Zayden
Hace dos años.
Han pasado exactamente tres semanas desde que vi a Ivanna por primera vez y ya no puedo aguantar las ganas de volver a verla. Estuve toda la noche investigando sus gustos: descubrí que le fascina Lana Del Rey y Sabrina Carpenter. Sinceramente no puedo negar que Sabrina tiene buenas canciones, pero las de Lana... con mucho respeto, no me terminan de convencer. Le gustan los tulipanes, su canción favorita de Katy Perry es «Hot n Cold», y sus colores preferidos son el celeste y el rosa (algo que no me sorprende la verdad). ¿Se me olvida algo? Ah, sí: le encanta el chocolate y le atraen los chicos sensibles. Bueno, tan sensible que digamos no soy... o al menos no que yo sepa.
Honestamente creo que voy a salir con vida de esta mierda; mis exámentes han estado saliendo muy pero muy bien. El que verdaderamente me preocupa es Evan. Con el pasar de los días nos hemos vuelto muy cercanos y me ha dado muchísimos consejos sobre cómo conquistar a Ivanna y planear la cita perfecta. Verlo con una pizarra improvisada que sacó de no sé dónde explicándome el paso a paso parecía un examen de matemáticas; fue bastante chistoso. Pero la salud de Evan no mejora; cada día está más débil, aunque conservo la esperanza de que se recupere. Por lo menos Mindy y yo ya no nos llevamos tan mal.
—Zayden —menciona Luka acercándose a mi cama bastante tranquilo—. ¿Cómo has estado?
—Estaría mejor si estuviera viendo a Ivanna —le sonrío de medio lado—. ¿Y? ¿Sabes algo de Naomi? ¿Cómo la conoces?
—Naomi es mi amiga, nos conocimos en una fiesta. Sé que es patinadora y supongo que es amiga de tu queridísima Ivanna porque patinan en el mismo complejo —responde Luka sentándose en la esquina de mi camilla.
—¿Y sabes algo de su novio?
—¿En qué momento me convertí en tu investigador privado? —dice Luka fingiendo indignación.
—En el momento en que me pusiste un compañero de cuarto; me la debes, así que averigua —bromeo guiñándole un ojo.
—Cómo te odio, de verdad —se ríe mi hermano.
Veo a Luka marcharse y me quedo mirando la cama vacía de Evan. Todavía no ha regresado de la quimioterapia, lo cual es raro; ya debería estar aquí bromeando sobre cómo la enfermera Sandra intenta matarlo a punta de gelatina.
En ese momento la puerta se abre y entra Mindy con una sonrisa radiante, pero al notar la camilla de Evan vacía, su rostro cambia de golpe y me mira.
—¿Dónde está? —pregunta preocupada.
—Tranquila, todavía está en sesión de quimio.
—Uff... —suspira aliviada dejándose caer en el sillón de la habitación—. Casi me da un infarto.
—Oye, Mindy, una pregunta... Sé que Evan y tú eran amigos desde niños, pero ¿cómo te conquistó exactamente?
Ella sonríe al instante, recordando.
—Evan siempre fue un romántico empedernido y a mí me fascina Disney. Cuando éramos amigos, siempre me decía que el chico que me quisiera de verdad encontraría la manera de enamorarme usando las cosas que me apasionan... Supongo que desde esa época yo ya le gustaba. Para mi cumpleaños me llevó a Disney; siempre fue mi gran sueño ir —se le iluminan los ojos—. Cuando anocheció, me llevó frente al castillo, me confesó todo lo que sentía por mí y me pidió que fuera su novia. Fue como estar viviendo un cuento de hadas, porque justo cuando terminó de hablar, comenzaron a estallar los fuegos artificiales.
—Bastante irreal —comento viéndola.
—Sí, pero a Evan siempre le encantó impresionarme —murmura Mindy mirando la camilla vacía.
—¿Nunca han discutido?
—Claro que sí, pero por tonterías. Él siempre pide perdón primero aunque no sea su culpa y me lleva a cenar para solucionarlo todo —responde sonriendo.
En ese instante entran las enfermeras trasladando a Evan. Se ve en muy mal estado; lo ayudan a acostarse entre cuidados y Mindy lo envuelve en un abrazo lleno de ternura.
—Sigo vivo, no te preocupes —dice Evan con la voz desgastada pero intentando bromear.
—Ya me iba a empezar a preocupar —le sigo el juego.
—Oh, dios, qué honor sería ver al gran Zayden preocupado por mí —se ríe débilmente.
Mindy se quedó con él toda la noche, y creo que fue lo más doloroso que le tocó presenciar. Al día siguiente, Evan estaba sumamente agotado, pero aun así mantenía intactas sus bromas y su sonrisa.
Cuando Mindy salió un momento a buscar unas cosas, vi a Evan escribiendo una nota en una hoja de papel.
—¿Es para Mindy? —le pregunto observándolo.
—Sí —responde mirándome con una profunda tristeza—. Zayden... ¿te puedo pedir un favor?
Oh, no... No vayas a empezar con eso.
—Oye, no vayas a empezar con despedidas —le advierto mientras él deja escapar una pequeña risa cansada—. ¿Qué favor?
—Sé perfectamente que no voy a salir de esta. Quiero que cuides de Mindy. Sé que ya está grande y todo eso, pero quiero que la protejas, que no le pase nada malo. Y si algún idiota le rompe el corazón, prométeme que lo matas.
—Lo prometo —respondo mirándolo fijamente a los ojos.
Sé perfectamente que su salud está al límite, pero por primera vez en mi vida le pido al cielo que se recupere. Tiene toda una vida por delante y a una chica que lo ama con el alma.
—También prométeme otra cosa —agrega viéndome con seriedad.
—Voy a empezar a cobrarte por cada promesa —bromeo sacándole una sonrisa—. ¿Qué cosa?
—Que te vas a acercar a Ivanna, que vas a hacer las cosas bien y que, si al final las cosas no funcionan, no te vas a rendir. Vas a seguir adelante con tu vida.
—Te lo prometo —digo firmemente.
Él me sonríe con alivio.
La noche se pasó en vela, envuelta en un silencio pesado que solo se rompía por los pitidos irregulares del monitor. Dormité a ratos, temiendo en el fondo de mi alma que el tiempo se nos estuviera agotando.
Horas después, el pitido rítmico del monitor de signos vitales ya no estaba. En su lugar, el silencio de la habitación pesaba más que cualquier alarma.