Zayden
Hace dos años.
Estaba tirado en la cama de la habitación del hospital revisando mi teléfono, intentando encontrar la cuenta de Instagram de Ivanna... aunque mentiría si dijera que aún no la había hallado.
En realidad ya la había encontrado, pero no me atrevía a entrar del todo por miedo a parecer un acosador.
¿Y si por error se me escapa un like? ¿Y si ve mi perfil y no le gusta lo que ve, para luego simplemente seguir con su vida? O peor aún... ¿qué tal si solo se deja llevar por la imagen de mi yo del pasado y le parezco un fenómeno todo pálido y sin cabello?
Dios... ¿por qué estoy pensando en esto?
En ese instante, Evan entra a la habitación e interrumpe mis pensamientos extendiéndome su propio teléfono con el perfil de Ivanna abierto en la pantalla.
—¿Qué haces tú viendo su Instagram? —lo cuestiono mirándolo como si fuera a matarlo.
—Relájate. Le conté a mi novia y resulta que Mindy la ha visto varias veces porque trabaja en una heladería cerca de la pista de hielo —sonríe de medio lado—. Me pasó su usuario para que des el primer paso de una vez.
—¡¿Qué?! No, yo no voy a hacer nada —digo devolviéndole el teléfono de inmediato.
—¡Oh, vamos, Zayden! No te puedes quedar ahí sentado sin hacer nada. La chica te llama la atención, ¿y me vas a decir que no vas a mover un solo dedo? —exclama Evan fingiendo indignación.
—¿Y qué quieres que haga? Mírame y mírala a ella. Es hermosa y yo parezco un fenómeno —admito con pesar.
—No eres ningún fenómeno, estás luchando contra el cáncer, eso es todo. Además, no creo que sea el tipo de chica superficial o cruel —responde Evan, volviendo a ponerme el teléfono en la mano.
Lo tomo a regañadientes y empiezo a desplazarme por las publicaciones.
—Conoce a Naomi... —digo un poco sorprendido al ver una foto de ambas.
—¿Quién es Naomi? —pregunta Evan curvando las cejas.
—Es una amiga de mi hermano Luka.
—¡Eso es una señal del destino! —exclama Evan emocionado—. Significa que hay futuro entre ustedes.
—¿Qué? —lo miro confundido—. Claro que no, es pura casualidad.
—¿Crees que es pura casualidad que la chica que te gusta tenga una amiga que a su vez es amiga de tu hermano? —me mira como si el loco fuera yo.
—Sí.
—No.
En ese momento, la puerta se abre y entra Mindy directamente a abrazar y besar a Evan.
—Me alegra tanto verte, mi amor. ¿Qué te dijo la doctora? —pregunta Mindy con la preocupación marcada en el rostro.
—Estoy bien, dicen que mis resultados van mejorando poco a poco —miente Evan regalándole una sonrisa cálida.
—¿En serio? Eso es maravilloso, muy muy bueno —responde ella envolviéndolo en un abrazo aliviado.
Observo la mirada de Evan sobre el hombro de Mindy. Algo en sus ojos me dice que está mintiéndole vilmente. Lo sé.
Tras una larga tarde de visitas, Mindy finalmente se despide para ir a sus clases. En cuanto nos quedamos solos, me gira hacia mi compañero de cuarto.
—¿Puedo preguntarte algo serio? —digo con prudencia.
—Sí, claro, dime —responde él aún sonriendo.
—¿Qué tipo de cáncer tienes exactamente?
—Leucemia Linfoblástica Aguda. ¿Y tú? —pregunta bajando la mirada un instante.
—Linfoma de Hodgkin —respondo viéndolo fijamente—. ¿Cómo van tus quimios realmente?
Evan suspira profundamente antes de volver a mirarme.
—No tan bien como esperaba. La doctora dice que si la respuesta no mejora, mis probabilidades de sobrevivir no son muy altas...
—¿Y por qué no le has dicho la verdad a Mindy?
—Porque, por más egoísta que suene, Mindy ha tenido demasiados problemas en la universidad por estar al pendiente de mí. No quiero ser una carga más en su vida, no quiero que se estrese. Prefiero mentirle ahora antes que decirle una verdad que la dejará destrozada, llorando en su casa mientras yo estoy aquí tirado esperando a la muerte —me mira con una profunda tristeza en los ojos—. Mindy y yo hemos estado juntos casi toda la vida; jamás le he mentido ni le he ocultado nada. Tener que hacerlo por primera vez con tal de que no sufra me duele de una forma que ni te imaginas.
—Yo creo que ella en el fondo lo sabe, solo que no quiere aceptarlo —comento mirándolo—. Mindy no es tonta, tarde o temprano se va a dar cuenta.
—Pues prefiero que sea lo más tarde posible —sonríe con resignación.
Al día siguiente, conseguimos un permiso especial para salir un par de horas del hospital. Me encontraba en el auto de Evan junto a Mindy, quienes me llevaban a un lugar sin querer revelarme el destino. Al estacionar, me doy cuenta de que estamos frente al complejo donde queda la pista de patinaje sobre hielo.
—No, no... Yo no puedo entrar ahí —digo intentando volver al auto, pero Evan y Mindy me detienen en el acto.
—No, sí puedes —afirma Evan señalando hacia la entrada principal.
Y por primera vez en mi vida, la vi en persona.
Caminaba con un bolso rosa colgado al hombro, vestida con ropa deportiva cómoda.
joder... es infinitamente más linda en persona.
Como si me hubiera hipnotizado, la sigo a una distancia prudente. Entro al recinto y me acomodo en la esquina más discreta de las gradas para verla prepararse. Ella salta al hielo y presencio por primera vez la elegancia absoluta de sus movimientos. Se desliza con una suavidad hermosa, como si estuviera patinando en el mismísimo cielo.
De pronto, veo que un chico entra a la zona de bancas. Ivanna sale un segundo del hielo y lo besa en los labios.
En ese instante, siento cómo mi corazón se quiebra... pero extrañamente no del todo.
Más tarde, de regreso en la habitación del hospital, me encontraba acostado mirando el techo con una sonrisa tonta marcada en el rostro. Luka estaba ahí de visita, observándome con extrañeza.
—¿Y a este qué mierda le pasó? —pregunta Luka mirando a Evan.
—Bueno, en resumen: vio a la chica que le gusta besando a su novio. Aunque no entiendo por qué está sonriendo; yo en su lugar estaría en una depresión profunda —responde Evan riendo.