Ice love

Capitulo 3

Solo a mí se me ocurre venir a las siete de la noche a la pista para despejar la mente... Bueno, prefiero eso a estar en mi casa escuchando a mi mamá pelear con mi papá. Aunque es divertido ver a una venezolana peleando con un gringo, ya estoy cansada de las discusiones. No me preocuparía tanto si estuviera en mi país con mi familia materna, viendo una novela o jugando lotería; qué buenos momentos aquellos.

Abro la puerta para entrar, la cierro tras de mí y observo la pista. Para mi sorpresa, veo a Naomi patinando.

—Hola, por fin llegas —dice al verme.

—Pensé que estarías en tu casa.

—¿Piensas que me voy a quedar en mi casa sabiendo que estás mal? Mira... —sale de la pista, va hacia su bolso y me muestra un montón de golosinas y comida chatarra—. La entrenadora no se va a enterar.

Ella es mi salvavidas en los malos momentos.

—Bien, pero solo un poco. Sabes que tenemos que cuidar el peso para la competencia.

—Sí, sí. Te juro que si me dices que eres hija de la entrenadora, me lo creo por completo.

Fue un momento hermoso. Estuvimos hablando, cantando en el karaoke con mi teléfono y, al final, nos quedamos dormidas en la oficina de descanso que hay en la pista.

El sonido de mi alarma me despierta. Agarro con pereza mi teléfono y...

—¡Mierda! —exclamo al ver la hora: 7:30 AM—. Naomi, levántate, es tardísimo.

—Mmm, cinco minutos más...

—¡Levántate! La entrenadora llega en una hora.

—Cómo jodes...

Me levanto corriendo e intento ordenar todo. Recojo las mantas, las guardo en un bolso y me arreglo un poco el cabello. Salgo de la oficina de descanso y voy a mi casillero para sacar un cepillo.

—Buenos días, preciosa.

—Buenos días —respondí de manera automática, sin prestar atención.

—Parece que estás de buen humor.

En ese instante entro en razón y lo miro. Zayden. Cierro de golpe mi casillero.

—¿Qué haces aquí?

—¿Qué? ¿Ahora no se puede entrar a una pista de patinaje?

—¿Vienes a patinar?

—Puede ser.

—Sabes algo, no voy a perder mi tiempo.

Me alejo y voy a sentarme para ponerme los patines. Noto que Naomi ve a Zayden y se me acerca con los ojos abiertos de par en par.

—¿Es él?

—Sí.

—Por Dios... Hizo que me despertara rápido. Es más guapo en persona.

—Naomi...

—Bien, bien, me callo. Es un arrogante y un idiota sexy, entendido.

—Mira, en vez de estar pendiente de los chicos, vamos a patinar.

—¿Quién está pendiente de ellos? Solo no puedo evitar mi ojo alegre.

En ese momento vemos entrar a Elisa, nuestra entrenadora.

—Buenos días, Ivanna. Y Naomi, qué sorpresa verte tan temprano.

—¡Qué le puedo decir! Siempre muy puntual —sonríe Naomi disimulando.

—Entrenadora Elisa, con respecto a mi vestuario para la competencia, le mandé el boceto. ¿Qué piensa?

—Es lindo, pero siento que no va con la coreografía ni con la música —deja sus libretas sobre el banco—. La música que escogiste es densa y el baile transmite ira, como si estuvieras buscando libertad. El vestuario actual es muy alegre. Deberías usar algo más oscuro que refleje esa furia, pero también el deseo de libertad que buscas interpretar.

—Tiene razón. Lo tendré listo a más tardar hoy en la noche.

—Así me gusta —Elisa mira a Naomi—. En cuanto a ti, Naomi, ¿tu vestuario?

—Uy, eso ya está listo.

—¿Segura?

—Segurísima.

Veo cómo los ojos de la entrenadora se desvían hacia las gradas, donde está Zayden.

—¿Y ese chico? Normalmente la gente viene en la tarde.

—Es un admirador de Iva... —Naomi se interrumpe de golpe tras el codazo disimulado que le doy en la costilla.

—Bueno, es bueno tener un admirador de vez en cuando, pero no se me distraigan. En especial tú, Naomi.

—Como diga, jefa.

Después de la práctica, Naomi y yo nos sentamos en las gradas a hablar.

—Entonces, ¿qué pasó en tu salida con Brayan?

—Bueno, tenías razón. Los que se llaman Brayan son unos buenos para nada.

—¿Así de mal?

—Se fue sin despedirse y, de paso, tuve que pagar la cuenta de la comida.

—Y se repite la canción de mi querida Sabrina Carpenter...

—Hombres... En fin, inúti... —Naomi es interrumpida por una voz a sus espaldas.

—Hola.

Ambas giramos hacia el chico. Es Zayden. Veo cómo Naomi sonríe de inmediato.

—Hola. Tú eres Zayden, ¿no?

—Sí, mucho gusto... ¿Naomi?

—¿Cómo sabes mi nombre?

—Mi hermano va de fiesta contigo.

Ay no. No, no, no, no.

—¿Tu hermano?

—Luka.

—¡No puede ser! ¿Tú eres el hermano de Luka? Wao, no me lo creo.

Repito: esto es una mala broma.

Naomi me mira de reojo y luego se gira hacia Zayden.

—¿Y de dónde conoces a Ivanna?

—Nos conocimos aquí. Vine a distraerme y ella me pidió que me fuera de manera muy maleducada.

—Eso no es verdad —dije en mi defensa.

—Ok... Bueno, nosotras ya nos vamos, tenemos muchas cosas que hacer, pero fue un gusto conocerte, Zayden.

—Nos vemos pronto, Naomi. Y preciosa...

—Tengo nombre —intervine.

—Te queda mejor «preciosa».



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En el texto hay: romance juvenil y amistad

Editado: 03.10.2026

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