó que su propia gema de conexión descansara correctamente sobre su pecho, y se dirigió hacia el despacho de Vantor con la misma determinación controlada que había caracterizado cada aspecto de su carrera militar.

—Capitana Rosmar. —Vantor la recibió en su despacho con una expresión considerablemente más tensa de lo habitual, acompañado, para sorpresa evidente de Lyssara, por otros tres oficiales de rango superior cuya presencia sugería que aquella reunión trascendía considerablemente cualquier asunto administrativo rutinario—. Siéntese. Necesitamos discutir algo delicado.

Lyssara tomó asiento, reconociendo entre los oficiales presentes al general Kestrin Naismar, cuya familia, según había mencionado Paul días atrás, representaba una de las nuevas casas menores con presencia militar considerable dentro de la estructura del ejército de Draxcan. Los otros dos oficiales, cuyos nombres no reconocía de inmediato, vestían uniformes que identificaban afiliaciones a casas igualmente menores, y Lyssara percibió, en la disposición de sus asientos alrededor del escritorio de Vantor, una configuración deliberada que sugería alianzas previamente establecidas entre aquellos hombres.

—¿De qué se trata, General? —preguntó, manteniendo una compostura calculada a pesar de la tensión evidente en la habitación.

—Varios oficiales de rango medio han expresado preocupaciones considerables sobre su continua asociación cercana con Kael Kraxter —comenzó Vantor, eligiendo sus palabras con un cuidado evidente. Sus manos, habitualmente firmes sobre el escritorio, se movían con una inquietud sutil que Lyssara interpretó como señal de que el propio general se encontraba incómodo con aquella conversación—. No estoy hablando de rumores infundados o especulación política, capitana. Hablo de preocupaciones legítimas relacionadas con la cadena de mando y la lealtad institucional.

—¿Qué preocupaciones específicamente? —preguntó Lyssara, sintiendo que la vieja tensión familiar de encuentros similares comenzaba a acumularse en su pecho.

Fue el general Naismar quien respondió, con una voz que, para sorpresa considerable de Lyssara, reflejaba menos hostilidad de la que había anticipado y más una preocupación genuina. Su tono, considerablemente más reflexivo que acusatorio, contrastaba marcadamente con las confrontaciones que Lyssara había enfrentado durante la crisis con Vycto.

—Capitana Rosmar, permítame ser directo. Mi propia familia ha servido en el ejército de Draxcan durante tres generaciones, y hemos aprendido, a través de esa experiencia acumulada, que la lealtad dividida entre obligaciones personales y deberes institucionales tarde o temprano genera crisis considerables. No la acuso de deslealtad. La acuso de encontrarse en una posición imposible.

—Con todo respeto, General, ya he demostrado repetidamente que mi lealtad hacia Draxcan y hacia la Corona permanece completamente intacta, independientemente de mis relaciones personales. —Lyssara sostuvo su posición con una firmeza considerable, aunque reconocía internamente cierta validez en la preocupación planteada.

—Nadie cuestiona su historial de servicio, capitana. Su valor durante la confrontación con Vycto, su determinación durante la crisis de la frontera sur, incluso su desobediencia calculada para proteger fragmentos cruciales de la investigación... todo eso habla considerablemente en su favor. —Naismar consideró sus siguientes palabras con evidente cuidado. Sus ojos, de un gris pálido que contrastaba con el tono más oscuro de su uniforme, estudiaron a Lyssara con una atención que no resultaba hostil, sino genuinamente evaluadora—. Pero también hemos observado un patrón considerable: cada vez que Kael Kraxter enfrenta un peligro, usted actúa primero como su protectora personal, y solamente después como oficial del ejército de Draxcan. Eso genera, entre sus subordinados y colegas, una incertidumbre considerable sobre dónde exactamente residen sus prioridades finales.

El silencio que siguió a aquella observación se sintió cargado de una honestidad incómoda que Lyssara no podía negar completamente, considerando su propia experiencia reciente durante la confrontación en el almacén, cuando había priorizado instintivamente la seguridad de Kael por encima de cualquier consideración táctica más amplia. Recordó, con una claridad dolorosa, el momento exacto en que había decidido abandonar su posición defensiva para correr directamente hacia Kael, ignorando los protocolos tácticos que años de entrenamiento habían grabado en su memoria. En aquel momento, no había existido deliberación consciente, ni siquiera una evaluación rápida de opciones: simplemente había actuado, guiada por un instinto que trascendía completamente cualquier consideración profesional.

—¿Qué propone exactamente, General Naismar? —preguntó finalmente.

—Propongo, capitana, que consideremos una reestructuración de su papel actual. No una degradación, ni una reasignación punitiva como la que enfrentó anteriormente bajo las órdenes cuestionables de Vycto. Sino algo considerablemente más constructivo: una unidad especializada, bajo su mando directo, dedicada formalmente a la protección de Kael Kraxter y a la investigación de amenazas relacionadas con los Once Originales.




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