Tres años después
El silencio en los bosques de Forks ya no significaba peligro, sino paz. Habían pasado tres años desde la caída de Volterra, tres años desde que el mundo vampírico se sacudió las cadenas y el clan Olímpico, junto a la manada, empezó a vivir de verdad. O, al menos, a vivir de esa forma caótica y peculiar que solo ellos sabían.
—¡LARA SPENCER DIGGORY HALE!
El grito hizo temblar los cimientos de la casa y espantó a una bandada de pájaros del bosque. En la habitación principal, Lara dio un brinco y, a velocidad vampírica, se escondió detrás de Jasper, sujetándolo de los hombros como si fuera un muro.
—Dime que no es lo que creo —susurró, asomando apenas media cabeza.
—Si te refieres a tu tío descubriendo un certificado de matrimonio con el sello de Nevada y la firma de un imitador de Elvis... sí, es exactamente lo que crees —respondió Jasper con media sonrisa. Con el pánico de ella sumado al suyo propio, sus ojos oscilaban entre la diversión y el más puro instinto de supervivencia.
La puerta se abrió de golpe. Su nueva naturaleza hacía que Jason luciera imponente, pero en ese momento lo que daba miedo era verle la mandíbula tan tensa que parecía que se quebraría en cualquier momento y el papel que arrugaba con furia en la mano.
—¿Las Vegas? ¿En serio, Lara? —gritó señalándola—. ¡Morí, volví convertido en vampiro, aguanté la sed de un neófito, todo para poder llevarte al altar y ustedes se escapan a casarse a una capilla de mala muerte!
—¡Técnicamente fue una ceremonia íntima y muy romántica! —se defendió ella desde su trinchera, moviéndose de lado a lado mientras él intentaba taparla—. ¡Además, Jasper se veía hermoso con el traje de satín que nos prestaron!
—¡No te escondas detrás de tu esposo! —Jason intentó avanzar, pero el brazo de Jasper lo frenó con toda amabilidad—. Y tú, Hale, se supone que eres el razonable de la familia. ¿Cómo accediste a casarte en la ciudad del pecado?
—Señor, con todo respeto —respondió Jasper—, cuando a su sobrina se le mete algo en la cabeza no existe fuerza en el mundo capaz de detenerla. – Haciendo que Lara asienta detrás de él.
—Les daría una paliza a los dos si no supiera que Esme ya está organizando una segunda boda de trescientos invitados —gruñó Jason. Dio media vuelta hacia la puerta, pero se detuvo en el umbral sin mirarlos—. Y esta vez yo te entrego en el altar, Lara. Que no se te olvide. – Después salió murmurando cosas sobre lo baratas que debían de ser las flores de plástico de Las Vegas. Lara, que había sentido su emoción por encima de todo ese teatro, sonrió.
—Sobrevivimos a los Vulturis y casi morimos a manos de tu familia —bromeó Jasper, atrapándola entre sus brazos y dejándole un beso en la frente—. Señora Hale.
—Valió totalmente la pena, señor Hale.
***
Más tarde, la casa se había relajado y los Cullen compartían el claro con la manada. A lo lejos, Jacob y Bella reían mientras Jason, el pequeño, jugaba a las escondidas con sus hermanos y congelaba el tiempo cada vez que estaban a punto de atraparlo. Lara los observaba con orgullo. Caminaba cerca del límite del bosque cuando una figura enorme le tapó el sol. Emmett, con un balón de fútbol americano bajo el brazo.
—Vaya, vaya. Miren a quién tenemos aquí. La fugitiva de Nevada. – Dijo sonriendo con los brazos cruzados.
—Ni empieces. Ya tuve suficiente con mi tío por hoy —respondió Lara, rodando los ojos.
Emmett rio, pero su expresión se suavizó de forma inusual. Se apoyó contra un árbol y miró un momento hacia donde jugaban los niños antes de volver sus ojos dorados hacia ella.
—Sabes... yo ya me lo esperaba —dijo, con un tono extrañamente cómplice—. Desde que Jasper empezó a actuar raro, esas miradas que se mandaban ustedes dos, y esa tal “Emily Prescott” que apareció en la boda de Edward y Bella, junto a Samantha, con tus mismos gestos de cuando te sales con la tuya. —Hizo una pausa y su sonrisa se apagó un poco—. Lo de Edward... tomó sus decisiones y pagó por ellas. No voy a fingir que no dolió, pero tampoco voy a fingir que no vi cómo llegamos hasta ahí. Yo sabía que había alguien más moviendo las fichas. Digamos que tengo buen ojo para reconocer cuando alguien juega la partida de ajedrez más larga de su vida.
Lara lo miró sorprendida. Emmett nunca había sido el miembro más analítico de la familia, pero entendió que siempre había sido mucho más perceptivo de lo que aparentaba, había notado la farsa de ella y de Jasper mucho antes que los demás y se había callado para protegerlos. Él dio un paso al frente y le revolvió el cabello con brusquedad, haciéndola quejarse.
—Solo quería decirte que me alegra tenerte en la familia. Ya me hacía falta una hermana que no fuera presuntuosa y que nos obligara a hacer cosas que no queríamos.
—¿Presuntuosa yo? —Lara alzó una ceja, aunque sintió un calorcito extraño en el pecho. La solemnidad del momento empezaba a ganarle, así que hizo lo único que sabía hacer en esos casos—. Ya, ya, basta. Es demasiada cursilería para un solo día y me va a dar diabetes. – Dijo haciendo que Emmett le quiñara el ojo y se alejara.
Por primera vez en su inmortalidad, el peso real de la palabra hogar. La venganza había terminado. Su tío estaba de vuelta, los pequeños jugaban bajo el sol y los fantasmas del pasado, por fin, descansaban.
Sintió una presencia fría a su espalda y no necesitó girarse para saber quién era. Jasper la rodeó por la cintura y la pegó a su pecho.
—¿Lista para el resto de la eternidad? —susurró contra su oído.
Lara se volvió entre sus brazos y entrelazó los dedos con los de él. El anillo que habían comprado en la tienda de un Elvis de Las Vegas brilló bajo el sol de Forks.
—Siempre y cuando sigas recitándome canciones de One Direction, estoy lista para lo que sea. - Jasper sonrió y empezó a susurrarle el primer verso al oído, desafinando a propósito. Ella se rio a carcajadas, y bajo el cielo de Forks compartieron un beso que sabía a gloria, a familia y a todos los momentos que aún les quedaban por vivir.