Después de la presentación oficial, esperaba que las cosas mejoraran. Que Jasper me hablara, que dejara de huir cada vez que me sentaba, que Emmett dejara de mirarnos como si estuviera viendo la final del mundial. Nada de eso pasó, por supuesto
Al día siguiente, Jasper se levantó de la mesa en cuanto me vio llegar. Dos días después, cambió de pasillo para no cruzarse conmigo, y el viernes, cuando coincidimos en la puerta del laboratorio, se quedó tan quieto que por un segundo pensé que se había convertido en estatua.
—Hola —dije sonriendo, esas sonrisas que doy cuando quiero parecer una niñita tierna
—Hola —respondió, sin mirarme, y se fue. Bueno, no más niñita tierna.
***
Tres días desde el día que prácticamente me dijo… “Te odio, y te desprecio, no quiero ser tu amigo”. Y yo, tengo muchas virtudes, muchísimas, pero la paciencia no es una de ellas, como bien dice mi tío… Atrapas mas moscas con un plato pegajoso que con miel… ¿O no era así? Bueno no importa, el punto aquí es que Jasper Hale me iba a conocer.
—No te muevas —le dije, levantando un dedo—. Ni se te ocurra. – Amenace… - Era muy divertido la verdad, considerando que el hombre media casi dos metros y yo a duras penas rosaba los 1.60
—Lara...
—¿Qué te hice? – Pregunté mirando hacía arriba, tendría un dolor de cuello después des esto. Parpadeó, su cara pasó de la sorpresa a una mezcla de culpa y pánico, que en alguien tan serio resultaba casi cómica, aguanta Lara, aguanta la risa.
—¿Perdón?
—Okey, te perdono, pero aún así quiero saber que te hice, porque llevo una semana comiendo en tu mesa y cada vez que me siento, tú te vas. Y no me lo tomo personal, pero me lo estoy tomando personal. —Crucé los brazos—. Si te caigo mal, dímelo. Prefiero un “no me caes bien” a que me trates como si tuviera una enfermedad contagiosa.
—No me caes mal. - ¿En serio? Giré los ojos
—Entonces, ¿qué es? – Adivinare… “No eres tú, soy yo” “Es complicado”
Dio un paso hacia mí y se detuvo, dio otro y se detuvo otra vez, como si hubiera una línea invisible en el suelo, se pasó una mano por el pelo y soltó un suspiro largo. Esto ya parece novela con una guionista escribiendo a altas horas de la madrugada.
—Es... complicado. – Que alguien le diga a la guionista de mi vida que me de un descanso.
—Tengo tiempo. – Respondi
—Es tu... —Hizo una pausa muy larga—. Perfume.
—¿Mi perfume? – Interesante, lo anotaré para futuras discusiones… Los chicos de hoy en día, cada vez mejoran sus escusas. Le daré puntos por originalidad
—Es muy fuerte.
—No uso perfume. – Bromee, obviamente usaba perfume
—Tu champú, entonces. – ¿Qué carajos acaba de decir?
—¿Mi champú? —Me llevé una mano al cabello, indignada—. ¡Es de fresas, frambuesas y todos los frutos rojos que puedas imaginar! Mi tío lo compra en oferta, ¿me estás diciendo que me evitas por mi champú? - En realidad es de coco
—Los frutos rojos son muy... intensos. – Dijo asintiendo muchas veces
Me miro, y lo mire, sonrió y sonreí, turutu turutu...Y yo lo invité a bailar, y él me dijo que sí...
Bueno ya, nos miramos, con la solemnidad de un juez dictando sentencia, y de pronto sentí que algo se aflojaba dentro de mí, la rabia, la vergüenza, las ganas de lanzarle una bomba atómica a la cara. Todo desapareció de golpe, como si alguien hubiera bajado por fin el volumen de una canción de CD9. Me quedé inmóvil, muy tranquila, preguntándome qué demonios había pasado.
—Espera —dije—. ¿Qué hiciste? – Dije dando un paso atrás
—No hice nada. – Dijo mirándome raro
—Estaba a punto de gritarte, y de repente no. Nada... – Lo señale con ambas manos. - Edward dijo que eras muy bueno “calmando a la gente”. – Agregué haciendo comillas con los dedos. - pero esto es sospechoso. – Y raro, muy raro. Aunque todos ellos son la definición de raro
—Es solo... una habilidad social.
—Una habilidad social —repetí. Ingenioso
—Sí.
—Qué inteligente. – Dije mirándolo. – Y rápido para mentir, como todos los de tu especie claro. - Bromee, hubo un silencio largo. Jasper se miró las manos, luego levantó la vista hacia mí, y con una voz muy baja, casi sin aire.
—No te evito porque me caigas mal, te evito porque me caes demasiado bien y no sé qué hacer con eso. – Hay pocas formas de callarme la boca, hasta el momento solo conocía una… La comida. Me quedé sin palabras. Lo que es, para mí, un récord histórico.
—Ah —Y de mi boca solo salió eso
—Sí.
—Ah. - Repetí
—Eso mismo.
Un grupo de alumnos pasó a nuestro lado, mirándonos con curiosidad, Jasper desvió la vista, incómodo, y yo, para romper la tensión, saqué los audífonos del bolsillo y me los puse con aire dramático.
—Bueno. Entonces ya está. – Dije encogiéndome de hombros
—¿Ya está? – Preguntó confundido mirándome fijamente
—Ya está, no me odias, solo no te gusta mi champú. Lo acepto. – Dije tranquila.
Empezó a sonar The Fox a volumen bajito, y vi que Jasper se quedaba mirando el cable con una expresión rara. Dio un paso adelante, con mucho cuidado, extendió la mano y, con dos dedos fríos como el hielo, me quitó un audífono se lo llevó al oído, escuchó medio segundo, una de sus cejas subió.
—No sé qué decir al respecto. – Dijo sonriendo
—Que es un temon. – Sonreí
—Si tú lo dices. –
—Vas aprendiendo. – luego de eso empezó a sonar I Would, una sonrisa pequeña apareció en su rostro, torcida, como si no estuviera acostumbrado, pero tampoco pudiera evitarla. Empezó a tararear la melodía, bajito, tan desafinado que me costó no reírme.
—Cantas horrible —le dije riendo
—Lo sé —respondió, con una chispa de picardía en los ojos—. Es parte del encanto.
Y por primera vez desde que lo conocía, no se fue. Se quedó ahí, en medio del estacionamiento, devolviéndome el audífono con una lentitud absurda. Y yo supe, con la claridad que da una mala decisión inminente, que esa sonrisa me iba a traer problemas.