Sigo apostado por ti || Unai Simón

Capítulo 2 - UN ANTES Y UN DESPUÉS

UN ANTES Y UN DESPUÉS

Elena

Hace 12 años

Verano de 2014.

Murgia, Álava (País Vasco)

Sigo mirándolo tras unos minutos en silencio, él me observa y espera paciente a que comience a hablar, no me mete prisa y se lo agradezco.

—Tengo algo que contarte —comienzo a hablar con la voz temblorosa.

—Dime —me anima a seguir mientras posa una de sus manos sobre la mía.

—Es… —suspiro con fuerza porque no sé cómo empezar—. Verás… Yo… Creo que tienes que saber algo que ha pasado —sus ojos no se apartan de mí, teniendo toda su atención—. No quiero hacerte daño, pero… Dios, ¡qué difícil es!

Me echo las manos a la cara e intento tranquilizar a mi corazón acelerado.

—Se trata de tu novia —digo al fin mientras aparto las manos de mi cara y lo miro con cierta timidez, esperando su reacción.

—¿De Clara? —me mira confuso sin entender nada—. ¿Qué tiene que ver Clara?

—Lo que te tengo que contar es sobre ella. Verás yo… He visto algo que creo que deberías saber. Ojalá no tener que ser yo quién te lo cuente, pero prefiero que lo sepas por mí y no por otra persona.

Me callo dejando que el sonido de los grillos resuene por todas partes mientras siento la mirada penetrante de Unai sobre mí.

—Unai… —lo miro y le cojo una de sus manos—, Clara te está engañando —suelto sin darle demasiadas vueltas.

Sus ojos se abren por la sorpresa, niega con la cabeza varias veces como si quisiera borrar las palabras que he dicho, pero no dice nada, solo retira su mano de la mía de forma brusca y se levanta del suelo, como si quisiera alejarse de mí.

—Pero, ¿qué estás diciendo, Elena? —me mira ahora incrédulo por mis palabras—. ¿Se puede saber de dónde has sacado esa burrada absurda?

—Sé lo que te estoy diciendo, créeme lo que te digo, sino lo supiera a ciencia cierta no estaría aquí diciéndotelo —me levanto también para poder verle mejor la cara y ver si necesita algo, ver si está bien.

—No —niega—, es mentira.

—¿Qué está pasando aquí? —la voz estridente e inconfundible de Clara interrumpe la conversación que tenemos.

—Nada que te incumba —respondo seca mientras la veo acercarse y colocarse al lado de Unai.

—Contigo no estoy hablando, mosquita muerta —me responde con una mueca de asco—. ¿Qué ocurre, amorcito? —le pregunta a Unai cambiando a un tono de voz más meloso que me hace tener arcadas.

—Vas a reírte cuando lo escuches —dice seguro y algo divertido—. Elena me acaba de decir que me engañas con otro, ¿te lo puedes creer? —lo miro con el ceño fruncido al ver la forma en la que se está tomando mi confesión.

—Dios, esto sí que es bueno —se ríe Clara—. No te preocupes, amorcito, ya no sabe qué inventar para alejarte de mí. Yo nunca te haría eso —lo agarra por las mejillas y le planta un sonoro beso en los labios, lo que me provoca nauseas.

—No me estoy inventando nada —hablo para defenderme, para no callarme y no le vea la cara de tonto—. Sé lo que vi, a ti y a ese chico morreándoos en el aparcamiento de la iglesia.

—¿No te cansas nunca de meter mierda entre los dos? —me dice la rubia—. Ya te lo dije, Unai, va a hacer todo lo posible para separarnos —le acaricia el brazo para que toda la atención de él esté sobre ella.

—Yo no estoy haciendo eso.

—Pues es lo que parece —sigue hablando mientras Unai guarda silencio—. ¿Tú te crees que no he visto cómo lo miras?

—¿Cómo lo miro? —la miro confusa sin entender lo que quiere decir.

—Oh, vamos, Elena. Todo el mundo sabe que estás celosa de mí —se ríe.

—¿Yo, celosa de ti? —me río yo ahora—. Esta sí que es buena.

—Sí lo estás, porque estás enamorada de él —sentencia y se me borra la sonrisa de un plumazo—. Pero, ¿sabes una cosa? Él nunca te verá de esa forma, sólo te ve como una hermana a la cual tiene que proteger. Eres poca mujer para él y…

—Clara… —la advierte Unai como si quisiera que cerrara la boca.

—Vamos, amorcito, sólo estoy diciendo la verdad, tú mismo lo has dicho cuando te he preguntado, que jamás tendrías algo con ella.

Esta vez miro a Unai y una parte de mí se rompe en ese momento. Las lágrimas comienzan a acumularse en mis ojos, pero me contengo, no puedo dejar que me vean así.

—Mira, yo solo quería decirte lo que he visto…

—Tú no has visto nada, niñata de mierda —se acerca ya furiosa a mí.

—Sé lo que he visto —me mantengo firme.

—Aléjate de él —se planta delante de mí.

—¿O sino qué? —contesto encarándome con ella.

—Te vas a arrepentir —me empuja y trastabillo con mis pies por la sorpresa terminando con el culo en el suelo.

—Pero, ¿qué coño haces? —comienzo a alzar la voz mientras me levanto frotándome el culo por el golpe—. ¿Te preocupa que te haya descubierto y todo tu plan se vaya a la mierda?

—¡Me estoy cansando ya de ti! —me grita—. Eres una zorra que solo quiere levantarme el novio y estoy cansada de ver cómo todo el rato te le insinúas y quieres quedártelo para ti.

—¿Qué tú te estás cansando? ¡Mira, vete a la mierda! Ya me he cansado de ti, de tus desplantes, de tus caras de asco, de tus comentarios hirientes, de tu egocentrismo… —cada vez me voy acercándome más a ella—. Estoy cansada de que me trates como la mierda, cuando aquí la única mierda que hay eres tú —esta vez soy yo la que la empujo a ella.

Unai se acerca a las dos y la coge de la cintura para sujetarla con fuerza mientras mira que esté bien.

—Estoy cansada de tus insultos, de tus provocaciones y de tratar a mi familia con desprecio. Y aquí la única zorra eres tú.

—¡EH! —grita Unai mirándome con una mirada que jamás me había dedicado, con unos ojos furiosos—. Te estás pasando, Elena. Aquí nadie te ha insultado.

—¿Me estás vacilando? —le digo incrédula y con el corazón más destrozado a cada momento—. Mira, paso de todo ya. Yo ya te he dicho lo que tenía que decirte. Ella te ha engañado, la he visto enrollándose con otro y…




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