ESTÚPIDA PROMESA
Elena
Hace 8 años
20 de Agosto de 2018.
Bilbao, Vizcaya (País Vasco)
Camino entre la gente como puedo, la marea de aficionados que se dirigen al estadio cada vez es mayor. Sé que voy con el tiempo justo, pero no me importan. Si llego tarde tampoco pasará nada. Sería una señal del destino.
Ni siquiera aún sé que narices estoy haciendo, ni qué hago aquí. ¿Qué necesidad tengo de estar aquí? Después de todo lo que pasó, de lo que me costó volver a ser yo… No se lo merece, pero esa estúpida promesa que nos hicimos…
Lo que tengo muy claro y ya lo dejé claro a su familia cuando me invitaron, es que no pienso verlo, no voy a dejar que se acerque a mí. No lo soportaría.
Consigo llegar hasta una de las puertas y entrego la entrada a uno de los miembros del staff. En cuanto comprueban mi entrada me dejan pasar y voy en busca de mi asiento.
Al llegar a mi grada me encuentro a todo el mundo allí, a sus abuelos, a sus padres y a sus hermanos. Una sonrisa sincera se me dibuja al verlos tan felices. Hoy es un día muy importante, ese que llevan tanto tiempo esperando que ocurra.
—¡Elena! —oigo una voz familiar que me grita.
No me da tiempo a decir nada cuando siento cómo un cuerpo choca contra el mío y unos brazos me estrujan emocionados.
—Has venido —me dice Irati, mi mejor amiga mientras me suelta.
—Sí —consigo decir mientras recupero el aire.
—Me alegro de que estés aquí —me dice Iker, el hermano de Unai, mientras agarra de la cintura a Irati y me mira sonriendo.
—Ya… Bueno… Insististeis tanto que…
—Ven, vamos con los demás —Irati me coje del brazo y me arrastra hacia donde está la familia de él.
Los saludo a todos con un abrazo. Las sonrisas de todos son sinceras y comienzo a relajarme, al sentir que aún era bien recibida entre ellos.
Después de la discusión que tuvimos hace cuatro años nada ha sido como era. La relación con su familia se enfrío, me dolió, pero lo entendí. Ellos estaban del lado de su hijo y lo priorizarían siempre. Para ellos, yo era quién había roto todo. Pero lo que más me dolió era ver que había afectado a nuestras familias y que se juntaban menos que antes. Aunque nuestros abuelos eran los únicos que no habían cambiado nada, supongo que ellos ven las cosas de diferente forma. Eso o esperan que algún día todo se solucione. Quien sabe, a veces no entiendo esa forma suya de hablar con tantas incógnitas.
—¿Qué tal fue tu graduación, cariño? —me dice su abuela, Uxue.
—Fue muy bien —respondo con una sonrisa. Es sin duda, de toda la familia que no ha cambiado su forma de tratarme en ningún momento.
—Tus padres estarán muy orgullos —me acaricia la mejilla y yo solo asiento con cuidado.
—Bueno cariño, cuando tengamos algún hijo —comienza Iker a decirle a Irati con una sonrisa amplia—, ya sabemos qué maestra queremos que los enseñe. Les dará dieces en todo —me guiña un ojo.
—Tendrán que ganárselos —respondo con una sonrisa mientras Irati, divertida, deposita un beso en su mejilla. Me encanta verlos así de felices y enamorados.
En el mes de junio había acabado la carrera y por fin podía decir que soy maestra. Mi sueño desde que era muy pequeña, estar rodeada de niños y niñas y poder enseñarles tantas cosas que los ayudarán a convertirse en unos adultos increíbles.
Ojalá él hubiera cumplido su parte de la promesa y hubiera estado allí.
***
La conversación fluye sin ningún inconveniente durante todo el rato que llevo en el estadio. El momento se acerca, por lo que nos movemos en dirección a nuestros asientos, cuando veo que las familias de los otros jugadores también están aquí, los nervios vuelven a aparecer y comienzo a sentir que me mareo.
—¿Te encuentras bien, Elena? —me pregunta Irati preocupada.
—No —respondo cogiendo aire otra vez—. ¿Estos son nuestros sitios? —pregunto mientras miro a mi alrededor, sintiendo que me tiemblan las piernas.
—Sí —me responde sin entender qué me ocurre.
—¿Con el resto de las familias? —vuelvo a preguntar.
—Sí, claro. Las familias de todos los jugadores se sientan en el mismo sitio.
—¿Entonces ellos saben dónde os sentáis? —ante la posible afirmación mi corazón empieza a latir con fuerza.
—Sí, ¿qué problema hay…? —se calla cuando lo entiende todo.
—No puedo…, no puedo quedarme aquí —la voz comienza a entrecortarse de la angustia.
—Elena… —me mira con compasión mientras me acaricia el brazo.
Me alejo de ella y salgo de las gradas.
—¿A dónde vas? —me pregunta Iker cortando mi camino al ver lo apresurada que voy en dirección a la salida.
—Tengo que salir de aquí. No puedo estar aquí. Venir ha sido un error. Él no puede verme…
—Y no lo hará —me dice mientras me rodea con sus brazos y me da un abrazo fuerte cuando siente que estoy a punto de romperme.
—Si me quedo aquí sí —le digo.
—Viniste por algo, ¿verdad? —me sigue hablando ahora separándose de mí para que lo mire a los ojos. Yo solo asiento ante su pregunta—. Bien, pues quédate. ¿Qué es lo que necesitas? ¿Cómo puedo ayudarte?
—Yo… —miro a todas partes y mi mirada se queda parada cuando entreveo una cabellera rubia.
Observo como habla con unas y otras personas y la furia comienza a invadirme. Ella… Por ella pasó todo.
—No me dijiste que ella vendría —le recrimino a Irati.
—Lo siento —se disculpa—, pero sabía que si te decía que estaría no ibas a venir. Y tenías que estar aquí —intenta acercarse, pero doy unos pasos atrás. Ahora mismo no quiero que nadie me toque, solo quiero salir de aquí.
¿Por qué habré venido?
—Búscame otro sitio —le digo a Iker—, o si no me marcharé.
Él asiente y se va a algún lugar, supongo que a hablar con alguien para que me de otro sitio en el que sentarme. Me giro de espaldas porque no quiero que me vea y espero con el corazón en un puño.