The Age of Crowns: Los Habitantes del Reino Interior

Capítulo VI: El Ejército que Recordaba

Kestoran la buscó al tercer día del período de estudio conjunto, encontrándola en el patio de entrenamiento donde habían medido fuerzas por primera vez, esta vez observando a un grupo de soldados del Reino Interior ejecutar una serie de formaciones que Lyssara reconocía, con una fascinación creciente, como variaciones más antiguas y elaboradas de tácticas que Draxcan empleaba de manera considerablemente simplificada. Lyssara había llegado al patio por su propia iniciativa, apenas una hora después del descanso, con la intención de observar a los soldados en sus ejercicios matutinos sin interferir. Había aprendido, durante sus años de servicio, que la manera más eficaz de comprender a un ejército no era mediante informes formales ni reuniones protocolarias, sino observando cómo se movía cuando creía que nadie lo evaluaba.

—Capitana Rosmar. —Kestoran se aproximó con el mismo porte disciplinado que había mostrado durante su primer encuentro—. Esperaba encontraros aquí. Observo que la formación "Muro de Lanzas" os resulta familiar.

—La empleamos en Draxcan, aunque con una variante distinta. —Lyssara señaló hacia los soldados, cuyos escudos se entrelazaban en un patrón que generaba una superficie casi continua—. Nosotros formamos tres líneas. Vosotros formáis cinco, con rotación constante entre la línea de ataque y la de descanso. Esa rotación debe de ser agotadora para los soldados de la primera línea.

—Más eficiente contra asedios prolongados —confirmó Kestoran, con un asomo de orgullo profesional—. Aunque sospecho que vuestra versión simplificada resulta más adecuada para los combates más breves y dispersos que, según me habéis contado, caracterizan la guerra en la superficie. La rotación permite que un soldado descanse mientras otro ocupa su posición, de modo que el muro nunca pierde cohesión, ni siquiera después de horas de combate continuo.

—En Draxcan, ese nivel de resistencia no sería necesario —admitió Lyssara—. La mayoría de nuestras batallas se deciden en cuestión de horas, no de días. Y cuando se prolongan, es porque ambas partes han agotado sus recursos y el conflicto se resuelve más por agotamiento mutuo que por superioridad táctica.

—Interesante. —Kestoran observó la formación de sus propios soldados con la atención de quien lleva años perfeccionando un sistema heredado de generaciones anteriores—. Nuestras tácticas fueron diseñadas, originalmente, para conflictos internos, no para guerras contra enemigos externos. La Fractura, en particular, nos obligó a reconsiderar toda nuestra doctrina militar. Cuando tu enemigo comparte tus mismos muros, tus mismas técnicas, tu misma comprensión del terreno, el combate se convierte en algo muy distinto a lo que ocurre en campo abierto.

—¿Puedo preguntaros algo, comandante? —Lyssara se giró hacia él, con una curiosidad que trascendía la mera cortesía—. Si esta ciudad ha permanecido sellada durante generaciones, ¿contra qué entrenáis a vuestros soldados? No habéis enfrentado una guerra externa en todo este tiempo.

Kestoran guardó silencio un momento, su expresión ensombreciéndose ligeramente.

—Contra nosotros mismos, capitana. —Su voz adquirió un matiz más grave—. La guardia del Salón de los Despiertos existe, principalmente, para mantener el orden interno. Para contener disputas entre gremios, para proteger al Consejo de quienes, en algún momento de nuestra larga historia de confinamiento, han considerado que la única manera de forzar un cambio era mediante la violencia.

—Eso suena a una sociedad al borde del colapso, no a una civilización estable.

—Lo hemos estado, en más de una ocasión. —Kestoran bajó la voz, aunque los soldados que entrenaban cerca de ellos parecían demasiado concentrados en sus propias formaciones como para prestar atención a la conversación—. Hace aproximadamente ochenta ciclos, se produjo lo que nuestros archivos denominan "la Fractura". Una facción que creía que el Consejo ocultaba deliberadamente información sobre la posibilidad de abrir la puerta intentó, mediante un golpe armado, tomar el control del Salón de los Despiertos.

—¿Qué ocurrió?

—Fracasaron. Pero el conflicto duró casi tres ciclos completos, y costó más vidas de las que cualquier registro oficial admite abiertamente. —Kestoran contempló a sus propios soldados con una expresión cargada de un peso histórico considerable—. Desde entonces, la guardia se ha dedicado, principalmente, a asegurar que algo similar no vuelva a ocurrir. Y me temo, capitana, que vuestra llegada podría estar reavivando tensiones que creíamos superadas.

Lyssara sintió el peso de aquella revelación asentarse sobre ella con una gravedad renovada, consciente de que la división que habían presenciado durante la sesión del Consejo, lejos de ser un fenómeno reciente provocado únicamente por el regreso de Kael, formaba parte de una tensión mucho más antigua y profunda dentro de aquella sociedad.

—¿Creéis que Darian está dispuesto a repetir lo que ocurrió durante la Fractura?

—No lo sé con certeza. —Kestoran consideró la pregunta con una deliberación cuidadosa—. Darian perdió a su padre durante aquel conflicto. Luchaba en el bando del Consejo, defendiendo precisamente la prudencia que ahora Darian mismo defiende, aunque desde una posición considerablemente más radical de lo que su padre jamás hubiera aprobado. Lo conocí, al padre de Darian. Era un hombre de convicciones firmes, pero también de una mesura considerable. Darian heredó las convicciones, pero no la mesura.

—Entonces su desconfianza hacia la puerta no es solo ideológica. —Lyssara comprendió, con una claridad repentina, la raíz emocional del discurso que había escuchado días atrás—. Es personal.

—La mayoría de las posiciones políticas, capitana, lo son, independientemente de cuánto se disfracen de principios abstractos. —Kestoran se giró hacia ella, con una propuesta repentina—. ¿Os gustaría acompañarme a supervisar una de las patrullas que mantenemos en los distritos periféricos de la ciudad? Creo que os beneficiaría comprender, con mayor profundidad, la estructura completa de nuestra sociedad, más allá de lo que el Salón de los Despiertos muestra a quienes visitan.




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