MIRADA ABRASADORA
Elena
Hace 8 años
Septiembre de 2018.
Murgia, Álava (País Vasco)
La música se escucha de fondo mientras termino de arreglarme. Son las fiestas del pueblo y hace un par de años que no vengo. Prefería no venir y así no encontrármelo, pero este año como está liado con los partidos con el primer equipo, puedo volver a disfrutar de una de las semanas más especiales del año.
Cuando estoy lista salgo de casa de mis abuelos y camino hacia la plaza del pueblo. Hoy quiero disfrutar y pasármelo bien. Al llegar busco entre la gente hasta que encuentro a Irati y voy hacia ella.
—Hola, preciosa —saludo al llegar hasta allí y le doy un abrazo.
—Hola —me responde con una sonrisa—, me alegro de que hayas venido —me dice sincera.
—Tenía ganas de volver.
—¿Quieres algo para tomar? Podemos ir a la barra a por una bebida.
—Claro.
Nos pedimos unas bebidas en la barra y comenzamos a hablar de todo y de nada a la vez. Las sonrisas, las bromas y las confidencias surgen con facilidad. Echaba de menos estos ratos con mi mejor amiga.
Después de tomarnos algo salimos a bailar, mientras el DJ pone una canción tras otra. Iker aparece de la nada y comienza a darle besos por todas partes a mi amiga.
—¡Por Dios, iros a un hotel! —alzo la voz para que me escuchen con la música.
—Yo no tengo culpa de que tengas envidia —me responde Iker divertido.
Yo niego con la cabeza y al mirar hacia mi derecha me encuentro con unos ojos mirándome. Suspiro con fuerza al ver quiénes son y aparto la mirada rápidamente. Son mis antiguas amigas, aquellas que creía que me querían y que estarían conmigo para toda la vida. Pero no fue así, después de la pelea con Unai, todos se pusieron de parte de él. Aunque bueno más bien fue Clara quién puso a todos en mi contra y ahora soy objeto de burlas, cuchicheos y miradas. Al principio me dolió, pero ahora ya me da igual, solo los ignoro. Me di cuenta de quiénes eran las personas a las que realmente le importaba y las que no formaban parte de ese grupo no les dedicaba ni 30 segundos de mis pensamientos.
De ese grupo solo se quedó Irati y era la persona más indicada para alejarse de mí. Pero nuestra amistad era y es mucho más fuerte que mi pelea con su cuñado y aquí sigue, a pie de cañón conmigo.
Vuelvo a mirar a la parejita, que no hacen más que darse mimos, hasta que unos murmullos llaman mi atención. Siento como muchas más miradas se posan sobre mi persona y no entiendo nada. Miro hacia todas partes hasta que encuentro lo que ha llamado tanto la atención a la gente.
Entrando por la plaza están Clara y Unai cogidos de la mano. El corazón se me acelera al verlos. ¿No se supone que no iba a venir? ¿Qué coño hace aquí?
Miro a Irati y ella me mira con culpa.
—Elena, lo siento, no lo sabía —se disculpa mientras me abraza de lado.
—Intenta pasar de ellos y diviértete —me dice Iker preocupado al mirarme.
Me doy la vuelta porque no quiero verlos. Ahora mismo me estoy arrepintiendo de haber venido. Tenía que haberme quedado en casa. ¿En qué pensaba? ¿Cómo he podido pensar que no iba a venir? ¡Qué estúpida he sido!
Me alejo de ellos y voy en busca de mi familia, que está en uno de los lados de la barra. Charlo con ellos e intento olvidar lo que hay a mi alrededor, aunque las miradas que me echan mis padres y mis abuelos no ayudan nada.
Me giro para ir a buscar otra bebida, ya que creo que va a ser lo único que me va a ayudar a superar esta noche, pero un cuerpo se topa con el mío.
—Lo siento, no te he visto —me disculpo y alzo la mirada para ver con quién me he chocado.
Me quedo paralizada en cuanto me encuentro con su mirada.
—Elena —me dice sorprendido mientras siento como traga saliva y sus ojos me recorren de arriba abajo.
Me quedo unos segundos paralizada mientras lo observo. Ha cambiado mucho desde la última vez que lo vi, mucho más mayor, más guapo…
Nos quedamos mirándonos a los ojos, pero salgo de la burbuja en la que nos hemos quedado y opto por mirar a la gente que nos rodea. Error de novata porque todo el mundo nos está observando, pendientes de nuestras reacciones, de nuestras palabras…
Lo vuelvo a mirar durante un segundo y veo en su mirada, en su cara, sus ganas de decirme algo, pero no le dejo. Doy un rodeo a su cuerpo y me alejo de él, rozando sin querer su mano con la mía, erizando todo mi cuerpo con ese pequeño contacto.
Voy dirección hasta la salida casi corriendo, pero un cuerpo se pone frente a mí, impidiendo que siga avanzado y teniendo que parar bruscamente para no chocar de nuevo.
—Vaya, vaya… Pero mira quién tenemos aquí —oigo la voz insufrible de Clara—. Pero si es la zorra que se enamora de los tíos con novia —me dice con desprecio.
La miro alzando una ceja y ni pierdo el tiempo con ella, no se merece ni que la conteste. Rodeo su cuerpo también y sigo con mi camino.
—¡Qué patética es! —la oigo decir mientras se ríe con sus amigas, con las que eran mis amigas.
Sigo caminando sin mirar hacia atrás hasta que estoy lejos de todas las miradas. Entonces puedo respirar por fin. Me apoyo en la pared del edificio al que he venido a esconderme e intento controlar mis respiraciones.
No puedo dejar que me afecte, ni las palabras de ella, ni la presencia de él. No puedo dejar que me derrumben de nuevo. Tengo que ser fuerte.
El sonido de mi móvil me devuelve a la realidad. Lo saco de mi bolsillo y lo enciendo viendo que me ha llegado un mensaje.
“En diez minutos estoy allí. ¿Dónde estás? ¿Quiero verte?"
Leer ese mensaje me alivia. Le contesto rápidamente y espero con impaciencia a que esos diez minutos pasen.
***