---Sala Patriarcal---
-En mi ultima misión, logre detener la presencia que estaba afectando al pueblo. Pudo confirmar que se trataba de restos del Dios Zeus, lo cual se puede tomar como una posible nueva amenaza- Aries, mantiene una mirada seria, pose firme, cabeza en alto, con ambas manso hacia atrás.
El pontífice, termina por fruncir el ceño, estando de pie delante de su alumno -Eso no puede significar nada bueno…- Menciona con un tono severo, y un ceño fruncido.
Vuelve hablar el pelilila -Es evidente que es una amenaza latente contra Atena- Asiente, Mu, mientras rinde su reporte.
-Mmmhh...- Se queda pensando un instante, mientras se lleva la mano hacia la boca -Tendré que contactarla de inmediato- Asiente, llevándose el brazo izquierdo hacia atrás reposando su espalda baja, y la derecha en puño al nivel de su boca -Y de igual forma, quiero que todos ustedes me reporten como van sus avances con respecto a sus alumnos- Da unos cuantos pasos hacia el escritorio, tomando unos papeles entre sus manos -Si esta maldad, que nos está acosando es verdadera, tendremos que estar preparados con todos listos para un nuevo ataque- Se gira de inmediato hacia el pelilila, quien mantiene una postura firme -Kiki, ¿Cómo va en su entrenamiento como tu suceder y reparador de armaduras?- Sus ojos fiushas se fijan severamente.
Mu, levanta su mirada directamente hacia esos ojos penetrantes -Kiki, ha mejorado extraordinariamente, como herrero- Asiente, notándose un toque de orgullo en su voz -De hecho le he encargado las armaduras de los caballeros de bronce y plata, ya que con su nivel puede perfectamente raparlas- Su rostro se mantiene sereno, aunque en sus labios se curvean levemente en una sonrisa -Aun así las doradas, las considero aun difíciles para él- Respira profusamente, sin dejar su noble postura -Me ha asistido en reparar algunas, pero creo que aún no está preparado para hacerlo solo, no quiero correr ningún riesgo- Confirma esto con firmeza, pero un destello de inquietud se puede vislumbrar en sus orbes esmeraldas.
Shion, nota este temor, y lanza un suspiró sonoro, y con unos pasos se posiciona delante de él, mirándolo de forma severa pero entendible -Puedo comprender perfectamente tus sentimientos, Mu- Le confirma esto con suavidad -Nadie quiere ver a sus alumnos, y… Casi hijos- Con esto toma los hombros del ariano -En una situación de riesgo, pero como sus mentores- Endurece su mirada -Lo único que podemos hacer, es prepararlos lo mejor posible para cualquier guerra, batalla o inconveniente que llegue a ocurrir- Desvía su rostro un poco, pues puede recordar el entrenamiento que le dio a ese joven pelilila, que sin duda, siente algo de arrepentimiento por lo rudo y hasta cruel que fue -Ya que si no lo hacemos de forma correcta, corren el riesgo de perder la vida a muy temprana edad- Lo dice con un rostro serio y compasivo.
Aries, se sorprende por un instante, y de igual forma baja la mirada, asintiendo suavemente con la cabeza -Eso lo comprendo muy bien, lo he vivido antes…- Suspira, algo derrotado -Kiki, estará listo para cualquier cosa, incluso el ser mi sucesor, lo lograra- Sus orbes verdes esmeralda, dicen la verdad, pero silenciosamente, guarda un secreto que no puede ser capaz de decir en voz alta.
Pero para el pontífice, maestro y figura paterna, mantenerle algo oculto es casi imposible -Mu, no siempre podemos darles la oportunidad de ser los niños y jóvenes que se suponen deberían ser- Junta ambas manos, entrelazándolas entre sí, mostrando unos ojos endurecidos por la edad -A veces, debemos ser estricticos y enseñarles que sus vidas, no son tan libres y fáciles, como a todos nos gustaría que fuera- Su boca puede mencionar esto con tanta convicción y severidad, pero su rostro, se aflige en señal de que no es por completó lo que cree, pero… Es lo que conoce.
Mu, por una parte, se queda mirando a su maestro, notando cada detalle en ese rostro que conoce muy bien, sintiendo una opresión en su corazón, pero también puede advertir que esas palabras van cargadas con un arrepentimiento que solo él puede entender -Todos hemos hecho lo mejor posible, para que ellos puedan ser felicites, aunque sea de forma corta en esta vida que decidimos tener…- Lo dice, con una débil sonrisa.
Y ese gesto, claramente Shion, lo recuerda, esa sonrisa de media, igual a cuando era solo un niño de cinco años, y a pesar de lo estricto que era, Mu, se la dedicaba a pesar de estar herido, comprendiendo que lo que esta haciendo es lo correcto.
Le dolía saber que ese siempre seria su destinó, sí las cosas fueran tan distintas, sí tan solo...
Sus cuarzos bajan levemente, sin aparta su postura imponente, con la diferencia que posiciona ambas manos sobre los hombros del pelilila -Mu… Perdona…- Pero, no logra terminar sus palabras, cuando se escucha la puerta de la sala patriarcal abrirse de golpe, dejando a los dos presentes bastantes sorprendidos, y a los soldados rasos de afuera, temerosos de la ira del pontífice Shion.
-¡¡¡SHION!!!- Rápidamente, el grito de Libra rompe el ambiente, quedándose bastante atento al frente.
Con solo verlos allí parados a ambos arianos, se queda mudo de inmediato.
El peliverde mayor, esta bastante cerca de Mu, notándose la diferencia de estaturas en ambos. Dohko, solo dejo sus esmeraldas bien puestas en el pelilila, volvió a ver a ese niño temeroso, que llego con él, cuando había perdido a su maestro, y se quedó tan solo e indefenso en este mundo, desde luego lo tomo bajo su protección, guardando el dolor de a ver perdido al amor de su vida, pues no quería entristecer a ese pequeño, evidentemente, ahora se da cuenta que esa criatura ha crecido y es un joven adulto, fuerte, valiente y en cierta forma, le recuerda a su amado Shion y a él mismo.
Su aliento agitado, revela que ha corrido hasta llegar al recinto patriarcal, y desde luego que lo hizo en poco tiempo, pero a pesar de su resistencia, puede causar un leve cansancio a su cuerpo.
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Editado: 06.11.2026