Después de lo del cuarto de la ira, Zayden y yo nos quedamos charlando, lo cual me resultó extrañamente cómodo. Me hablaba de todos los lugares a los que ha ido y de no sé cuántas cosas que ha escalado buscando sentir la adrenalina. Sin embargo, hay algo en su mirada que me dice que aún no me lo cuenta todo; pero lo entiendo, al fin y al cabo soy una completa extraña.
Es raro. Probablemente fue la mejor noche que he pasado en mucho tiempo, nunca había estado en un lugar así. Y sí, sé lo que dije: el tipo es un idiota, egocéntrico y arrogante... pero en el fondo tiene corazón.
Cuando me contó lo de su amigo casi me hace llorar. La idea de perder a esa persona que tanto te apoya, que te quiere y con quien has compartido momentos inolvidables es horrible. Zayden me confesó que su mejor amigo, Evan, perdió la vida después de luchar contra el cáncer. No voy a negar que me dieron unas ganas enormes de abrazarlo. No quiero ni pensar cómo sería mi vida si Naomi no estuviera en ella.
Me contó cómo fue ir a terapia. Dijo que le costó bastante porque al principio casi no hablaba; en lo único que pensaba era en que él merecía el destino de su amigo y no al revés. Pero al final entendió que son cosas de la vida y que uno no puede cambiar el destino. También me aseguró que si Evan lo escuchara hablar así, le daría un golpe.
Me acompañó hasta mi casa. Cuando entré, me asomé disimuladamente por la ventana y lo vi mirando hacia mi puerta, como si se le hubiera olvidado decirme algo. Sin embargo, no dijo nada: simplemente se dio media vuelta y se fue. De cierta manera, me duele verlo así a pesar de que casi no lo conozco. Parece un buen chico... o capaz la ridícula soy yo.
Sinceramente tampoco he dormido lo suficiente y por eso ando pensando cosas como estas. Llevo dos horas acostada desde que se fue y lo único que ronda por mi cabeza es que todavía no le he enviado el boceto corregido a la entrenadora.
Puta madre. Eso me pasa por pendeja.
Al final logré dormirme unas pocas horas.
El sonido de mi alarma me despierta. Como odio que suene a las seis de la mañana. Me levanto con el cabello hecho un desastre.
—¡Ivanna, a desayunar! —grita mi mamá desde la cocina.
—¡Ya voy! —respondo, poniéndome mis pantuflas de conejo.
Voy al baño a cepillarme mientras pongo en el teléfono Art Deco de la diosa Lana del Rey. Hacer mi rutina de skincare es lo más relajante del mundo.
—¡Ivanna, mira muchacha, la comida se te va a enfriar! —vuelve a gritar desde el comedor.
Y hasta ahí llegó la magia.
—¡Ya voy, dame un chance!
Salgo del baño y me voy a mi habitación a cambiarme. Me pongo unos jeans acampanados, una blusa marrón para ir cómoda, zapatos blancos y lo que nunca puede faltar: mis accesorios. No me dieron ganas de maquillarme mucho, así que solo me puse protector solar, un poco de gloss y me recogí el pelo. Listo: más cómoda y divina, imposible.
Bajo las escaleras y me siento en el comedor a desayunar con mi mamá, quien parece estar hablando por teléfono.
—¿Hablastes con papá?
—Sí, mañana regresa de su «supuesto» viaje de negocios.
—Pusieron fotos con toda la gente del área donde trabaja...
—¿Y?
—¿Por qué supones que no es de negocios?
—Porque él no me va a agarrar de loca.
Esto está mejor que una novela.
—¿Vas a trabajar hoy? —le pregunto.
—Sí, regreso como a las ocho de la noche. Hay comida en la nevera, nada de traer gente a la casa y cuando te vayas a dormir cierras bien y apagas todo.
—Bien.
—Y nada de estar en la calle mucho tiempo.
—Tengo veinte años, mamá.
—Pregúntame... Hay mucha gente loca allá afuera.
—Bien.
—¿Y quién es el chico con el que saliste ayer?
Mierda. ¿Cómo carajos me vio?
—Es un amigo.
—¿Y por qué no lo conozco?
—No te voy a presentar a todos mis amigos.
—¿Por qué no?
—Yo tampoco te pido que me me presentes a todos tus compañeros de trabajo.
—Mira, Ivanna Deyanira...
Dios, cómo odio mi segundo nombre.
—Me voy a trabajar, que es el único lugar donde no me estreso —dice agarrando sus llaves y caminando hacia la puerta.
Veo cómo se va y dejo el desayuno a un lado.
—Se me quitó el hambre... —miro el plato de cereal—. Bueno, mentira —y sigo comiendo.
Después de un rato caminando hacia la pista, veo a lo lejos a Naomi besándose con un chico de rasgos asiáticos y muy, muy guapo. Ella me ve, se despide del chico y se acerca corriendo hacia mí.
—Casi te dejan sin sangre y sin labios —me río.
—¡Cállate! —se ríe ella también—. Se llama Kai, es amigo de unos primos míos que son de China.
—¿Así que tienes primos chinos?
—Obvio, no por nada tengo estos hermosos rasgos y ojos únicos.
—Wao, y Kai parece modelo.
—Lo es, en realidad está aquí para hacer un casting. Pero eso no importa, ahora cuéntame de tu príncipe azul.
—¿Zayden? Pues nada nuevo.
—¿Cómo que nada? Me contaste que salieron y que la pasaron bien.
—No fue una cita ni nada, solo me llevó a un lugar para desahogarme y ya.
—¿No intercambiaron números?
—¿Qué? No, ¿para qué?
—Ivanna, eres muy lenta de verdad. Se nota que ese chico está interesado en ti.
—Claro que no.
—¿No?
—No.
—¿Entonces por qué se acerca hacia nosotras con tu batido favorito?
Me doy la vuelta y veo a Zayden acercándose con dos batidos; uno de ellos es de Oreo, mi favorito.
Mierda, ¿por qué se ve tan atractivo?
—Hola, chicas —nos saluda, extendiéndome la bebida—. Para ti, preciosa.
—Quedamos en que no me ibas a decir así...
—Ya lo sé, pero no lo puedo evitar.
—Pues evítalo... Y gracias —respondo agarrando el batido.
Naomi nos observa con una sonrisa divertida.
—Oye, ¿tu hermano Luka va a la fiesta de esta noche? —pregunta Naomi, pasándome un brazo por encima del hombro.