La Flor del Ángel Caído

CAP 13. Lo que quedo en Silencio.

La mañana llegó con una calma extraña.

No era paz.
Era la clase de silencio que queda después de una tormenta… cuando todo sigue en pie, pero nada volvió a ser igual.

La luz del verano entraba por las ventanas abiertas, tibia y dorada, deslizándose por la sala principal.
Iluminaba muebles movidos, tierra aún esparcida cerca de la puerta trasera y algunos pétalos que habían quedado atrapados en el suelo desde la noche anterior.

Kael seguía inconsciente.

Lo habían acomodado en el sofá grande, cubierto con una manta ligera.
Su respiración era estable, aunque pesada. A veces sus dedos se tensaban apenas, como si incluso dormido siguiera luchando algo invisible.

A su lado, sentada en el suelo y con la cabeza apoyada cerca de su brazo, Arlina dormía profundamente.

No se había separado de él en toda la noche.

Una de sus manos seguía aferrada a la de Kael.

Lia apareció en la entrada de la sala con una taza de té entre las manos. Se detuvo al ver la escena.
Sus ojos se suavizaron.

Detrás de ella llegó Elías, más cansado de lo que admitiría jamás.

Observó a Arlina en silencio unos segundos.

— Nunca la vi quedarse así por nadie — murmuró Lia.

Elías cruzó los brazos.

— Entonces empiezas a verla de verdad.

Lia no respondió.
Solo siguió mirando a la joven dormida junto al muchacho que la noche anterior casi se rompe frente a todos.

…

Más tarde, Aurelion estaba de pie frente a Kael.

Su postura impecable.
Recta. Elegante. Las manos entrelazadas detrás de la espalda.

Un círculo tenue de símbolos dorados giraba lentamente sobre el cuerpo inconsciente de Kael, escaneando las marcas oscuras que aún quedaban en su cuello.

Aurelion entrecerró apenas los ojos.

— Interesante…

Nyra estaba apoyada en el marco de la puerta, observándolo con aparente desinterés.

— ¿Preocupado? — preguntó.

Aurelion no la miró.

— Analizando.

Nyra ladeó la cabeza.

— Eso dicen los preocupados orgullosos.

Una pausa.

Aurelion Alzó mínimamente la comisura de sus labios.

— Y eso lo dicen quienes se entretienen provocando.

Nyra sonrió apenas.

— Entonces ambos seguimos siendo previsibles.

El símbolo sobre Kael cambió.
Se fracturó un instante… y volvió a unirse.

La expresión de Aurelion se endureció.

—El sello no se rompió.

Nyra dejó de sonreír.

—¿Cambió?

  • Si, el pacto cambio.

Su mirada fue hacia Arlina, aún dormida a su lado.

—Su vínculo se mezcló con la estructura del pacto.

Su mirada fue hacia Arlina, aún dormida a su lado.

— Ella interfirió la estructura.

Nyra observó a la muchacha con atención distinta.

— Entonces Zhakar ya no lo posee del todo.

— No.

— Pero Kael podría quebrarse intentando sostener ambas fuerzas.

Aurelion no respondió.
No hacía falta.

…

En la cocina, la atmósfera era otra.

Sam estaba de pie junto a la mesa, señalando con una cuchara como si dirigiera una investigación oficial.

— Yo digo que Kael es mitad dragón.

Chloe lo miró incrédula.

— Sam… los dragones no existen.

Iván, sentado con una tostada en la mano, levantó una ceja.

— Después de anoche, ese argumento perdió valor.

Adrián asintió con seriedad fingida.

— Personalmente creo que está poseído por un exnovio tóxico Interdimensional.

Alice casi escupió el café.

— ¿Qué clase de teoría es esa?

— Una lógica. Mira el patrón: obsesión, control, aparece de noche y arruina vidas.

Iván soltó una carcajada.

— Tiene puntos sólidos.

Alice lo señaló.

— No lo apoyes.

Sam se inclinó conspirativo sobre la mesa.

— ¿Y si Arlina también es sobrenatural?

Chloe asintió con una mano en su barbilla modo pensativa

— Le gritó y nacieron flores.

Iván asintió lentamente.

— Confirmado. Cuando se enoje, todos corran.

Adrián miró a Alice.

— Tú también das miedo cuando te enojas.

— Cállate.

— ¿Eso fue una amenaza?

— Una advertencia.

Sam dio un salto hacia atrás.

— ¡Tensión romántica detectada!

Alice tomó una servilleta y se la lanzó a la cara.

Adrián reía demasiado.

Fue en ese momento cuando una voz tranquila sonó desde el otro extremo de la mesa.

— El desayuno está muy bueno. Gracias.

Todos se congelaron.

Giraron lentamente la cabeza.

Nyra estaba sentada allí.

Nadie supo en qué momento se había sentado.

Tenía un plato frente a ella y cortaba fruta con perfecta calma.

Lia, junto a la cocina, respondió casi por reflejo:

— No fue nada, y gracias por el halago.

Silencio absoluto.

Sam dejó caer la cuchara.

Chloe pestañeó varias veces.

Adrián miró alrededor como si buscara ayuda divina.

Alice cerró los ojos un segundo, avergonzada.

Iván fue el primero en reaccionar.

— Honestamente… esto mejora mucho la mañana.

Nyra lo miró con ligera diversión.

— Coincido.

Sam tragó saliva.

— Tú… eh… ¿escuchaste algo anoche?

Nyra llevó una taza a sus labios.

— Muchas cosas.

Todos se inclinaron hacia adelante.

— ¿Cómo qué? — preguntó Chloe.

Nyra pensó un segundo.

— Viento.

— …

— Pasos.

— …

— Gritos existenciales.

Sam se atragantó.

Adrián abrió la boca.

— ¿Qué significa eso?

Nyra lo miró con calma absoluta.

— Que alguien estaba pasando un mal momento.

Iván soltó una carcajada tan fuerte que casi tira la silla.

Alice se cubrió la cara.

— Iván no te rías así vas a romper la silla…

Chloe señaló a Nyra.

— ¿Viste sombras?

Nyra tomó otro trozo de fruta.

— Depende de cuánto quieran dormir tranquilos esta noche.

Sam palideció.

— No quiero saber nada más.




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