Lecciones De Olvido

CAPITULO 12

En los pasillos del Colegio Santa Clara, el aire se sentía eléctrico. Víctor, con los ojos inyectados en furia, alcanzó a Luna y la tomó bruscamente del brazo, arrastrándola hacia un rincón oscuro.

  • Te advertí que no le dijeras a nadie sobre lo que hubo entre nosotros —siseó Víctor, apretando el agarre.
  • ¿Te refieres a que estuvimos casados? —respondió Luna con asombrosa calma, zafándose del tirón—. Yo no he dicho nada.
  • ¿No? ¿Entonces por qué Melissa lo sabe?

En ese momento, Andrés, el nuevo profesor de Lengua, pasó junto a ellos con un maletín de cuero y una expresión distraída.

  • Buenos días —dijo Andrés con cortesía.
  • Buenos días —respondieron ambos, fingiendo una normalidad inexistente.

Una vez que Andrés se alejó, Víctor retomó el ataque.

  • ¿Cómo se enteró entonces? Aparte de nosotros, nadie más lo sabe.
  • Tal vez se lo dijiste a Mariana —sugirió Luna con ironía.
  • ¡Imposible! Desde el accidente apenas y la he visitado —mintió Víctor, aunque su rostro reflejó una preocupación genuina. Si Melissa sabía la verdad, su fachada de "hombre soltero y enamorado" ante Mariana pendía de un hilo.

Más adelante, Andrés se cruzó con Melissa. El nuevo profesor parecía abrumado por el ambiente del colegio.

  • ¿Cómo te ha ido en el trabajo, Andrés? —preguntó Melissa con una sonrisa que no llegaba a sus ojos.
  • Más o menos. Los alumnos de once... no me quieren para nada.
  • No te preocupes. Esos chicos son lo peor —respondió Melissa con amargura—. Hacen lo que sea por llevar la contraria. Eso no es nada comparado con lo que han hecho antes.

La conversación fue interrumpida por un rumor que corría como pólvora en la sala de profesores. Carlos llegó tarde, con el rostro desencajado.

  • ¿No te has enterado de la tragedia, Carlos? —preguntó Melissa—. Adriana Ospina, de grado once, se suicidó.

Carlos se quedó petrificado. La oscuridad que rodeaba a ese curso parecía no tener fin, y la ausencia de Mariana se sentía más dolorosa que nunca.

Mientras el colegio lidiaba con el luto, Víctor llegaba a casa de Mariana. La encontró sola y vulnerable.

  • ¿Cuándo le vas a contar lo nuestro a Carlos? —presionó Víctor—. No aguanto más, estoy desesperado.
  • Quiero esperar a recordar todo con claridad —suplicó Mariana—. Si tan solo recordara por qué quería terminar con él...

Víctor vio su oportunidad. Suspiró teatralmente y la miró a los ojos.

  • Está bien, te diré la verdad. El motivo por el que ibas a dejarlo es porque lo encontraste besándose con una alumna de grado once.

Mariana retrocedió, golpeándose contra la mesa.

  • ¿Carlos me engañó? ¿Con una alumna?
  • No te quiere, Mariana. No como yo. Cuando vi que no lo recordabas, me alegré, porque ese engaño te dolió mucho. Pero ahora que te estás encariñando de nuevo con él, temí que volvieras a sufrir.

Mariana rompió a llorar. El vacío de su memoria ahora estaba siendo llenado con veneno. Aunque su corazón le gritaba que amaba a Carlos, la "lógica" de Víctor la estaba destruyendo.

Horas después, Mariana se presentó en el colegio. Carlos, al verla, corrió a besarla, pero ella se apartó con una frialdad que lo dejó helado.

  • Necesito hablar contigo, Carlos.

En la cafetería, Carlos intentó hablar de planes, de un curso prematrimonial, de esperanza. Pero Mariana lo interrumpió con una sentencia de muerte.

  • No me voy a casar contigo. Ni ahora, ni nunca. Sé que me engañaste con una alumna... y me voy a casar con Víctor.
  • ¡Eso es una mentira de Víctor! —gritó Carlos, desesperado—. ¡Él te está enredando!
  • No me mientas más —dijo ella, levantándose. Pero el esfuerzo mental fue demasiado. Un mareo súbito la derribó y cayó desmayada en los brazos de un Carlos aterrado.

En el hospital, el diagnóstico del doctor fue claro:

  • Tiene un "remolino" en la cabeza, Carlos. Trata de forzar recuerdos y la información contradictoria le causa un agotamiento mental extremo. Si le siguen dando información falsa o forzada, puede perder la memoria para siempre o perder la razón.

De vuelta en el colegio, Víctor acorraló a Melissa. Andrés intentó intervenir, pero Víctor lo echó con una agresividad salvaje.

  • ¿Quién te dijo lo de Luna? —exigió Víctor.
  • No te lo diré —desafió Melissa.
  • Entonces te acusaré del accidente de Mariana —amenazó él con una sonrisa macabra—. Todo el mundo duda de ti. Puedo manipular algunas "pruebas" para que te culpen directamente. Nadie dudará. Tú eliges: el nombre del informante o la cárcel.

Melissa, temblando de odio, cedió.

  • Fue Alfonso. Él y Luna pasan mucho tiempo juntos.




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