Lecciones De Olvido

CAPITULO 16

La noche previa a la boda, el ambiente en casa de Carlos era de funeral. Luna y Alfonso intentaban consolar a un Carlos que parecía haber envejecido diez años en una semana.

  • Mañana es la boda de Mariana y Víctor —anunció Luna, rompiendo el silencio sepulcral.
  • ¿Piensas ir, Carlos? —preguntó Alfonso con cautela.
  • No. No podría soportar ver cómo ese hombre se la lleva frente a mis ojos.
  • Tienes que hacerte a la idea de que ya es de él, Carlos —sentenció Alfonso, tratando de ser pragmático.

Carlos golpeó la mesa con frustración.

— ¡Si tan solo ocurriera un milagro!

— O si la raptaras —soltó Luna, medio en broma, medio por desesperación. Carlos levantó la vista, sus ojos brillaron por primera vez en días.

— Secuestrarla... es la mejor idea que me has dado.

— ¡Lo dije en broma, Carlos! —se asustó Luna—. Mariana eligió casarse con él. Es su decisión.

— ¡Ella no puede decidir porque no recuerda nada! —estalló Carlos—. Está bajo el hechizo de las mentiras de Víctor. Si la dejo entrar a esa iglesia, la habré perdido para siempre.

En la mañana de la boda, la casa de Mariana era un hervidero de nervios. Melissa y Luna terminaban de ajustar el vestido de novia. Mariana, pálida y con la mirada perdida, parecía una estatua de sal.

  • Mariana, cambia esa cara. Vas para tu boda, no para un entierro —le pidió Luna, tratando de animarla.
  • Ojalá fuera mi funeral —susurró Mariana.
  • ¡Mariana! —exclamó Melissa, horrorizada.
  • Es la verdad. Siento que estoy viviendo una vida que no me pertenece, en un lugar que no reconozco.

Melissa sintió un nudo en la garganta.

  • Estás aquí, en la tierra, y te vas a casar. Deja de hablar así y terminemos de arreglarte.

Minutos después, Melissa y Luna se adelantaron a la iglesia. Mariana se quedó sola, esperando el coche. Al sonar la bocina, suspiró profundamente.

— Ayúdame, Dios mío, a resistir esto. Casarme con un hombre amando a otro... —Salió de la casa y subió a la parte trasera del auto negro que la esperaba.

Mientras el auto avanzaba, Mariana notó algo extraño. El paisaje no era el que conducía a la parroquia principal.

  • Señor, ¿qué pasa? Ya deberíamos estar en la iglesia —dijo ella, inquieta.

El auto se detuvo en una calle solitaria. El chofer se quitó la gorra y se giró. Era Carlos.

  • La iglesia está muy lejos, señorita —dijo él con una sonrisa triste.
  • ¿Carlos? ¿Qué haces aquí? ¡Tenemos que ir a la iglesia, Víctor me espera!
  • Tú no te puedes casar con él, Mariana. No lo amas.
  • ¡Le di mi palabra! No sería justo dejarlo plantado. Además... él me contó lo tuyo con la alumna, Carlos. Y tú no lo has negado.

— Las cosas no son así, Mariana... —intentó explicar Carlos, pero ella lo interrumpió con firmeza.

— No quiero escuchar nada. Llévame a la iglesia y no intervengas más.

En la iglesia principal, los invitados murmuraban. Víctor, vestido de gala, caminaba de un lado a otro en el atrio, sudando frío. Sus colegas, Débora, Fernanda y María, lo observaban con distintas expresiones.

  • ¿Por qué no llega? Mariana es la puntualidad hecha persona —decía Víctor, consultando su reloj cada diez segundos.
  • Todas las novias se retrasan, profesor —trató de calmarlo María con un tono ligeramente sarcástico.

Llegó un auto, pero solo descendió el chofer que Víctor había contratado originalmente.

— ¿Dónde está Mariana? —rugió Víctor.

— No lo sé, señor. Fui a recogerla y ya se había ido. Me dijeron que salió vestida de novia en otro auto.

— ¡Maldita sea! —gritó Víctor—. ¡Esto es obra de Carlos!

Carlos no llevó a Mariana a su casa, sino a una pequeña capilla en las afueras. Allí, para sorpresa de Mariana, estaban Alfonso, Luna, Melissa y Andrés.

  • ¿Qué hacen ustedes aquí? —preguntó Mariana, bajando del auto confundida.
  • Vinimos a tu boda —dijo Luna.
  • Pero esta no es la iglesia que eligió Víctor.
  • Claro que no —intervino Alfonso—. Es la iglesia donde te vas a casar con Carlos.

Mariana miró a Carlos. La presión, la confusión y el impacto de ver a todos sus "amigos" conspirando contra Víctor fueron demasiado.

— ¿Están locos? Yo no puedo... —Las fuerzas le fallaron y se desplomó.

En medio del desmayo, la mente de Mariana hizo un "clic". Como un rompecabezas que se arma de golpe, las imágenes de la caída, las discusiones con Víctor y, sobre todo, la verdad sobre Carlos inundaron su conciencia.

  • Carlos... Carlos... —empezó a balbucear mientras abría los ojos.
  • Aquí estoy, mi amor —dijo él, sosteniéndola. Mariana miró a su alrededor y luego su vestido.
  • ¿Qué hago vestida así? ¿Por qué no estamos en la hacienda Alcántara? Todos se miraron extrañados. Melissa se acercó nerviosa.
  • ¿Qué es lo último que recuerdas, Mariana? —Me caí del caballo... y... —Mariana se tapó la boca—. ¿Por qué me iba a casar con Víctor? ¿Me engañó?




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