Ice love

Capitulo 10

Hoy recibí el primer regaño de mi entrenadora en años. Por razones más que obvias, he estado distraída pensando en Zayden. Lo único bueno es que ya le aseguré que tenía la coreografía, la música y el vestuario listos para la competencia, así que eso me salvó.

Pero lo peor vino al llegar a casa: mi mamá empezó con un interrogatorio digno del FBI sobre con quién estaba saliendo. Empiezo a sospechar seriamente que me puso un GPS en el teléfono. Al final le tuve que contar toda la verdad... bueno, casi toda, porque no podía dejar mal parada a Naomi. Creo que logré convencerla, pero ahora se me presenta el verdadero problema: quiere conocer a Zayden.

¿Cómo coño le digo a Zayden: «Oye, mi mamá te quiere conocer. Sé que solo somos amigos y que no somos nada, pero si no viene a presentarte, no hay chance de que vuelva a salir contigo»? Me va a decir que no, estoy segurísima.

—Está bien.

Lo miro sorprendida después de armarme de valor y contárselo.

—¿Qué?

—Que está bien, por mí no hay ningún problema.

Vaya, creo que estaba exagerando...

—¿Seguro?

—Ivanna, si para poder salir contigo tengo que pedirle permiso a tus padres o presentarme formalmente, lo haré.

Vuelvo y repito: totalmente sorprendida.

—Bien, está bien —le sonrío—. ¿Hoy en la noche?

—Para ti siempre estoy libre.

Lo hace a propósito, lo sé.

Después de esa conversación, tuve que volver a la pista. Allí vi a Liora sentada en un rincón, con la mirada perdida y un aire triste. Lo siento, pero no lo pude evitar y me acerqué.

—¿Estás bien?

Levanta la vista y me mira con abatimiento.

—Terminé con mi novio hace unos días.

—O sea... —empiezo a decir, pero me interrumpe.

—No, no. Tu ex y yo terminamos hace tiempo.

Vaya, eso sí que no me lo esperaba.

—¿Por qué?

—Porque es un idiota, eso es todo —se ríe con amargura.

—Bueno... yo me voy a entrenar. Nos vemos después.

—Hasta luego.

Al terminar el entrenamiento, iba llegando a mi casa mientras hablaba por teléfono con Zayden.

—Recuerda que tienes que venir presentable.

—Ya lo sé.

—Y arréglate el cabello también.

—Ivanna, tranquila, todo va a salir bien.

—Estamos hablando de mi mamá.

—¿Y tu papá?

—Meh, él no me preocupa tanto. Mientras yo sea feliz, todo bien. Mi mamá es la que me preocupa.

—Ok, bueno, relájate.

—Está bien... hablamos cuando llegues.

—De acuerdo, preciosa.

A veces lo odio.

Me terminé de arreglar en mi cuarto y, tras darme los últimos toques de maquillaje, bajé a la cocina. Vi a mi mamá preparando la cena.

—¿Y tu invitado?

—Está por llegar.

—¿Ha probado el pasticho?

—No —miento descaradamente.

—Bien, ya quiero ver qué cara pone cuando lo pruebe.

Suena el timbre. Corro hacia la entrada, abro la puerta y me encuentro a Zayden... vestido extremadamente decente, elegante y peinado. Además, lleva dos hermosos ramos de flores en las manos.

—Hola, preciosa. Una para ti —me entrega un ramo de tulipanes—. Son tus favoritos, ¿no?

—Sí... ¿cómo lo sabías?

—Secretos.

—Si de secretos se trata... si mi mamá pregunta si has probado el pasticho antes, di que no.

—¿Por qué?

—Solo di que no.

Lo hago pasar y se lo presento a mi mamá. Parecen congeniar de inmediato; estuvieron toda la noche conversando fluidamente mientras yo los observaba a ambos completamente en shock.

—¿Así que te gustó mucho el pasticho? —pregunta mi mamá, complacida.

—Es la primera vez en mi vida que pruebo algo tan delicioso —responde Zayden sin pestañear.

Ambos se ríen de buena gana.

Qué miedo ver a mi mamá riéndose así...

—¿Y de dónde conoces a Ivanna? —inquire ella con curiosidad.

—Ya la conocía desde antes, solo que nunca me atreví a hablarle. Fue en la pista de patinaje donde ella entrena que nos encontramos en persona y empezamos a coincidir.

¿Me conocía desde antes?

—¡Qué lindos! —exclama mi mamá.

Después de cenar, acompañé a Zayden hacia la salida.

—Bueno, tal parece que todo salió bien —dice mirándome con una sonrisa triunfal.

—Pues sí, sorprendentemente... Oye, Zayden, ¿por qué dijiste que me conocías desde antes? ¿Cómo?

—Te conocí cuando estaba en el hospital.

Lo miro confundida.

—¿A qué te refieres?

—Tuve cáncer hace dos... casi tres años.

Me quedo en completo silencio, sintiendo un vuelco en el estómago.

—Lo siento mucho...

—Está bien —responde con calma.

—¿Por eso habías desaparecido de las redes sociales?

—¿Me stalkeaste? —me mira con aire divertido.

—Bueno, sí... un poco —admito nerviosa.

—Bueno, sí. Dejé las redes porque, si te soy sincero, me dio demasiada inseguridad. Mis seguidores vieron cómo mi aspecto decayó día a día —nos sentamos juntos en las escaleras del porche de mi casa—. Siempre estaba de mal humor, no quería hablar con nadie... Sé que para Luka, quien estuvo allí durante todo el proceso, fue difícil y bastante problematico cuidarme y acompañarme —me mira a los ojos—. Pero en mi habitación del hospital me pusieron a un compañero súper molesto y demasiado hablador.

—¿Evan, no?

—Sí. Al principio me caía mal, pero luego nos hicimos grandes amigos.

—¿Por eso terminó tu última relación?

—Sí —me sonríe con nostalgia—. A ella la consumía la angustia, las llamadas de emergencia y todo lo que conllevaba mi salud.

Le tomo la mano con suavidad.

—Ella y yo terminamos en buenos términos —continúa él—. Entendí sus razones y ella las mías; no quería verla sufrir, pero aun así no dejó de preocuparse por mí.

—¿Y dónde está ella ahora?

—Creo que vive con su nuevo novio en algún lugar de España. Pero lo que me alegra es que está feliz, y eso es lo que realmente importa.

No lo pude evitar, así que me incliné y lo abracé fuertemente.



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En el texto hay: romance juvenil y amistad

Editado: 23.10.2026

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