Ice love

Capitulo 8

El sol estaba hermoso, el cielo despejado y el parque casi vacío: era el día perfecto para terminar el puto boceto de mi vestido para la competencia. Hoy en la mañana la entrenadora me explicó que mi vestuario debería llevar algo que me represente, que no solo me empeñara en hacer todo para que quede perfecto, sino que lleve mi esencia y lo que quiero transmitir a través del patinaje.

Esta competencia es sumamente importante para mí porque es lo que muy probablemente me abra las puertas al circuito internacional. Sé que el patinaje es lo que he amado desde pequeña. Recuerdo que me apasionaba tanto que una vez me llevaron a una pista en Venezuela y fue lo más hermoso que pude ver: había muchas chicas patinando con tanta gracia... También recuerdo haber visto los Juegos Olímpicos de Invierno en casa de mi abuela. Ver a esos patinadores en la televisión bastó para enamorarme por completo de este deporte. En ese momento le dije a mi abuela: «Yo quiero ser como ellos», y ella me respondió: «Tienes que trabajar duro para llegar ahí, pero tú puedes con todo».

Miro el boceto que llevo entre las manos y suspiro frustrada.

—Está del asco... Mi esencia...

¡Claro! Ya sé.

Tomo mi libreta de bocetos y un juego de lápices de colores. Pienso en mi abuela, en las calles de mi país y en la imagen de los araguaneyes florecidos en primavera. Comienzo a trazar líneas firmes con seguridad:

Dibujo el torso de la patinadora con una base bronce metálico que asciende como un tronco elegante, entrelazándose con ramas bordadas que estallan en un mar de pétalos amarillos y dorados alrededor del pecho y el cuello. La falda de gasa fluida promete un vuelo espectacular en cada pirueta, y los pequeños puntos dorados marcados con pluma representan cientos de cristales listos para deslumbrar a la entrenadora Elisa.

—Es hermoso... —susurro al contemplarlo.

Levanto la mirada y veo a Zayden acercándose a paso tranquilo.

—Hola —le sonrío.

—Hola, preciosa —dice mientras se sienta a mi lado en la banca—. ¿Y esa cara de felicidad?

—Terminé mi boceto para la competencia.

—¿Puedo ver?

—No —respondo sonriendo y cerrando la libreta.

—Ok...

Siento su mirada fija en mí.

—¿Tengo algo en la cara?

—Eres hermosa cuando sonríes.

¿Por qué me dice eso de repente? No te sonrojes, Ivanna, tú eres fuerte.

—Gracias...

—Oye, sabes que tengo una pregunta rondando por mi cabeza...

—¿Cuál?

—¿Por qué no tienes novio?

—¿Y cómo sabes que no tengo?

—Porque si tuvieras novio no hubieras ido a la fiesta sola con Naomi, ¿o me equivoco?

Este tipo me da miedo a veces...

—No, no tengo novio.

—¿Y eso? Si se puede saber...

—Tener una novia patinadora no es para todo el mundo. Es difícil estar conmigo, tengo una vida con una agenda apretadísima y ningún chico es capaz de aguantar a alguien que no le dedica tanto tiempo.

—Pues yo creo que si un chico te conoció tal como eres, sabiendo que tienes una vida ocupada, y aun así quiso estar contigo, no debería quejarse después.

—Pues sí, tienes razón... —lo miro—. ¿Y tú? ¿Tienes pareja?

—No.

—¿Por qué?

Veo que se queda callado por un segundo, mirando hacia el frente.

—Hubo un tiempo en el que tuve una relación, pero cuando estaba en mi peor momento las cosas dejaron de funcionar... obviamente.

—¿Fue por lo de Evan?

—Algo así.

—¿Por qué parece que hay algo que no me quieres contar?

—Porque no te quiero espantar.

—No me digas... ¿eres un asesino en serie?

Ambos nos reímos y luego nos quedamos mirándonos a los ojos.

—Puedes confiar en mí —le digo suavemente—. Me lo puedes decir cuando estés listo.

—Lo sé. Yo confío en ti, Ivanna.

—¿Y por qué confías tanto en mí si apenas me conoces?

—Porque me encantas, Ivanna... y no sabes desde cuándo.

Sinceramente, eso me mató.

¡No, claro que no! Naomi tenía razón y se va a reír en mi cara cuando le cuente esto.

—¿Cómo te puede encantar alguien que apenas conoces?

—Luego te lo contaré —responde, dándome un suave beso en la mejilla antes de levantarse—. Nos vemos mañana, preciosa.

—¡¿Que hizo qué?! —me grita Naomi súper emocionada en mi habitación.

—¡Cállate, que mi mamá nos puede escuchar!

—A ver, entonces... ¿qué opinas de él?

—No lo sé, no lo conozco bien. Tampoco sé cómo es su entorno, su vida o las cosas que hace.

—Es verdad.

—¿Y tú qué tal con Cameron?

—Bueno... lo estamos intentando.

—O sea...

—Estamos intentando ser pareja y ya.

—¿Y qué ha hecho?

—Me ha regalado flores, me ha llevado a cenar y ayer, cuando estaba en la pista, me llevó un café. Aparte, quiere que mañana lo vaya a ver a su práctica de boxeo.

—Suena a alguien que sabe lo que te gusta y no duda en darte lo que quieres.

Nos reímos, pero las risas son interrumpidas por la vibración del teléfono de Naomi.

—¿Cameron? —pregunto.

—No —me mira—. Es Luka. Quiere que vayamos a su casa a tomar algo, ya invitó a Cameron.

—Ah... ¿y vas a ir?

—¿Voy? Vamos.

—¿Qué? ¿Yo?

—Claro, dije «vayamos», eso te incluye. Así que ve a cambiarte.

—¿Y qué le vamos a decir a mi mamá?

—Lo típico: «Vamos de compras y yo invito».

—Eres una persona muy inteligente.

—Lo sé.

Poco después estábamos en la casa de Luka. Él conversaba con Cameron y Naomi mientras yo estaba sentada en el sofá.

—Siempre he dicho que la casa de Luka parece la de un empresario —dice Naomi sentándose a mi lado.

Veo que Luka se sienta al otro extremo.

—¿Y Zayden? Pensé que vivía contigo —pregunta Naomi.

—Así es, pero salió a buscar a una amiga suya —responde Luka dando un sorbo a su vaso.

«Amiga»... Ja, ya decía yo que no todo podía ser color de rosa.

Espera, ¿qué me pasa? ¿Por qué pienso esas cosas? Zayden y yo solo somos amigos. Que me haya dicho que siente cosas no significa que sea verdad. Además, ¿qué hago yo creyendo en un hombre? A ver, cálmate, Ivanna.



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En el texto hay: romance juvenil y amistad

Editado: 23.10.2026

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