El Cuarto Trazo: El despertar

CAPITULO 15: ENTRE BORMAS Y SOSPECHAS

Lyra

Al llegar la noche, el viento de las alturas se volvió helado y cortante, obligando a todos a refugiarse en el comedor de la nave. La estancia era pequeña, iluminada apenas por un par de faroles de aceite que oscilaban al ritmo suave del barco

​Servimos la comida que Nilo había preparado en su mayoría ya que yo solo corte rábanos y me quedé haciendole preguntas tontas el resto de la tarde. Me senté en la mesa larga de madera junto al resto de la tripulación, sintiendo el estómago pegado a la espina dorsal tras un día entero de trabajo pesado. Tomé la cuchara de madera, la hundí en el tazón y me llevé un buen sorbo a la boca.

​Casi me ahogo ahí mismo y eso que soy bien tragona y no menosprecio comida

​La sopa sabía a basofia, la cosa más horrible que había probado jamás. Y no me malinterpretes; en Oakhaven la comida escaseaba y yo estaba acostumbrada a comer lo que hubiera, principalmente sopa de zanahoria, pero esto... esto era la clase de brebaje sin sal y sin gracia que le dábamos a los cerdos en el pueblo. Era un caldo descolorido con pedazos flojos de rábano flotando como náufragos.

​Intenté tragar sin hacer muecas, pero debí haber puesto una cara fatal porque Freya, sentada justo al frente mientras limpiaba sus frascos que deduzco que eran medicinas, captó mi actitud de inmediato

​—A la polizona no le gusta la comida —soltó Freya con una sonrisa

​La cara me ardió de vergüenza y sentí las miradas de todos clavadas en mí. Niego inmediatamente con la cabeza, dando otro trago apresurado para disimular

​—¡Sí me gusta! Solo que... es diferente a lo que siempre comía en mi casa.

​—¿No habías comido nunca sopa de rábanos? —preguntó Nilo, herido en su orgullo de cocinero y mirándome con sus ojos inquietos por encima del tazón

​—Emm... no. Yo, generalmente comía otras cosas.

​Jax, que estaba reclinado en su silla con las botas puestas sobre una esquina de la mesa, soltó una risita seca y me miró de reojo con esos ojos azules llenos de burla

​—Ahora resulta que eres de la realeza —dijo Jax irónico, jugando con un tenedor entre los dedos.

​—Yo no dije eso —le espeté, sintiendo cómo la rabia le ganaba a la vergüenza—No soy de la realeza,yo trabajaba con mis papás y de vez en cuando ayudaba en el pueblo en cualquier cosa que pudiera

​—Entonces no es que estés acostumbrada a manjares como para que te quejes —atacó de nuevo, arqueando una ceja con ese aire descarado que me daba ganas de patearle la silla y que se cayera

​—¡No me estoy quejando! —protesté, apretando la cuchara

​—Ya los dos —intervino Kira , dejando caer su tazón de madera sobre la mesa con un golpe seco que nos hizo callar a ambos—Ushh, parecen niños pequeños, llamen a la guardería

​Jax se limitó a encogerse de hombros con una sonrisa torcida, mientras Kira me dedicaba una mirada que me advirtió que no siguiera el juego. Volví la vista a mi tazón, removiendo el caldo insípido y rogando en silencio porque este viaje a la Isla de los Picos Grises no durara una eternidad, a este paso terminaría matando a ese tonto y me buscaría la nobleza y también está bola de lunaticos. Menuda suerte, juro a los dioses que si salgo viva de esta les rezaré más y no volveré a ser tan curiosa ni chismosa con las cosas que no me importan, ni agarraré libros raros ofrecidos por bandidos que se desangran en el callejón.

Tarek intervino, dejando su tazón a un lado, al parecer ya había terminado de comer

​—¿A qué horas llegaremos mañana a los Picos Grises, capitán?

​—Tengo previsto llegar casi a medio día —respondió Jax, balanceándose sobre las patas traseras de su silla , ojalá se cayera—aunque con los vientos tan fuertes tal vez lleguemos antes.

​—¿Y cuál es el plan? —preguntó Kira, cruzando los brazos pesados sobre la mesa mientras fijaba sus ojos en el capitán.

​Jax dejó de balancearse y apoyó los codos sobre la madera, miro al techo como si esperara una revelación

​—Bajaremos rápido en grupos de dos, Tarek y Nilo por un lado, Kira y yo por el otro. Freya se queda a cuidar a la polizona.

​—¡Ey, no! —protestó Freya de inmediato, levantándose a medias de su asiento con una mueca de auténtico fastidio—¡Yo quería bajar!

​—Ni modo que deje el barco solo y que la polizona se lo lleve —se burló Jax, señalándome con el mango de su cuchara— Así que te quedas, Freya

​—¿No es mejor dejarla amarrada? —soltó Freya, clavándome una mirada ácida antes de mirar a Jax—Yo no soy niñera de nadie, capitán.

​—No me voy a robar nada —intervine, sintiendo la rabia arder en mis mejillas mientras miraba directamente a Jax—Puedo bajar con ustedes, les sirvo para cargar sacos o lo que sea.

​—Ni de chiste, Fosforito —sentenció Jax — De este barco no te mueves hasta que yo lo diga

—Me parece injusto, capitán —murmuró Freya, rodando los ojos y cruzándose de brazos con un bufido de frustración— Siempre soy la que se queda en el barco, además, quería agarrar Lysandras

​—¿Qué es Lysandras? —le pregunté a Nilo en un susurro bajito, inclinándome hacia él.

​Pero Freya, me escuchó de todas formas, se giró hacia mi y me miró de arriba abajo

​—Lysandras es un tipo de fruta que sirve para curar cualquier herida —soltó Freya sin ningún filtro, arqueando una ceja— Deberías estudiar más para que no seas tan tonta

​La cara me volvió a arder de rabia. Apretaba la cuchara de madera sobre el tazón de sopa insípida, conteniéndome las ganas de responderle algo igual de pesado

​—Nadie nace sabiendo todo lo que crece en unas rocas a diez mil metros de altura —le espeté entre dientes, sosteniéndole la mirada

​—Suficiente —interrumpió Kira antes de que la discusión fuera a más, dándole una palmada firme a la mesa— Mañana tenemos un día largo., terminen de comer y a descansar

Terminé de comer de mala gana, tragándome el resto de la basofia de rábano a regañadientes. Recogí mi tazón y el cuchillo, los llevé al pequeño fregadero de la cocina para lavarlos con agua helada y me fui directo al área de los camarotes, intentando ignorar las risas lejanas de la tripulación en el comedor




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