Lecciones De Olvido

CAPITULO 11

La sala de profesores del Santa Clara bullía con el murmullo habitual, pero en la mesa central, el ambiente era pesado. Carlos golpeaba un lapicero contra el escritorio, con la mirada fija en el cronograma de clases.

  • No me gusta que Débora haya buscado un reemplazo para Mariana tan pronto —soltó Carlos, sin ocultar su amargura.

Luna, que revisaba unas fichas psicotécnicas, levantó la vista con suavidad.

  • Era necesario, Carlos. Los chicos están muy atrasados y el ministerio exige que se cumplan las horas de lengua Castellana.
  • ¿Y cuando Mariana se recupere? ¿Sacarán a Giraldo así como así? —preguntó él, temiendo que el lugar de su prometida fuera borrado no solo de su memoria, sino del colegio.
  • Según lo que dijo la señora Alcántara, sí. Es solo una suplencia temporal —respondió Luna intentando calmarlo.

Alfonso, que hasta ese momento había permanecido en silencio observando por la ventana, se dio la vuelta con una expresión indescifrable.

  • No creo que eso dure mucho —dijo con voz plana.
  • ¿Por qué lo dices? —preguntó Luna, extrañada por su tono.
  • Llámalo sexto sentido —sentenció Alfonso, cruzándose de brazos—. En este colegio, las cosas "temporales" suelen volverse definitivas por las razones equivocadas.

Carlos lo miró con fijeza. Las palabras de Alfonso resonaron en él como una advertencia. Empezaba a sentir que todos, incluso las autoridades del colegio, daban a Mariana por "perdida".

Más tarde, mientras Carlos organizaba sus apuntes, su mente regresó a la visita que le hizo a Mariana esa mañana. Había encontrado las rosas blancas en la mesa. Mariana le había dicho que le daban paz, pero también le confesó que Víctor la visitaba con frecuencia y le decía cosas que la dejaban confundida.

"¿Por qué Víctor pasaría tanto tiempo en su casa?", se preguntó Carlos. Recordó la actitud defensiva de Víctor en el hospital y su insistencia en que él la engañaba. Las piezas empezaban a flotar en su mente: la "ayuda" de Melissa, las visitas constantes de Víctor... algo no encajaba. Decidió que a partir de ahora, sus visitas serían sin previo aviso. Tenía que ver quiénes entraban en esa casa cuando él no estaba.

En un rincón apartado de la misma sala, la alianza entre Víctor y Melissa estaba por estallar. Víctor caminaba de un lado a otro, visiblemente alterado.

  • Melissa, ¿qué es lo que estás haciendo? —le siseó Víctor—. Mariana está recuperando la memoria poco a poco... ¡y la estoy perdiendo!

Melissa soltó una risa irónica.

  • ¿La estás perdiendo? Por favor, Víctor, si Mariana nunca ha sido tuya. Deja de alucinar.
  • ¡Pero ya casi lo era! Parecía que mis palabras estaban calando, pero tus visitas... parece que le ayudan mucho.

Melissa se detuvo en seco, sintiendo un sudor frío.

  • ¿Le ayudan mucho a qué?
  • A recordar —rugió Víctor en voz baja—. Parece que tu presencia le refresca la memoria, o lo que le dices...
  • ¿Lo que le digo? —Melissa se inquietó, su voz volviéndose nerviosa—. Pero si todo lo que le digo es mentira, Víctor. Sigo el plan al pie de la letra.
  • ¿Estás segura? —la acorraló él—. ¿Por qué me mientes?

Melissa, acorralada y harta de la arrogancia de Víctor, decidió atacar donde más le dolía.

  • Yo no te estoy mintiendo —replicó ella, recuperando la compostura—. Posiblemente la que le está refrescando la memoria a Mariana es Luna. Ya te dije que son muy amigas.
  • ¿Luna? No puede ser... ¿Por qué haría algo así?
  • Tal vez para recuperar a su exesposo —soltó Melissa con una sonrisa venenosa.

Víctor se quedó de piedra, mirándola con asombro y terror.

  • ¿Quién es el exesposo de Luna?
  • ¿No me digas que se te olvidó que estuviste casado con ella? —se burló Melissa—. La de la amnesia es Mariana, que yo sepa, no tú.
  • ¿De dónde sacaste esa idea tan absurda? —intentó defenderse él, pero su palidez lo delataba.
  • ¿No es verdad?
  • No, no lo es —mintió Víctor, aunque su voz tembló.

Melissa se acercó a él, disfrutando de su caída.

  • Ahora el que miente eres tú. Sé perfectamente que estuviste casado con Luna. Sé que se divorciaron porque ella te fue infiel y ahora ella está aquí para reconquistarte. Todo el mundo en San Juan lo sabía, Víctor. ¿Creíste que aquí nadie se enteraría?
  • Eso no es verdad —balbuceó él.
  • Tú sabes muy bien que sí lo es.

Víctor la miró con odio puro, sus ojos inyectados en sangre.

  • Y si es verdad... ¿a ti qué te importa?
  • Ni un rábano —respondió Melissa con desprecio—. Solo te doy un consejo: hazle caso a tu mujercita y deja en paz a Mariana. Porque ella no te va a querer ni aunque se quede con amnesia de por vida. Estás perdiendo el tiempo y arriesgándote a que Carlos se entere de todo.




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