| SUSAN |
Febrero
El inicio Febrero traía consigo la tercera semana de clases del diplomado. Mientras esperaba que el servidor me concediera el acceso a la sala virtual, me apliqué una crema con aroma a vainilla en las manos. Con el resaltador neón, taché el último bloque en el pequeño calendario de mi escritorio. El fin de semana en el restaurante había sido devastador; la piscina de pelotas se había convertido en un epicentro de gritos e infantes corriendo a gran escala. Ethan me había escrito durante esas jornadas, pero el trote de las bandejas me impidió responderle a tiempo.
De pronto, la esquina de la pantalla parpadeó con un mensaje privado.
Ethan: ¿Qué haces?
Localicé su recuadro en la cuadrícula general. Mantenía sus ojos azules fijos en el monitor.
Susan: Me aplico crema en las manos mientras me doy un pequeño masaje. ¿Y tú?
Ethan: Te observo mientras inicia la sesión.
Una sutil línea de calor me encendió las mejillas. Jade interrumpió el amago de sonrisa al aparecer en la pantalla principal con su habitual elegancia, dispuesta a revisar las fotografías infantiles que habíamos subido al foro del sistema.
—Susan, comenzaremos contigo, por favor —anunció la profesora, proyectando mi archivo en pantalla completa.
La captura mostraba a las dos niñas habituales del restaurante mientras yo las ayudaba a desatarse el calzado antes de ingresar al área lúdica. Caroline me había auxiliado con la toma tras obtener la autorización de las madres.
—Es una fotografía de mi entorno laboral —expliqué en mi inglés pausado, habilitando el audio. —Ahí observamos a dos pequeñas interactuando. Mi labor consiste en custodiarlas y vigilar su seguridad mientras juegan. Sé que no se vincula directamente con el fútbol en el césped, pero a veces introducen balones inflables en el recinto.
—Se nota un cuidado genuino, Susan —aprobó Jade, analizando el encuadre—. ¿Has considerado postularte como personal de apoyo en las divisiones infantiles de los clubes deportivos?
La pregunta me tomó por sorpresa; mi único interés seguía siendo el sector editorial.
—No lo había meditado —admití—. Pero no lo descarto en absoluto. Gracias.
Desactivé el micrófono exhalando con alivio y me pasé los dedos por el cabello. Jade continuó con el turno de Ethan, proyectando la vieja fotografía en blanco y negro que le había ayudado a seleccionar el jueves por la noche. Él se subió la cremallera de su chaqueta oscura, ocultando la indumentaria gris reglamentaria, y relató con timidez la historia de aquel trofeo vecinal de su infancia que celebraron comiendo galletas con chocolate. Su sonrisa de adulto iluminó la transmisión.
Al restaurarse la presentación teórica, el chat privado volvió a cobrar vida.
Ethan: ¿Así que tu labor consiste en custodiar infantes? ¿Te desempeñas como niñera?
Susan: Trabajo con ellos, pero no bajo el rol de niñera tradicional.
Ethan: Entiendo... eres asesora pedagógica.
Contemplé las líneas del chat experimentando una oleada de incomodidad. Él asumía que yo ejercía mi profesión en un entorno corporativo o académico, pero mi realidad distaba mucho de aquello. Decidí que lo mejor era erradicar los enredos por omisión y ser completamente honesta.
Susan: Soy mesera en un restaurante.
Ethan leyó el mensaje de inmediato. Noté a través del monitor cómo sus ojos azules me buscaban en la cuadrícula de alumnos, pero no detecté ningún vestigio de desagrado en sus facciones.
Ethan: ¿Y a qué se debe lo de la piscina de pelotas?
Susan: Los propietarios la instalaron el año pasado y me delegaron la supervisión de los niños.
El bolígrafo se me escurrió de los dedos y rodó bajo el escritorio. Al agacharme a recuperarlo, me golpeé la frente con fuerza contra la madera. Me incorporé frotándome la zona afectada justo cuando un mensaje público en el chat del diplomado desató el caos general. Una alumna de otra latitud había digitado sin pudor: «Ethan, ¿me proporcionas tu número celular?».
Las reacciones y los emojis llovieron en el servidor, provocando que Ethan escribiera una réplica veloz para disipar la atención: «Hola, desafortunadamente se me cayó el celular al río Aire. Permanezco incomunicado».
Garret habilitó su micrófono por error emitiendo una carcajada limpia y yo me uní a las risas desde mi habitación. Jade intervino con severidad, alegando que esa clase de peticiones debían gestionarse en el ámbito privado, cuando de golpe la pantalla entera se fue a negro.
Al restablecerse el servidor minutos después, la profesora exhibía un rostro desencajado.
—¡Nueve estudiantes! ¡Nueve alumnos acaban de abandonar la sesión de forma simultánea! —exclamó, llevándose los dedos a la frente con frustración. —Habilitaré un reporte de ausencias colectivas ante el comité organizador. Continuemos los que permanecemos en el aula.
El recuadro de Ethan y el de todo su grupo uniformado se habían evaporado del sistema.