Entre páginas y balones

Capítulo 16 | Ethan (E)

| ETHAN |

Febrero

El miércoles por la mañana, la atmósfera invernal de Leeds amaneció encapotada por nubes densas, pero la molestia de mi cuerpo había disminuido notablemente gracias a las sesiones del especialista que Garret financió en secreto. Mi amigo me recogió en su Cadillac antes de la jornada, exhibiendo una enorme bolsa de papel en la parte posterior del vehículo.

—Llevo el cargamento para la sesión virtual —anunció con entusiasmo—. Sándwiches de mortadela con doble porción de queso derretido. Grasientos pero infalibles. ¿Qué aportas tú?

—Un paquete de chocolates que Ivy seleccionó al regresar de la universidad —reí, acomodando mi mochila.

—¡Hoy se cena como corresponde en esa sala tecnológica! —exclamó, poniendo el auto en marcha.

Aproveché el trayecto para ponerlo al tanto de las novedades del diplomado.

—Anoche conversé con Susan por videollamada para actualizarme. Tenemos tarea para el viernes, pero lo alarmante es que Jade emitirá un reporte formal por nuestra deserción colectiva. Dominic Cross va a perder la cabeza en cuanto lo reciba.

—¡Es el colmo! ¡Sancionados por una falla eléctrica que escapó de nuestras manos! —Garret golpeó el volante con frustración, haciendo sonar el claxon.

—Necesitas hablar a solas con el entrenador durante la práctica —le sugerí—. Eres la figura titular, posees mayor credibilidad ante él. Si alertamos al resto de los suplentes, cundirá el pánico en el vestuario.

—Hecho. Hablaré para evitar el susto a los demás. Gracias a la colombiana por el aviso. ¿Y qué hacías tú socializando con ella en la madrugada? —arqueó una ceja con malicia.

—Únicamente indagaba sobre los temas académicos —argumenté, eludiendo su mirada.

—Por supuesto. El apagón te otorgó la excusa perfecta fuera de los horarios comunes. Pero vas a requerir mejores pretextos en el futuro para prolongar el chat. Aplica el método Garret: formula preguntas absurdas que no apunten a ningún sitio, pero que te generen muchas respuestas.

El entrenamiento se ejecutó con un ritmo tolerable, permitiéndome reincorporarme a los ejercicios sin experimentar pinchazos de dolor. En el vestuario, tras despojarnos de la indumentaria sudada y vestir el uniforme gris limpio, Garret congregó a los nueve suplentes en el inicio del corredor. Cada uno custodiaba un recipiente o una bolsa con provisiones.

—Muchachos, llegó el momento —decretó mi amigo—. Estableceremos un sistema de reparto. Yo aporto los sándwiches, Alex las galletas, Ethan los chocolates y James las frutas.

El míster se aproximó cargando un termo metálico masivo.

—Y yo suministro el té caliente para combatir el frío del salón —añadió con una sonrisa paternal—. Pero bajo una condición estricta: ni una sola migaja o envoltura sobre los escritorios al salir.

Avanzamos en bloque por el pasillo. De pronto, las lámparas del techo parpadearon de forma violenta y la iluminación disminuyó. Nos detuvimos en seco. Apreté la bolsa de dulces contra mi pecho, sintiendo cómo el pulso se me aceleraba.

—¿Percibieron ese sonido al fondo? —inquirí con la voz tensa.

—Aguarden... —pidió Garret.

Un murmullo metálico recorrió las paredes de yeso. No replicaba la advertencia de la semana pasada. Esta vez, la frecuencia arrastraba una palabra nítida: «Compartan...».

—¿El espectro exige una ración de los sándwiches? —bromeó James con un hilo de nerviosismo.

—Seguro quiere comer, quizás pasa hambre —remató Garret.

—Con el incidente del apagón de ayer y ahora pretenden forjar teorías de fantasmas —reí con amargura, acelerando el paso—. Entremos al aula de una vez.

Aseguramos la puerta con cerrojo en cuanto ingresamos y encendimos las portátiles. Al unirnos a clase, la imagen de Jade apareció en el centro, arqueando una ceja al divisar el despliegue de alimentos y el termo del entrenador.

—¿A qué se debe este banquete? Esto constituye un entorno académico, señores. En especial tras su inexplicable deserción de ayer —reprendió.

—Celebramos la culminación de la tercera semana, profesora —intervino Garret, elevando la bolsa con manchas de grasa.

El entrenador alzó su vaso desechable con ademán inocente.

—Es un ejercicio de convivencia, Jade. Aprovecho para disculpar la ausencia colectiva del lunes; sufrimos un colapso eléctrico imprevisto en las instalaciones. Le remitiré un correo institucional detallando el percance técnico durante esta hora.

La profesora exhaló un suspiro de alivio.

—Esperaré su correo, míster. Realmente resultó muy extraño todo.

Nos sentamos en nuestras respectivas posiciones. Localicé el recuadro de Susan; vestía su blusa rosa con estampado floral. Habilité el canal privado.

Ethan: ¿Y qué destino tuvo el cartel del restaurante?

Susan: ¡Aceptaron el noviazgo! Los adolescentes se besaron bajo las luces decorativas y Caroline y yo nos ocultamos como topos detrás de la barra para no estorbar. La chica se marchó con la cartulina.




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