LYRA
Las dos horas más largas de mi vida pasaron bajo un sol inclemente que no daba tregua. Sentía la piel de la cara y los hombros arder, al rojo vivo, mientras el sudor me bajaba por las sienes y se secaba al instante. La garganta me raspaba como si hubiera tragado arena; la sed era tan intensa que apenas podía tragar saliva
Sostuve la cabeza agachada, dejando que mi propio cabello naranja me tapara un poco el rostro para protegerme del resplandor tan fuerte del sol.Apoyé la espalda contra el mástil de madera caliente, rogando en silencio porque alguno de esos cinco lunáticos apareciera por la borda de una buena vez.
Pero no había señales de vida. Ni un grito de Jax, ni las risas pesadas de Freya, nada. Solo el silencio denso del cielo y el crujido solitario de las cuerdas de la nave.
De pronto, un sonido rompió la calma.
—¡No puede ser! —susurré, sintiendo cómo se me cortaba la respiración.
Allá a lo lejos, emergiendo entre las nubes densas que rodeaban los Picos Grises, vi la silueta inmensa de una Titánida.
Era una criatura marina legendaria de los cielos, un monstruo alado tan gigantesco que fertilizaba cualquier isla a la que llegaba,flotaba en el aire con una lentitud, batiendo sus enormes aletas mientras el mar de abajo retumbaba con el impacto de su sombra
Se movía en dirección al Sombra del Viento. Y yo estaba ahí, atada al mástil sin poder moverme, viendo cómo aquella ballena aérea acortaba la distancia sin que nadie a bordo pudiera defender el barco, pero no importa porque si muero por lo menos ví a una Titánida
La criatura se detuvo a unos cincuenta metros de mí y del barco.
Me quedé congelada, contenida por las sogas que me sujetaban al mástil, incapaz de apartar la mirada. No era un monstruo aterrador como los que imaginaba en las historias de miedo; era tan hermosa. Su piel lisa y brillante tenía matices suaves, con toques rosados y blancos que destellaban bajo la luz directa del sol como si estuviera hecha del material más liso del mundo. Flotaba en el abismo del cielo con una gracia serena, moviendo su cola
Era la criatura más linda que había visto en toda mi vida.
La Titánida inclinó ligeramente su cabeza colosal hacia el Sombra del Viento, fijando uno de sus grandes ojos luminosos en mí. En mitad del silencio absoluto de las alturas, me observaba atada e indefensa, mientras yo olvidaba por completo la sed, el cansancio y el dolor de mis muñecas, maravillada por la majestuosidad de aquel gigante de los cielos
Pero tenía que llegar la bocina de Freya y arruinar todo.
—¡Muévanse con esos sacos! ¡Que no se van a cargar solos al barco!
Era la voz de Freya, resonando estridente desde el interior del bosque
Ese ruido brusco provocó que la Titánida se sobresaltara. La hermosa criatura batió sus aletas gigantescas con fuerza, levantando una ráfaga de aire fresco que ondeó mi cabello naranja y me llenó la cara de brisa helada. Dio media vuelta y se marchó en silencio, sumergiéndose suavemente entre el manto de nubes blancas hasta desaparecer
Mire enojada a Freya, con los dientes apretados y el pecho agitado por la rabia de que hubiera arruinado semejante momento. Ella me sostuvo la mirada con una sonrisa burlona y me dijo cínicamente:
—¿Qué? ¿Nos extrañaste?
—Espantaste a una Titánida —le espeté sin pensarlo, apretando los puños aún amarrados contra el mástil.
Freya soltó una carcajada seca y fuerte, cruzándose de brazos mientras me miraba de arriba abajo como si hubiera perdido la cabeza.
—No seas estúpida, las Titánidas no se acercan a los humanos ¿Qué te crees una diosa o qué?
—No —le respondí con la voz cargada de veneno, sosteniéndole la mirada sin dar un paso atrás—pero tú sí eres una idiota.
La sonrisa se le borró de la cara al instante. Freya dio un paso hacia mí con los puños cerrados y los ojos echando chispas, pero antes de que pudiera decir o hacer algo, la voz rasposa de Jax resonó justo detrás de ella, acompañado por el impacto pesado de dos sacos de provisiones cayendo sobre la cubierta.
—Ya van a empezar a pelear como viejas chismosas —soltó el capitán, pasando por un lado de Freya sin mirarla—En lugar de perder el tiempo adivinando monstruos en el aire, ayuden a subir el resto de la carga antes de que el viento nos voltee el barco, manche mi pañoleta cuando me cayó esa manzana encima — dijo mientras señalaba el trapo rojo de su frente
— Tiene razón el capitán Freya, debes comportarte — Puntualizó Tarek que rara vez decía algo
Nilo venía detrás, sudando a mares y cargando una cesta llena de raíces y frutos oscuros. Me miró de reojo con lástima, pero no se atrevió a decir nada mientras Freya me dedicaba una última mirada asesina antes de darse la vuelta para ir por más sacos seguido de Tarek, el más mayor de la tripulación y al que rara vez se veía por ahi
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Editado: 23.09.2026