Sigo apostado por ti || Unai Simón

Capítulo 8 - REDENCIÓN

REDENCIÓN

Elena

Hace 2 años

14 de Julio de 2024.

Estadio Olímpico, Berlín (Alemania)

Sus dedos siguen tocando los míos mientras sigue buscando con la mirada una respuesta. Contengo la respiración ante su tacto y sólo escucho el latido frenético de mi corazón.

—¿Qué haces aquí? —vuelve a preguntar casi en un susurro, para que solo lo escuchemos los dos.

—Yo… —la voz me tiembla y tengo que carraspear un poco para que se me entienda—. Es la final y yo…

—¿Tú? —me insiste mientras me coge una de mis manos entre la suya.

—Yo… —vuelve a titubear al sentir su mano con la mía y niego con la cabeza. No puedo permitir que me vea así, porque es tenerlo delante, tocarlo y no soy capaz de ni de formular una frase coherente—. Te hice una promesa —consigo decir y lo miro esperando a ver su reacción.

—¿Una promesa? —lo noto que comienza a pensar, intentado recordar—. La promesa que nos hicimos de pequeños —dice en un susurro cuando por fin lo recuerda. Yo solo asiento—. Has venido a ver la final.

—Sí —respondo poniéndome nerviosa por todo el tiempo que lleva tan cerca de mí y sin soltar mi mano—, tenía que estar en la final, ¿recuerdas? En todos nuestros sueños…

—Estaremos allí para el otro —termina por mí—. ¿Has venido solo para la final o…?

—He visto todos los partidos —respondo con rapidez sin ser capaz de mantenerle la mirada.

—¿Todos? —me dice sorprendido y yo solo asiento—. No te he visto en ninguno.

—Lo sé —dibujo una pequeña sonrisa—, no he dejado que me vieras.

—¿Me has estado esquivando, Elena? —pregunta entre divertido e incrédulo

—Sí.

—¿Por qué? —vuelve a bajar su tono de voz.

—¿En serio lo preguntas? —alzo las cejas y comienzo a mirar a mi alrededor, siendo consciente de nuevo de la cantidad de gente que hay a nuestro lado.

—Tienes razón —susurra al darse cuenta de que comienzo a estar incómoda—. No ha sido una buena pregunta y es mejor que lo hablemos en otra parte —mira a ambos lados cerciorándose de que nadie está escuchando nuestra conversación.

—No tenemos nada de qué hablar —sentencio mientras doy un paso atrás, buscando un poco de espacio para poder respirar y pensar con claridad.

—Elena…

—No.

—Está bien —alza las manos rindiéndose—, pero sólo por ahora —sigue hablando—. Anda, vamos.

—¿Ir a dónde? —pregunto cuando veo que se gira para bajar las escaleras.

—Al campo, ¿a dónde sino? —me mira divertido.

—No pienso bajar ahí abajo —le digo dando media vuelta y empezando a subir las escaleras para salir de las gradas.

—De eso nada —le oigo tras mi espalda y después tira de mi mano para que lo siga, chocando contra su cuerpo por la inercia de su acción y quedando muy juntos—, tú te vienes conmigo abajo. Estás aquí y no te vas a quedar sin celebrar el triunfo con la familia y conmigo —susurra esa última palabra y yo cada vez estoy más nerviosa, por ese “conmigo”, por tenerlo tan cerca de mí…

—Unai…

—No admito réplicas —me dice y coge de mi mano, tirando de mí y llevándome arrastras hasta el campo.

Al llegar a la vaya la salta y se gira para tenderme sus manos y ayudarme. Me subo a la vaya, me siento y me agarro a sus manos para bajar. Él se queda todo el rato pendiente de mí, por si necesito su ayuda. Cuando estoy junto a él vuelve a coger de mi mano y me lleva hasta su familia.

Ane me ve y corre hacía mí, yo me agacho y la alzo en brazos, abrazándola. Me empieza a contar historietas varias y yo solo la puedo escuchar mientras me río por sus ocurrencias. Unai a mi lado, no deja de mirarnos y de sonreír.

—Elena, cariño —me llama su madre—, ven a hacerte unas fotos con nosotros —niego con la cabeza, pero Unai me empuja en su dirección y no tengo escapatoria.

Me coloco al lado de Irati con Ane en brazos y dejo que nos saquen fotos primero a la familia y después se une Unai, colocándose justo a mi lado. Me tenso cuando siento que su brazo pasa por detrás de mí, colocando su mano en mi espalda baja, haciendo que todo mi cuerpo sienta una electricidad y se tense ante su tacto. Acción que estoy completamente segura de que ha notado por cómo siento que me mira de reojo mientras sonríe hacia la cámara.

Al otro lado de él se encuentra Clara, que me fulmina con la mirada y me pone cara de asco. No ha quitado esa cara desde que me ha visto acercarme con Unai.

***

No me separo de Irati durante la celebración en el campo. La sonrisa se me escapa todo el tiempo al verlo tan feliz con su medalla y hablando con todos sus compañeros.

—No te quita la mirada de encima —me dice Irati al oído.

—¿Quién? —pregunto sin entenderla girando mi cara para mirarla.

—Quién va a ser —me dice mientras señala con la cabeza a Unai, que justo en ese momento nos está mirando y sonríe en nuestra dirección—. No ha dejado de mirarte desde que te ha traído al campo —me sigue explicando—, y no deja de sonreír cuando te está mirando —me ruborizo ante sus palabras, apartando rápidamente la mirada de él y niego con la cabeza, porque sé que no está diciendo la verdad.

—Está sonriendo todo el rato —le digo lo obvio cuando lo observo otra vez y está riendo con su hermano.

—Sí, cierto —me dice mientras se gira para mirarme—, pero cuando te mira a ti su sonrisa es mucho más amplia y le brillan los ojos.

—Solo dices tonterías —le digo quitando importancia a sus palabras, ruborizándome y poniéndome de repente nerviosa.

—No —me dice seria—, solo digo lo que veo y la verdad. Está muy feliz de verte aquí. Le hace muy bien —sonríe.

—Ya —suspiro con fuerza—, pero no se lo merece.

—Lo sé —me abraza de lado y nos quedamos un rato viendo a la familia en silencio.




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