Sigo apostado por ti || Unai Simón

Capítulo 11 - LOCO POR ELLA

LOCO POR ELLA

Unai

Hace 2 años

22 de Julio de 2024.

Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, Santander (Cantabria)

Suspiro con fuerza mientras la cabeza me da vueltas y vueltas. No sé si he hecho bien en decidir venir solo, pero no quiero que nadie de mi familia esté aquí. Porque si sale mal… No quiero que vean cómo me hundo, ni ver cómo se compadecen de mí.

Ni siquiera está Clara aquí. No se lo propuse y ella tampoco se ofreció a acompañarme, aunque la verdad casi que lo prefiero. Últimamente no hacemos más que discutir, sobre todo desde la celebración de la eurocopa en Madrid. Desde el momento en el que defendí a Elena me trata con una frialdad casi inhumana. Entiendo que pueda estar enfadada o que sienta que la he traicionado, pero hizo mal las cosas y no puedo defender su comportamiento.

Así que aquí estoy solo, listo para la operación que puede cambiar mi vida completamente.

Unos pasos interrumpen el silencio de un hospital, haciendo que levante la cabeza de mis manos y observo a la persona que se acerca.

Me levanto con rapidez en cuanto la veo dirigirse a mí, provocándome un vuelco al corazón. ¿Qué hace aquí? ¿Cómo sabía que estaría aquí? Un sinfín de preguntas me asaltan, pero lo único que puedo hacer es acortar la distancia que nos separa.

—¿Qué haces aquí? —pregunto de forma brusca en cuanto la alcanzo y la miro fijamente, cerciorándome de que está aquí y que no es producto de mi imaginación. Jamás pensé que la vería.

—Hola, ¿qué tal estás? Yo bien, ¿y tú? —me dice burlándose por mi impaciencia y siento un poco de vergüenza.

—Hola —correspondo ahora a su saludo y no puedo evitarlo, pero de forma inconsciente o simplemente porque necesito tocarla, sentirla, coloco un mechón de su pelo rebelde que está entorpeciendo su cara detrás de su oreja. Sentir su piel me provoca un pequeño cosquilleo por todo el cuerpo—, ¿cómo…? —intento buscar una explicación a su presencia aquí, pero no lo consigo, solo la miro de arriba abajo, cómo si su cuerpo tuviera la respuesta a mis preguntas.

—¿Cómo qué? —me insta a seguir hablando y una sonrisa se dibuja en su rostro, una sonrisa que hacía mucho tiempo que no me dedicaba, estrujándome el corazón con ese simple gesto. La echaba tanto de menos…

—¿Qué haces aquí? ¿Cómo sabías que estaba aquí? ¿Por qué estás aquí?... —la acribillo a preguntas necesitando con urgencia saber por qué está aquí, si ha venido por mí.

—Para, para, de una en una —me pide riéndose.

—Lo siento —me disculpo—, es que no me esperaba verte aquí —cojo aire y lo suelto mientras me alejo de ella, apoyándome en la pared que tenemos al lado. Necesito un poco de aire para poder pensar.

—Lo sé. ¿Pensaste que no sabría que estarías aquí en mi ciudad? —me pregunta cómo si fuera lo más obvio y la verdad es que tiene razón. Voy a operarme en su ciudad, seguramente alguien de mi familia se lo habrá dicho. La miro con una sonrisa ante la perspectiva de que haya podido venir para estar conmigo.

—Bueno, Unai, ha llegado la hora de la operación —la voz de mi médico nos interrumpe y los dos nos giramos para mirarlo.

—Hola, tío —lo saluda Elena y le da un abrazo. ¿De qué lo conoce? ¿Lo ha llamado tío? ¿Qué…?

—Hola, sobrina —le sonríe mi médico—. Pensé que no llegarías a tiempo.

—He tenido algún contratiempo, pero aquí estoy —no estoy entendiendo nada ahora mismo.

—¿Sobrina? —digo en voz alta mientras intento aclarar lo que está pasando y los miro a los dos—. ¿Eres la sobrina de mi médico? —la pregunto directamente.

—Así es —es mi médico quién responde a mi pregunta—, está preciosura de mujer es mi sobrina —me mira a los ojos cambiando el rostro divertido por uno serio—. Más te vale que la cuides bien —trago salivo ante su amenaza implícita en sus palabras.

—¡Tío! —le medio grita Elena escandalizada por lo que acaba de decir—. No le hagas caso —me dice ahora a mí, pero no puedo olvidarlo, no cuándo sé que no la he estado cuidado bien desde hace muchos años—. Ahora ya sabes cómo sabía dónde encontrarte —vuelve a sonreírme, pero no puedo devolvérsela, no cuando las imágenes de aquella noche vuelven a mi cabeza, en cómo la traté, en cómo sus ojos estaban empañados de lágrimas por mi culpa…

—Me encanta esta charla, pero es hora de que te prepares —me dice su tío y yo asiento porque sé que ha llegado el momento—. Cariño, tendrás que quedarte aquí, no podrás acompañarlo.

Ella asiente y yo no puedo dejar de mirarla. Está tan guapa… ¿Desde cuándo es tan guapa? Solo sé que desde que la he visto en la final la veo muy distinta.

Su tío se aleja dejándonos un tiempo para los dos solos y yo no los voy a desaprovechar. Vuelvo a fijar mi atención en ella y veo cómo se acerca a mí.

—Tranquilo, todo irá bien —me dice apoyando una de sus manos sobre mi brazo. Un gesto sencillo, pero que para mí significa mucho. Ante su tacto mis nervios por la operación desaparecen, pero en cambio, aparecen otros relacionados con lo que me provoca tenerla tan cerca de mí. ¿Qué me está pasando?

—Sí —consigo decir en voz baja y acercándome más por instinto, sin dejar que pase ni siquiera el aire entre los dos—. Sé que irá bien, tiene que ir bien —pienso en voz alta, rezando porque la operación vaya bien.

—Estaré aquí esperando cuando salgas —me dice y alzo la mirada sorprendido por sus palabras. ¿Va a quedarse a esperar? ¿Por qué? Debería estar en su casa pasando de mí.

—¿Te quedarás? —alzo mi mano y acaricio con mis dedos su mejilla, sin poder aún creerme que esté aquí conmigo. No me lo merezco, pero saber que estará aquí… Me llena de paz, es cómo si todo lo que vaya a venir será bueno porque ella está aquí y si está ella, sé que nada malo pasará.




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